Desdichas del clima

En la 15ª conferencia de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos, la ONU espera que casi 200 países firmen un nuevo tratado internacional de reglas medio ambientales que reemplacen al Protocolo de Kyoto, que expira en 2012. Sylvina Walger
Este lunes, se abrirá en Copenhague, Dinamarca, la 15ª conferencia de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos. En esta COP 15, como la llaman, la ONU espera lograr que casi 200 países firmen un nuevo tratado internacional, destinado a suceder al Protocolo de Kyoto que expira en 2012. Es decir, que logren definir conjuntamente las reglas medioambientales que sucederán a Kyoto.

El optimismo no es lo que reina entre las delegaciones. Todos coinciden en que hay demasiados intereses divergentes. La crisis económica aún vive y la opinión pública parece no estar lista para que le digan cosas que no le interesan mayormente. Las ONG sostienen que para que esta cumbre tenga éxito deberá prever objetivos que obliguen a reducir las emisiones de gases del efecto invernadero en el orden de un 40% desde ahora y hasta 2020.

Las conclusiones de este encuentro no tendrán un valor vinculante –cosa que sí tiene Kyoto–, pero se espera que funcione como un primer paso para la reunión el año que viene.

Adoptado en 1997 por los países signatarios de la Convención sobre los Cambios Climáticos de 1992, el Protocolo de Kyoto es el instrumento más importante destinado luchar contra los cambios climáticos. El protocolo entró en vigor en 2005 y fue ratificado por 184 países –no por Estados Unidos– y contiene objetivos que limitan y cuantifican la reducción de los gases del efecto invernadero.

En 2007, El Grupo Intergubernamental sobre la Evolución del Clima, (GIEC) dependiente de la ONU e integrado por científicos del mundo entero, dio a conocer su cuarto informe. Alarmante: los científicos advertían sobre las consecuencias irreversibles del calentamiento en curso. El informe agregaba que este calentamiento es inequívoco y muy probablemente de origen humano. Por lo que recomendaba que los países desarrollados redujeran sus emisiones de gas del efecto invernadero del 25% al 40% entre 2007 y 2020.

Ese mismo año, Al Gore y los científicos del GIEC ganaron el Premio Nobel de la Paz.

Ocurre que los países industrializados son considerados por los países emergentes como los responsables históricos del cambio climático. Brasil, China, India y África del Sur sostienen que ellos no comenzaron la destrucción del planeta y no conocieron la revolución industrial, por tanto no suscribirán el futuro tratado y rechazan limitar sus emisiones tal como lo aconseja el GIEC.

Mientras Martine Aubry, primera secretaria del Partido Socialista francés, declaraba que "nuestra mayor responsabilidad es saber conciliar el compromiso con e l medio ambiente y el combate por la justicia social", Estados Unidos y China –los dos países más contaminantes del planeta– ponían en conocimiento del mundo que no podrían llegar a un acuerdo sobre reducciones de gases de efecto invernadero en la reunión de Copenhague. Pero el encuentro que mantuvieron en noviembre, Obama y el presidente chino, Hu Jintao, pareciera haber ablandado posiciones.

Obama se hará presente en la cumbre el último día –previo paso por Oslo para recibir el Nobel de la Paz–, participará de las conclusiones y de la ceremonia de clausura. Su asistencia, según los organizadores, es la prueba de que tiene algo para negociar. Hasta ahora no sólo le ha tocado lidiar con China sino también con sus compatriotas del Congreso, para quienes las emisiones están directamente relacionadas con negocios multimillonarios.

El fracaso de este encuentro sería una muy mala noticia. Los efectos del recalentamiento atmosférico se medirán en hambrunas en amplias regiones del globo en los próximos años, como está advirtiendo en estos días la FAO. Las aguas seguirán reduciendo el tamaño de Bangladesh con una superficie importante que ya está bajo las aguas. Los ríos de la cuenca amazónica –el pulmón del planeta, y Brasil es el cuarto emisor mundial de gases– continuarán secándose y Estados Unidos conocerá sequías peores que la que azotó a Texas este verano.

Los prolegómenos de la cumbre de Copenhague se vieron, en estas últimas semanas, sacudidos por lo que ya se conoce como el "climagate " y que sostiene que el cambio climático no sería más que una conspiración tramada por un grupo de científicos. La información provino de un grupo de hackers que colgó en la web miles de correos electrónicos que durante diez años intercambiaron investigadores del prestigioso Centro de Investigación del Clima (CUR), de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido.

Quien quedó más comprometido fue Phil Jones, director del CUR, que en uno de sus mails habla de ocultar datos. Jones dimitió en estos días y seguirá fuera del cargo mientras dure la investigación sobre su trabajo, según un comunicado de la universidad.

Visto así parece la obra de un grupo de paranoicos; no se sabe bien qué ganarían si se impusieran sus teorías, a esta altura conocidas como "negacionistas". Aunque no deja de llamar la atención que todo haya ocurrido en vísperas de la reunión de Copenhague. Se trata de escépticos interesados en demostrar que el cambio climático no es causa de la actividad humana. Ellos opinan que se ha engañado a la opinión pública al no explicarle que en los últimos 11 años no ha habido calentamiento.

La comunidad científica se puso de parte de los propietarios de los correos electrónicos, luego de explicar que en una década es fácil cambiar de opinión. Pero el caso no deja de sobrevolar Copenhague. La pregunta que está en el aire es qué ocurre si el calentamiento es falso, si la mano del hombre no tiene nada que ver. ¿Para qué se gastará el mundo miles de millones en cambiar todo el sistema energético?.

El otro tema que preocupa, sobre todo a los daneses, es si la cumbre puede desbordarse. Las autoridades temen desmadres en una capital reputada por su calma y el buen humor de sus habitantes. Entre 15 y 30 mil personas son esperadas en el Bella Center, el lugar de las negociaciones. Entre ellos, los negociadores de 190 países, el personal de las agencias de la ONU, las delegaciones de las ONG y los 3 mil periodistas acreditados. Sin contar los participantes venidos para la contra cumbre de la sociedad civil, el Klimaforum09; mucha gente para una ciudad que no llega al millón y medio de habitantes.

Los globalifóbicos ya llegaron. Grupos de acción directa como Climate Justice Action o Reclaim Power han advertido que si las negociaciones fracasan llamarán a todo tipo de actos de desobediencia civil. Por ejemplo, bloquear el puerto de Copenhague. También serán de la partida los militantes que bloquearon la cumbre de la OMC, en Seattle, en 1999. Si bien hoy se consideran adultos, esto no es obstáculo para seguir y multiplicar sus acciones, como lo afirma la periodista y militante Naomi Klein, autora de No logo y referencia principal del altermundialismo.

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