El desafío, superar la desconfianza política entre los flamantes socios

El desafío, superar la desconfianza política entre los flamantes socios
Nos caminaron! Yo ya les había advertido: son peronistas". La reflexión partió de un macrista que participó en la organización del encuentro entre Macri, Solá y De Narváez, y aludió a un detalle que, al parecer, se había acordado previo al cónclave: Los tres referentes asistirían solos, sin compañía de la tropa.

Que estuviera José Torello, funcionario porteño y amigo de Macri, era previsible, porque las tres partes habían confiado en él temas operativos de la cumbre. La presencia en soledad de Gustavo Ferri, operador político de De Narváez (y yerno de Eduardo Duhalde), tampoco parecía quebrantar las reglas. Era uno solo, después de todo. La sorpresa (pícara) fue aportada por Solá. Discretos, hablando en voz baja, un poco sobreactuando un supuesto perfil bajo, por el salón Montserrat (ubicado frente al Soldi, donde estaba reunido el terceto) aparecieron: Eduardo Amadeo, Carlos Brown, Jorge Sarghini, Osvaldo Mercuri y Roberto Molleurón (ex ministro de Solá). Los cinco, y no muchos más, integran la mesa chica del peronismo disidente encolumnado con Solá. Y todos ellos, también, continúan estrechamente ligados al ex gobernador bonaerense y ex presidente, Eduardo Duhalde, del que fueron funcionarios.

"Todos querían venir, pero, bueno, nos ajustamos a lo acordado", resumió otro macrista, en relación a la destacada delegación que acompañó a Solá. Ni Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta o Federico Pinedo, por nombrar algunos macristas de peso, aparecieron por el hotel del barrio de Monserrat. "Jorge Macri (el referente bonaerense del PRO y primo de Mauricio) también se mordía por venir, pero cumplió", se lamentó el macrista.

Días atrás, cuando solo faltaba fijar la fecha de la reunión, un referente macrista sonaba feliz por entender que el jefe del PRO, con la convocatoria, había logrado quedar en el centro del ring. "Queremos que Duhalde esté lo más lejos posible", agregó. Ayer, la comitiva de Solá, dejó en claro que el sello Duhalde es imposible de borrar: deben ser contados los dirigentes peronistas, disidentes o kirchneristas, que no hayan tenido o tengan algún lazo con el caudillo bonaerense. Su figura, después de todo, viene atravesando la historia provincial (y del país) desde hace más de dos décadas.

"No negamos a Duhalde, pero no dependemos de él", concluyó Solá en la conferencia de prensa, cuando se le preguntó por la influencia de su ex compañero de fórmula bonaerense.

Macri, De Narváez y Solá exhiben un muy buen diálogo en el plano informal (y que no asoma marketinero o forzado), pero tienen el desafío de licuar mutuas desconfianzas en el terreno político.

Esas son las desconfianzas que se alentarán desde kirchnerismo, se especulaba ayer: "mientras más fragmentada esté la oposición y el peronismo disidente, el oficialismo cree que pasará el examen electoral con más de treinta puntos", evaluó Sarghini, en breve charla con Clarín.

Los peronistas disidentes creen que en marzo, el desembarco de la crisis económica internacional en el territorio bonaerense se presentará con efectos brutales. Y entienden que en ese contexto, varios intendentes oficialistas (y alguna vez duhaldistas) podrían empezar un discreto alejamiento del kirchnerismo. "Algunos ya están oliendo que el kirchnerismo está en perdedor, y no se olvide que el peronista siempre apuesta a ganador", sostuvo uno de los acompañantes de Felipe Solá".

El trío opositor brilló ayer con los flashes fotográficos y con la luz de las cuatro imponentes arañas del salón cinco estrellas. Las mismas luces dejaron ver las desconfianzas políticas entre los aliados. Macri, Solá y De Narváez se comprometieron a seguir juntos.

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