El desafío que desvela al matrimonio presidencial.

El líder del PJ apuesta al aparato bonaerense.
Néstor Kirchner lo repite cuando alinea a su tropa: el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires es "clave" para garantizar el futuro del proyecto político oficialista. Legisladores e intendentes bonaerenses suelen escuchar una frase: "Para llegar a 2011, primero tenemos que ganar en 2009".

El ex presidente dice tener razones de peso para estar obsesionado con los comicios de octubre. Con el interior del país dividido tras el conflicto agropecuario, se siente obligado a lograr un triunfo holgado en el distrito más populoso de la Argentina para que no corra peligro su destino político.

"El conurbano es esencial", relatan sus operadores territoriales, que hacen cuentas de memoria: "Necesitamos sacar casi el 50 por ciento de los votos en el segundo cordón del gran Buenos Aires para garantizar el objetivo principal, que es ganar las elecciones con el 40 por ciento". Con ese cálculo, la fidelidad de intendentes y punteros es considerada un tesoro.

Randazzo o Massa

El otro desvelo son los acuerdos de la oposición. Con el mapa fragmentado, Kirchner evitaría encabezar la lista de diputados nacionales.

Podrían ocupar su lugar el ministro del Interior, Florencio Randazzo, o el jefe de Gabinete, Sergio Massa.

Massa dice que no quiere ser candidato, pero tiene buena imagen en las encuestas y sus allegados aspiran a que sea elegido, a último momento, como "la carta ganadora" de las elecciones.

Pero todo podría cambiar si hubiera pactos en la oposición. Algunos caciques del conurbano están alertas: "Si se unieran Carrió, De Narváez y Solá podríamos tener problemas".

Para los jefes comunales, un "problema" es que los opositores perforen el piso necesario para pelear más de dos bancas en los Concejos Deliberantes. Para Kirchner, el "problema" sería la posible merma en el caudal de votos necesario para consolidar el triunfo holgado que pretende.

Por ahora, todos esperan. En el camino, Kirchner asegura fidelidad con obras, y con una intencionalidad adicional: no otorgarle una llave del poder al gobernador Daniel Scioli. Por eso, casi todas las obras millonarias son negociadas directamente con los intendentes, sin participación del mandatario provincial, que por el momento asiste en silencio a ese proceso.

Mientras tanto, en las reuniones políticas, el ex presidente se encarga de instalar que "no hay oposición". Quiere mantener la división. Ningunea a Margarita Stolbizer y a Elisa Carrió, y sostiene que los peronistas disidentes Felipe Solá y Francisco De Narváez "están lejos" del caudal de votos del kirchnerismo. Igual, por las dudas, ya prepara el mapa de las batallas.

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