El desafío del INDEC y la Gripe A abren interrogantes en la economía

Por: Daniel Fernández Canedo

En las principales áreas económicas del Gobierno creen que la Presidenta nunca echará a Guillermo Moreno mientras siga la presión para que lo haga.

Y opinan que, al igual que Ricardo Jaime, el propio secretario de Comercio debería dar un paso al costado para aliviar a Cristina.

-¿Y usted cree que Moreno lo va a hacer?

-"No, por ahora no", respondió en forma rotunda a la consulta de Clarín un funcionario que lo conoce muy bien.

El caso Moreno sigue en el centro de la escena y, según las mismas fuentes, se consumió buena parte del aire fresco que el Gobierno había generado con el llamado al diálogo político.

El ministro Boudou transita una ruta muy sinuosa en la cual, por un lado, avala al secretario de Comercio y asciende a un hombre suyo en el INDEC y, por otro, intenta que la gente y el mundo de los negocios recupere la confianza.

Esa tarea resulta titánica después de haber jugado la carta de anunciar cambios para el instituto de estadísticas que fueron considerados "cosméticos" hasta por especialistas cercanos al Gobierno.

En el Palacio de Hacienda destacaban ayer la suba de los bonos argentinos después de que Boudou afirmara que el Gobierno no emitirá más bonos indexados y, por tanto, los que circulan podrían ser rescatados a buen precio.

Esa mejora del orden del 5% habla de que los mercados creen que no habrá otro default y eso es rescatable, pero no puede obviarse que hoy los bonos argentinos ofrecen rentas siderales.

Hay títulos que prometen rentabilidades superiores al 20% en dólares, cuando Brasil paga 5,75% y los papeles de un país tan cuestionado financieramente como Venezuela, 14,5%.

Argentina sigue pagando caro la desconfianza y la falta de crédito y hay cuatro temas clave sobre los cuales deberá trabajar.

Dólar: En el Gobierno aseguran que las nuevas medidas de la AFIP sobre la compra de dólares en bancos y casas de cambio no implican un avance hacia un control de cambios.

Es más, aseguran que no habrá control de cambios y dicen que no buscan perseguir a los compradores minoristas sino a las empresas que, teniendo aportes estatales para no despedir personal, compran los dos millones de dólares que se pueden adquirir libremente.

Superávit fiscal: Boudou dijo que no habrá ajuste y que no bajará el gasto público. Sobre eso hay dudas porque, sin el traspaso de ganancias del Banco Central, en junio el Tesoro tuvo déficit después de pagar los intereses de la deuda.

Un dato de preocupación adicional es que para agosto la recaudación impositiva estará en problemas.

Por causa de la epidemia de Gripe A se registró un menor consumo y el IVA, que venía salvando los números, podría bajar.

Además, existe bastante pesimismo oficial sobre el aporte que pueda dejar el blanqueo de capitales que cierra el 31 de agosto. Todo indica que las declaraciones son muy escasas.

Pelea por las retenciones: el campo dijo que pretende una baja de 10 puntos en las retenciones de la soja (está en 35%) y la eliminación para el trigo y el maíz.

El Gobierno deja trascender que está dispuesto a hablar de una baja en trigo y maíz y de nada para la soja. La disputa será dura y pone de relieve, una vez más, el problema de la frazada corta.

El campo, la industria y el comercio reclamarán justo en el momento en que al Gobierno se le hace muy complicado mantener el superávit fiscal.

Financiamiento: Hasta ahora el Gobierno insistió en que la falta de financiamiento externo no es un problema.

La Argentina necesita unos US$ 6.000 millones para cumplir con todos los compromisos hasta fines de 2010.

La cifra es moderada pero, en caso de no tener financiamiento, el Gobierno debería recurrir a las reservas del Banco Central.

Un tironeo es que cuanto más reservas se gasten en pagar deuda, más presiones podría haber sobre el dólar.

En la última semana hubo menos compras en el mercado cambiario y los ánimos se aquietaron al ritmo de lo que parece un compás de espera frente a la evolución de la política. Otro indicador tenue de impasse fue que dejaron de salir depósitos a plazo fijo de los bancos.

El ministro Boudou insiste en que su misión será conseguir financiamiento voluntario en los mercados y que para eso está dispuesto a hablar con los bonistas que se quedaron fuera del canje de la deuda y con el Club de París, pero no con el FMI.

Para llegar a un acuerdo con el Club de París no se necesita plata sino decisión política. Y para acordar con los bonistas se necesitarían unos US$ 2.000 millones.

Pero dejar de lado al FMI y alardear con eso parece una estrategia de épocas de vacas gordas que hace tiempo quedaron atrás, incluso antes de la crisis mundial que parece empezar a superarse.

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