Desarrollo Social de la Provincia prevé utilizar $ 250 millones durante 2010

El 80% de los recursos, de origen nacional y provincial, se destinará a la ayuda de personas.
Aunque está encendido el aire acondicionado, el celular de la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Mirkin, no se enfría. La funcionaria corta una llamada y realiza otra. Dos de sus colaboradores están de licencia y un tercero no logra satisfacer su pedido. Mirkin reclama el detalle de cómo funciona la cartera a su cargo. Pautó una charla con LA GACETA, y el cronista espera. Por fin, papel en mano, se relaja un poco -un poco- y arranca el diálogo.

"Antes que nada, ¿qué entiende usted por plan o programa social?", indaga ella, invirtiendo los roles. "Distintos beneficios, que impliquen o no la entrega de dinero por parte del Estado", contesta el entrevistador. "Exacto, porque la gente a veces cree que es sólo plata. Dicen 'no tengo plan', cuando sí reciben otra ayuda", explica la ministra.

Según dice, Desarrollo Social funciona sobre tres columnas: Niñez, Economía Social y Alimentación. "Así podemos destinar los recursos a situaciones que no están previstas en ningún plan. Si hallamos un caso que requiere atención, vemos en qué área cabría y de allí se financia la atención", dice. Y aclara que en el área "Niñez" entra todo lo que implica atención a personas. Allí está incluida la contención en caso de emergencias climáticas; la actuación ante un problema de violencia familiar o contra la mujer, o algún conflicto de adolescentes.

Este Ministerio presupuestó, para 2010, más de $ 247,6 millones. De estos, casi $ 39 millones se destinarán a sueldos, cerca de $ 4 millones a funcionamiento y con poco más de $ 205 millones se cubrirá la atención de personas.

La mayor partida está destinada al Plan Nacional de Seguridad Alimentaria. Contempla más de $ 90 millones. De allí, $ 42 millones se destinarán al plan conocido como Familias Críticas. Por medio de este, 63.000 grupos familiares del Gran San Miguel y de comunas cercanas reciben una tarjeta de débito para comprar alimentos, con entre $ 45 y $ 55 por mes, dependiendo de la cantidad de integrantes. Otras 27.000 familias de localidades alejadas de la aglomeración urbana reciben un módulo alimentario cada dos meses.

Los $ 48 millones restantes se destinan a la alimentación de estudiantes, incluido el yogur probiótico apodado yogurito. De allí también se financian comedores comunitarios. "Estamos cambiando esa modalidad; y hablamos de 'cocinas comunitarias', en donde la gente prepara la comida, pero la lleva a comer a la casa", cuenta Mirkin.

En cuanto a Economía Social, se conformó un consorcio que financia emprendimientos productivos. "Funciona como un banco, pero antes que preocuparnos por la devolución o por los intereses, vemos si ayudará a las familias a salir de su situación crítica", aclara.

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