El desafío de Amado Boudou.

Por: Roberto Frenkel.

El martes 28 de julio me reuní alrededor de dos horas con el ministro de Economía, Amado Boudou. Había recibido la invitación 10 días atrás y la acepté inmediatamente. Después de mi respuesta, el ministro comentó públicamente que se reuniría conmigo.

Boudou orientó la reunión a escuchar mis opiniones y sugerencias. Le dije al comienzo que haría público el contenido de la conversación y él manifestó su acuerdo. La reunión fue muy amable, franca e informal. En ningún momento emergieron divergencias, aunque esto podría atribuirse a la cortesía de Boudou, ya que fui yo quien habló la mayor parte del tiempo. Acá expongo los temas tratados.

La primera cuestión es que el Gobierno y, en particular, el Ministro de Economía tienen tan poca credibilidad que su capacidad de hacer política económica está fuertemente inhibida. Recuperar la credibilidad es condición imprescindible de cualquier iniciativa de política. De modo que antes de hablar de dónde y cómo está la situación económica y de lo que puede hacerse para mejorarla, hay que hablar de recuperar la credibilidad. La baja credibilidad del Gobierno está asociada con la baja credibilidad de las estadísticas del Indec, cuya operación y resultados es exclusiva responsabilidad del Gobierno. Esto afecta al ministro de Economía, bajo cuya responsabilidad está el Instituto. Boudou enfatizó, sin ingenuidad, que actualmente él ejerce plenamente la autoridad sobre el Indec.

Hablando del tiempo disponible para ganar credibilidad, el ministro mencionó que necesitaba tres meses. Discrepé de este diagnóstico y manifesté que el tiempo disponible es menor. En el intercambio de opiniones respecto de este punto hubo consenso de que no es momento de más palabras, sino que es necesario mostrar hechos. Propuse, entonces, un conjunto de medidas de ejecución rápida, cuya instrumentación por parte del Indec depende de instrucciones del ministro a la dirección del Instituto. Para ilustrar la naturaleza de mis sugerencias, le dije que, al finalizar nuestra reunión, podía llamar al director del Indec y darle la instrucción de instrumentar inmediatamente dichas acciones. Me respondió que ya lo había hecho el día anterior. Si esas iniciativas se ponen en práctica desde comienzo de agosto, los cambios serían claramente perceptibles en uno o dos meses. El ministro debería instruir al Indec de hacer lo siguiente:

1. Los precios medios de los bienes y servicios que componen la canasta del índice de precios al consumidor (IPC) deben calcularse a partir de los datos relevados por los encuestadores en comercios y transacciones efectivas en los distintos mercados.

2. Junto a la información mensual sobre el IPC, el Indec debe publicar los precios medios captados de un conjunto importante de bienes de consumo, para que el público y los analistas puedan verificar la similitud entre esos precios medios y los de sus compras o cálculos independientes.

3. Deben publicarse las sustituciones que se realizan en bienes de oferta estacional, especificando los precios del bien que se discontinúa y del que se incorpora.

4. Debe reabrirse el acceso del público a las bases de la Encuesta Permanente de Hogares. Dichas bases son los archivos electrónicos que contienen las respuestas individuales a las encuestas (obviamente anónimas). Contienen información sobre situación laboral, ingresos, edad, educación, sector de actividad y otros datos. Constituyen la base con la que se calculan las tasas de empleo y desempleo, las incidencias de pobreza e indigencia y otros indicadores. El acceso público permite a investigadores independientes verificar los cálculos del Indec y realizar otras investigaciones. El acceso fue siempre público en nuestro país y se cerró a principios de 2007.

5. Las estimaciones del nivel de actividad (EMAE), del nivel de actividad industrial (EMI) y de las cuentas nacionales, particularmente el PBI y la inversión, del segundo trimestre de 2008 en adelante, deben revisarse para corregir los errores existentes en las cifras publicadas. Esto no representa una gran dificultad, porque los datos publicados tienen el carácter de estimaciones provisorias que son regularmente corregidas con posterioridad a su primer cálculo y publicación.

Las iniciativas mencionadas persiguen que el Indec mida correctamente los indicadores, y que se dé transparencia a dichas mediciones. En relación con la inflación y el IPC, el correcto registro de los precios de mercado debería resultar en que la medición del Indec no difiera significativamente de otras mediciones del sector privado. La canasta del Indec es diversificada (más de cuatrocientos productos) y, tomando en cuenta el orden de magnitud de la inflación que se experimenta, no puede haber diferencias significativas, si los precios se miden correctamente. Le manifesté al ministro que hay legítimas discusiones sobre el índice de precios, pero que éste no es el problema principal; el problema principal es de medición, de los precios al consumidor y de otras variables. En realidad, cada índice de precios está diseñado para cumplir cierto propósito. Podrían publicarse simultáneamente distintos índices. Pero todos deben ser transparentes.

Inflación mayor

Obviamente, comenté, la corrección de las mediciones oficiales mostrará que la inflación es más alta de lo que muestra el Indec, que la actividad industrial y económica, el PBI y la inversión son más bajas, y que la pobreza y la indigencia son más altas. Podría parecer que el Gobierno incurre con esto en un costo político y de credibilidad. Pero no es así, porque esos costos ya fueron pagados: nadie con algún grado de información cree en las estadísticas del Indec. Arreglar el entuerto no puede sino ser beneficioso para el Gobierno, para la sociedad y para las posibilidades de hacer política económica.

En la última parte de la reunión, hablamos de política económica. El diagnóstico es que los dos problemas principales que tiene la economía son el aislamiento financiero del Gobierno y una fuga permanente de capitales. Ambos problemas tienen su raíz en la desconfianza. La recuperación de cierta confianza tendría, de por sí, efectos positivos sobre esos aspectos. Si se alcanzan nuevas condiciones, podría haber una reformulación de la política macroeconómica orientada por un ministro de Economía con cierto grado de credibilidad y liderazgo. Mencioné que esa política debería darse en el corto plazo una meta explícita de inflación, por ejemplo, del 10%. Pero no tengo lugar aquí para extenderme en esto ni en otros detalles que comenté, ni merece mucho interés hacerlo ahora, porque antes se requiere que el Gobierno recupere credibilidad.

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