Desde el aire, el humo delata el descontrol

LA GACETAsobrevoló en helicóptero la provincia y observó las densas humaredas que se elevan desde los campos de caña. Nuestro diario acompañó uno de los operativos que realiza la Secretaría de Medio Ambiente. La práctica no se detiene a pesar de las denuncias y de las sanciones.
Es como si el cielo tuviera un techo. A poco más de 300 metros de altura, el helicóptero atraviesa una especie de sábana de humo gris, similar a la niebla, que impide ver el celeste del firmamento y que, en algunos casos, reduce la visibilidad a unos escasos dos kilómetros. Ese techo parece tener columnas que lo sostienen. Son las humaredas que se elevan desde los campos en los que arde el fuego. La altura permite percibir la real magnitud del problema que constituye la quema de rastrojo y de caña en fincas de toda la provincia. Durante un vuelo que duró sólo dos horas, fueron detectados 27 focos de incendios.

Poco antes de las 14.30, el helicóptero de la Provincia despegó del aeropuerto Benjamín Matienzo. En el interior viajaban el piloto, Carlos Pacheco, el secretario de Medio Ambiente de la Provincia, Alfredo Montalván, el director de Defensa Civil provincial, Fernando Torres, y un cronista y un fotógrafo de LA GACETA.

El objetivo del vuelo fue detectar focos de incendios en los campos. Sentado junto al piloto, Torres tomaba las coordenadas de las fincas donde había fuego con un equipo de GPS y se las pasaba a Montalván. Este, por medio de mensajes de texto, les avisaba a las patrullas que estaban en tierra hacia dónde debían dirigirse. Estos grupos, integrados por personal de Medio Ambiente, de Fiscalización Ambiental y de la Policía Ecológica, constataban la situación, labraban el acta de infracción y recababan los datos necesarios para elevar las actuaciones a la Justicia.

Columnas oscuras

Ni bien el helicóptero comenzó a elevarse fue posible advertir densas columnas de humo en los alrededores del aeropuerto. Incluso, una de las más espesas salía de una finca que está a pocos metros de la pista. En aquel lugar ya había una dotación de bomberos trabajando. El recorrido comenzó por la zona de La Florida. Entre esa localidad y en Los Ralos se pudo observar al menos seis grandes incendios. Todos eran de rastrojo de caña.

Desde el cielo, la llanura tucumana aparece parcelada en cientos de lotes de distintos colores. Los verdes son los que tienen caña en pie. Los marrones claros, aquellos que están cubiertos por rastrojo. Las fincas marrones son las que ya están limpias, y las negras, aquellas en las que el fuego consumió todo lo que había quedado luego de la cosecha. Se veía desde el helicóptero un inmenso terreno en Finca Mayo. "Uno se da cuenta cuando el incendio es accidental o programado. En el primer caso, la línea del fuego es despareja. En el segundo, es muy prolija", dijo Montalván.

En los alrededores de Bella Vista se elevaban hacia el cielo varias columnas de humo blanco. A cuatro kilómetros de la ciudad, un hombre encendía rastrojos. Al advertir el helicóptero, se retiró en una moto.

Hacia el sur, los incendios se sucedían hasta más allá de Aguilares. Muchos de los campos en los que ardía el fuego estaban a poca distancia de la ruta 38 y muy cerca de ciudades como Famaillá, Monteros y Concepción. "Los bomberos tuvieron que intervenir en, por lo menos, 10 incendios. Todas las dotaciones del sur de la provincia están abocadas a luchar contra este problema. Actúan cuando el fuego amenaza viviendas o representa peligro", explicó Torres.

Montalván manifestó que la diferencia entre el fuego del rastrojo y el de la caña en pie es que, en el primer caso, el humo puede reducir la visibilidad de los conductores si el incendio se produce cerca de los caminos. En el segundo, las llamas pueden afectar tendidos eléctricos de alta tensión.

El helicóptero regresó en medio del humo gris que cubre Tucumán, ese techo que todos los años, durante el tiempo de zafra, oculta el firmamento.

Comentá la nota