Desafíos importantes que anticipan un año complicado

Dos indicadores parecieron constituirse en verdaderas baterías contra la simple rutina que siempre amenaza con enfriar cualquier gestión.
Romper una situación que congela y que no genera entusiasmo siempre es bienvenido. Cierto alivio financiero y una estadística sobre la inseguridad impulsaron al gobernador Daniel Scioli a demostrar, recordando cierta terminología menemista, que vamos bien aunque estemos mal.

Por supuesto que todo tiene segundas lecturas. Aquellas que puede hacer el periodismo y que el poder no va a señalar.

Las noticias financieras de los últimos días aclaran sobre ciertas mejoras en la recaudación, con niveles históricos que empatan asimismo los obtenidos por el gobierno nacional. También se remarcó la asistencia financiera de Nación. Una cifra de aproximadamente 200 millones que servirán como pulmotor para la asfixia que mes a mes viven las arcas bonaerenses.

La interpretación política es que tal cual el viejo refrán: "Nunca es tarde cuando la dicha llega". El alineamiento tiene sus gratas consecuencias. No obstante la preocupación se dirige hacia la proporción del costo con respecto al beneficio. Tal cifra aparece como una gota de oasis en el desierto cuando las necesidades arrecian y agregan varios ceros a la derecha. Por caso, si el gobierno hoy otorgara un incremento del 15 por ciento en los salarios (algo que resiste por estas horas) debería ponerse a buscar recursos por seis mil millones adicionales.

La interpretación adicional es también política. La ayuda llega sin necesidad de que Scioli tenga que hacer un mínimo esfuerzo de reclamo. Es tal vez un reconocimiento a los servicios prestados de alineamiento y subordinación.

Pero lejos está Scioli de sus colegas que, eludiendo todo tipo de presiones del kirchnerismo, se animan a condicionar sus apoyos en el Congreso para adherir al polémico Fondo del Bicentenario. Ese fondo que ahora se mira con simpatía para financiar obras públicas, que solucionen problemas de infraestructura y también sociales, creando fuentes de trabajo.

La posible adhesión con manos alzadas en la Cámara de Diputados para avalar una norma clave para la gestión del matrimonio Kirchner la pueden garantizar algunos mandatarios provinciales. Algo que Scioli, hoy por hoy, no puede hacer. Difícilmente correría el riesgo de pedir apoyos donde difícilmente lo tienen como referente. Para colmo de todos, un verdadero primum interpares como el ex presidente de la Nación es quien definirá los tiempos para los representantes bonaerenses que hacen el soporte legislativo del proyecto.

En conclusión, tal asistencia automática de Nación es una pequeña luz en un camino diezmado por las penumbras. Pero a la vez, le ahorra cierta situación de desolación que sufriría si tal ayuda no hubiera existido.

Otro elemento que Scioli tal vez utilizó como bálsamo político ante una realidad ingrata fue la comunicación de estadísticas del delito con "números simpáticos", esto es, una aparente sensible baja con respecto al año anterior. Más allá de que se advierte cierto apuro o ansiedad dado que aún no culminó la temporada y las tendencias se pueden revertir, significó un importante hecho de gestión de coyuntura.

Pero Scioli en este caso es árbitro y parte de los resultados. Por otra parte, si sale con cierta euforia a relucir bajas de delito como producto de gestión, acepta que la seguridad está politizada e invalida la posibilidad de esquivar responsabilidades ante casos emblemáticos policiales. Por otra parte, el relato de una aparente buena noticia no deja de ser una mediación de la realidad interpretada que cede ante la evidencia sinecdóquica de la realidad. Esto es que tan sólo un hecho resonante explique una totalidad y, así, la construcción de la sensación de inseguridad.

Relatar una parcela de la realidad presuntamente favorable en base a una estadística siempre constituye un desafío. Es una información de difícil aprehensión y de más demorada comprensión. Sólo persiguen el intento de mostrar tendencias, más no resultados del cual haya que sentirse orgullosos, porque los delitos, aunque cuantificados en menor medida, existieron. Además, el enunciador, en este caso el mismísimo Scioli, es parte interesada en este asunto, con lo cual merma la credibilidad acerca de cómo deberían interpretarse esos datos.

Falta, en ese caso, el enunciador ocasional o imparcial -con lo cual se exceptúa a intendentes, sean estos oficialistas u opositores- que de cuenta de que esa tendencia es una realidad y que los habitantes de los distritos implicados en el litoral marítimo tienen razones para respirar un poco más aliviados.

Mientras se enuncia una realidad favorable, nuevamente hechos aberrantes de inseguridad sucedidos en Mar del Plata, La Plata y Gran Buenos Aires inundan las pantallas de televisión. En algunos casos se avanzó hacia un esclarecimiento, pero la dimensión de la violencia registrada -como el caso de robo y violación en la localidad balnearia- atenúa toda posibilidad de resaltar alguna virtud de celeridad en las fuerzas de seguridad.

En otro orden, se alimenta la cresta de la ola con el conflicto docente. Tras la frustración de una reunión entre gobierno y gremios -que curiosamente se suspendió porque se creía que se iba a hablar de aumentos salariales- surgió, por un lado, la confirmación oficial de descuentos por días de paro durante 2009 y, por el otro, un fallo del juez Luis Arias que suspende esos efectos por pedido de la organización gremial UDocBA.

En el Frente Gremial -que componen entre otros la FEB y el SUTEBA- alertan sobre el no inicio de clases si no hay una discusión salarial y conclusiones convincentes y proporcionales a las demandas.

Mientras tanto, amenazaron con denunciar al gobierno ante la OIT y ya hablan de instalar una carpa blanca docente, réplica de la que organizara la CTERA durante plena época menemista.

Scioli seguirá jugando su juego, que es el de manifestar gestos de autoridad. Curiosamente los demostrará confirmando que no habrá importantes incrementos en los haberes y que descontará todas las veces que sea necesario. Una dura pulseada que servirá de caso testigo para medir el poder en su verdadera dimensión en una etapa en que ciertos respaldos políticos pueden ser dudosos.

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