La desconfianza, un escollo

Por: Ricardo Kirschbaum.

Dos gestos públicos intentan mostrar un cambio de conducta desde el poder.

La convocatoria selectiva de empresarios, ignorando a las entidades que los agrupan y representan, y el precio sostén para el trigo han sido movimientos tácticos de los Kirchner para tratar de reconstruir el diálogo con sectores con los que están enfrentados. Esta decisión política está en sintonía con la necesidad de hacer un lifting para mejorar la imagen del Gobierno, piedra de toque de cualquier emprendimiento político. Ya lo ha dicho Néstor Kirchner en el crispado acto previo a la cena con empresarios en Olivos: como no hubo derrota en las elecciones del 28 de junio, hizo lo que se hizo en el Congreso a panzazo limpio. El objetivo no es llegar al 2011 sino seguir, por lo menos, un período más. Ello no será posible, piensan en Olivos, si no hay cierta cosmética de diálogo con sectores a los que se ha ido apartado por las políticas erradas que se han ensayado desde el poder.

Con los productores del campo hay abierto un abismo que se busca disminuir. Las decisiones parciales, sin embargo, no alcanzan. Quisiera el Gobierno recuperar a los pequeños y medianos productores que fueron empujados a la protesta por el sectarismo político. Y con los empresarios, el aislamiento de los Kirchner era más que evidente. La misma convocatoria a Olivos, que tiene la misma intención divisoria que la política hacia el campo, revela lo que está faltando: que el Gobierno escuche otra versión de la historia mucho más verídica de la que le pintan sus exégetas. La operación lanzada está acorde con un plan que incluye, además, la victimización, la seducción por las vías más diversas y directas, y la agitación burda y maniquea. El principal problema que tiene el Gobierno para esto es la desconfianza que despiertan sus actos.

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