No descartan posibles desbordes por la epidemia del dengue.

Tras afirmar que la batalla contra la enfermedad habrá que ganarla en las casas, el ministro de Salud Pública Pablo Yedlin, informó que se contabilizan, hasta el momento, un total de 426 casos.

Las condiciones climáticas, la pobreza y la resistencia del mosquito que transmite el dengue, se transforman en factores altamente peligrosos que podrían derivar en una situación aún más perturbadora que la actual. De hecho, el número total de casos de dengue registrados en Tucumán trepó ayer a 426 (hasta el sábado la cifra era de 369), con 40 confirmados y el resto bajo sospecha, según informó a este matutino el ministro de Salud, Pablo Yedlin.

El funcionario, reiteró que "pese a que hay infectados en casi toda la provincia, se está realizando un seguimiento puntual de la epidemia en el departamento de Río Chico (con Aguilares a la cabeza), donde se registraron 253 casos y sigue siendo la zona más delicada"; aunque aclaró que "hay personas infectadas en casi toda la provincia".

Yedlin aseguró que "en Tucumán se viene trabajando fuerte desde enero con el objetivo de no tener muchos casos"; aunque advirtió que "la enfermedad es muy difícil de controlar y no se puede garantizar que no haya desbordes como los que hubo en otras provincias argentinas (como Chaco, Catamarca, Salta o Jujuy)".

El profesional reconoció que la tormenta del pasado sábado generó un nuevo escenario en medio de la epidemia de dengue. "Si se mantiene baja la temperatura, será positivo, porque el mosquito transmisor tendrá menor actividad y por lo tanto habrá menos posibilidades de contagio. Por el contrario, si sale el sol y aumenta la temperatura, puede complicarse bastante, si es que la gente no toma las medidas necesarias y no retira el agua que haya quedado acumulada en los cacharros que tiene en sus viviendas", puntualizó.

Yedlin señaló que "si todos peleamos en las casas como corresponde, le ganaremos esta batalla al dengue. Los criaderos de los mosquitos que transmiten el dengue están en los hogares, esta es una enfermedad que nos acompañará varios años la gente tiene que aprender a convivir con ella y a cuidarse para evitar contagios", subrayó.

Por otro lado, el Ministro destacó que "en los lugares donde se detectó el mayor número de casos, como Aguilares, se abrieron consultorios especiales para la atención de personas que presenten los síntomas del dengue, como ser fiebre, dolores de cabeza y musculares y náuseas, para no resentir la atención en los hospitales. Si este brote se agrava, queremos estar preparados para contenerlo", explicó el funcionario.

Dengue y pobreza

Históricamente se relacionó al dengue con la pobreza y los países subdesarrollados (comenzando con los africanos). Siempre se apuntó a la falta de condiciones socio-sanitarias adecuadas y las deficiencias en el sistema educativo como los principales disparadores de situaciones de epidemias de esa enfermedad, como la que hoy afecta a la Argentina, con más de 6 mil casos y al menos seis víctimas fatales (ver página 5).

Los defensores de esa teoría se apoyan en el hecho de que la enfermedad hoy está presente, con mayor número de infectados, en las provincias más pobres de la Argentina, como son las del Norte (Chaco, Salta, Jujuy, Catamarca y Tucumán).

Sin embargo, muchos profesionales, en las últimas semanas, salieron a desmentir esas afirmaciones, asegurando que nada tiene que ver la pobreza con este tipo de brotes, a los que algunos vincularon más con el cambio climático global y los climas subtropicales como el nuestro.

La doctora Ana María Caniñano, directora del Area Programática Sur del Sistema Provincial de Salud (SIPROSA), afirmó a EL SIGLO que "el dengue no es una enfermedad de la pobreza. Las condiciones socio-sanitarias pueden influir algo, pero no son determinantes. El mosquito del dengue pica a todo el mundo y no discrimina entre clases sociales", explicó la galena.

Para reforzar su postura, la médica tucumana resaltó que "en toda casa, de cualquier condición social, se encuentran cacharros con agua, baldes, piletas y otros depósitos de agua al aire libre donde puede reproducirse el mosquito que transmite la enfermedad (Aedes Aegipti), que prefiere aguas limpias para dejar sus larvas".

Según Caniñano, "más que una cuestión social o sanitaria, el problema pasa por una cuestión cultural. De nada sirve fumigar o reforzar la atención en los hospitales, si todavía hay casas donde hay piletas, floreros y otros elementos con agua donde el mosquito pone sus larvas", precisó.

Prevención

En el mismo sentido, la profesional consideró que "el 70 por ciento del éxito en esta guerra contra el dengue dependerá de la colaboración de la gente, que debe pelear contra el mosquito en sus hogares. La comunidad debe tomar conciencia porque, si no colabora, nuestra labor no sirve.

Tienen que descacharrar sus patios, eliminar o dar vuelta cualquier tipo de recipiente que pueda acumular agua de lluvia, limpiar y guardar las piletas de lona -que ya es tiempo- y quienes tienen piscinas de material tratar de vaciarlas y evitar que se junte agua o, por lo menos, hacerles circular agua una vez por día", agregó.

Por otro lado, Caniñano resaltó que, además de evitar la reproducción del mosquito, la gente debe evitar su picadura.

Si no se consiguen repelentes en plaza, como está sucediendo, hay que buscar otras alternativas, utilizando tabletas, espirales o insecticidas, que sí se encuentran, no mantener las puertas y ventanas abiertas y tratar de utilizar ropa con mangas largas", enumeró.

En cuanto a la función que está cumpliendo el Estado en la situación de emergencia por el brote de dengue, sobre todo en el Sur de la provincia, que es donde se registró el mayor número de casos, la profesional señaló que "se está trabajando intensamente y de manera coordinada entre las áreas de Salud, Educación y los Municipios, para fortalecer principalmente la prevención".

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