Desconcierto peronista: Kirchner y Reutemann la tienen muy difícil

Por: Julio Blanck

A una semana del cierre de las campañas, Néstor Kirchner la tiene muy complicada en Buenos Aires y el hombre a quien los peronistas esperaban jubilosos como su sucesor natural, Carlos Reutemann, enfrenta complicaciones iguales o peores en Santa Fe. Lo único seguro a esta altura, para Kirchner y para Reutemann, es la zozobra hasta el último minuto. Hay algo más que los dos comparten: la enorme incógnita abierta hacia su futuro político.

Kirchner ya tenía comprometido el 2011, porque la ecuación entre respaldo y rechazo en la opinión pública le da claramente negativa. Es un riesgo insalvable, frente a la hipótesis de un ballottage presidencial. El dato ya lo conocía Kirchner y lo disfrutaban gobernadores y dirigentes peronistas que veían la posibilidad de moderar o directamente sustituir el férreo liderazgo de estos años.

La elección del domingo 28 se presentaba, entonces, como una prueba para determinar cuánto poder era capaz de retener Kirchner de cara al futuro reordenamiento peronista. Y cuánto de ese futuro, y de su propia sucesión, se organizaba alrededor de su voluntad política.

Sin fuerzas ganadoras en Capital, Santa Fe, Córdoba ni Mendoza, Kirchner se proponía a sí mismo ya no como líder nacional del peronismo, sino como el jefe del territorio más importante, consagrado con la fuerza de los votos. Pero las encuestas últimas están poniendo en duda aún ese pretendido dominio territorial.

Algunas mediciones parciales, realizadas hace 48 horas en los grandes centros urbanos del interior de la provincia (Mar del Plata, Bahía Blanca, Tandil) muestran una firme tendencia de los indecisos en favor de Francisco De Narváez.

En el nutrido segundo cordón del GBA la supremacía de Kirchner se mantiene, pero sin la holgura que necesita para compensar pérdidas en otras franjas de la geografía social bonaerense. En algunos de esos distritos De Narváez estaría alcanzando un desempeño sorprendente. Ayer se consignó en Clarín una medición que le proyectaba un 34% de intención de voto en La Matanza. Anoche se conoció un sondeo efectuado en Esteban Echeverría por una consultora cercana al oficialismo: el candidato opositor superaba el 32%.

La idea del empate técnico entre Kirchner y De Narváez está instalada. Es la foto de hoy. Pero si se mira el sentido del movimiento, se ve a uno clavado por debajo de las cifras que se esperaban, mientras el otro registra pequeños pero constantes avances. Desde ya, no hay que dar nada por terminado. Kirchner tiene la suficiente iniciativa y determinación para intentar todas las formas de recuperar iniciativa y ganar la elección.

Reutemann también sufre lo suyo. Cuando en el despuntar de la campaña los sondeos le daban un promedio de 15 puntos de ventaja, volvió a poner en marcha su vieja aspiración presidencial, y hasta planeaba un desembarco en la conducción del Partido Justicialista para después caminar hacia la candidatura. Hoy, todo es diferente.

El gobernador socialista Hermes Binner salió a la cancha en Santa Fe, casi en defensa propia, para sostener al oponente de Reutemann, el senador Rubén Giustiniani. Ahora los socialistas le llevan al peronismo una ventaja formidable en Rosario. El voto chacarero no le alcanzaría a Reutemann para suturar fácilmente esa diferencia. Para colmo, el divorcio con el kirchnerismo le está dando pobre resultado. La lista de Agustín Rossi, que busca reelegirse como diputado, sobrepasa el 10% en intención de voto.

El peso de Binner y la sangría que le provoca Rossi deterioran a Reutemann y favorecen a Kirchner, porque debilitan a su principal rival en el tinglado peronista. Pero Kirchner hoy tiene una enorme dificultad para recoger ese beneficio.

El poder es un sistema de suma cero. Lo que alguien pierda será siempre compensado por otro que gane esa exacta cantidad. ¿Quién va a cosechar el poder que puedan resignar tanto Kirchner como Reutemann?

La respuesta está naturalmente vacante. Pero si la vacancia se prolonga, Kirchner por personalidad y decisión, irá en busca de recuperar ese espacio.

Varios gobernadores acumulan méritos y aspiran a una figuración más brillante en la escena nacional. El sanjuanino Gioja, el chubutense Das Neves, el tucumano Alperovich, son algunos de ellos. Es fácil imaginarlos en el armado del peronismo que viene, pero es más difícil suponer que podrían liderar ese proceso.

En muchos sectores del peronismo se sigue mirando a Daniel Scioli. Algunos ya habían elaborado el discurso de ungirlo como gran ganador de la Provincia, si Kirchner triunfaba por una escasa luz. Según ese razonamiento, el aporte positivo de Scioli para compensar las dificultades de Kirchner explicaría una victoria estrecha. Pero esa explicación, además de anticipada, ahora se demuestra apresurada.

En el peronismo se construye desde el triunfo. A esa máxima no escapa nadie, ni siquiera Scioli. Algunos allegados al gobernador especulan con una diferenciación nítida de Kirchner enseguida después de la elección. Se dice fácil. Habrá que verlo.

El otro que se relame suponiendo que sus planes se cumplen paso a paso es Mauricio Macri. El alcalde porteño le ha dicho a sus amigos: "si ganamos bien en la Capital y empatamos en la Provincia, el día después nadie va a tener más votos que nosotros".

Los números conocidos hasta hoy le permiten sostener ese razonamiento. La candidatura de Gabriela Michetti en Capital y la alianza con De Narváez y Felipe Solá en la Provincia son criaturas políticas suyas.

Macri siempre soñó con que el peronismo vaya a buscarlo a él para ofrecerle la candidatura en 2011. "Van a necesitar un candidato prestado", dijo Macri alguna vez, entre íntimos. En la política todo el mundo tiene derecho a soñar. Al menos, hasta que la fría realidad lo despierte.

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