Desafiar al río.

A pesar de las prohibiciones para bañarse a lo largo de la costa posadeña, hay quienes no se privan de refrescarse en el agua.
Posadas. Lugar no habilitado para bañarse. Es la primera advertencia que se observa en un cartel del mirador de la avenida Jauretche y la rivera del Paraná.

Si bien se aconseja no ingresar al agua, esta parece ser la única alternativa de algunos vecinos o visitantes para soportar las calurosas temperaturas de las siestas posadeñas.

A pesar de las advertencias que se realizan desde la comuna, el río convoca y se convierte en la diversión de aquellos que no tienen la posibilidad de acceder a una pileta privada, asociarse a un club, o bien viajar hasta Ituzaingó, y buscan refrescarse al menos metiendo los pies en el agua.

Según informó este matutino en otras oportunidades, desde el puente internacional San Roque González hasta la intersección de este mirador, está terminantemente prohibido bañarse debido a la peligrosidad y profundidad del río, que crece con la cota del embalse de Yacyretá. La única opción “habilitada” es la playita Itacurubí, que cuenta con salvavidas, pero únicamente es utilizable como solarium.

La aparición de las altas temperaturas en Posadas, muchas veces impulsan sobremanera el entusiasmo de la gente que busca alivio en el agua y lamentablemente, las opciones no abundan para satisfacer a los bañistas locales.

Cuando el calor azota

Sin tomar recaudos necesarios y desobedeciendo por completo las señalizaciones, se lanzan conciente al río con tal de “sacarse las ganas”.

“De vez en cuando venimos a nadar con mis amigos y la familia. Últimamente lo hacemos seguido, porque es el único punto cercano para que se venga a bañar la gurisada”, explicó a El Territorio, Carlos Ojeda (20), vecino de Villa Cabello.

“Miedo no tengo, porque yo sé nadar por si pasa algo. Además siempre nos metemos hasta la altura de la cintura nomás y veo si los mas chicos no se mandan a lo profundo”, añadió el bañista acerca de los peligros latentes en el río.

Generalmente y durante la semana, este punto es concurrido por unas quince personas al día en los horarios más calurosos, a partir del medio día hasta cerca de las 18.

Los fines de semana, el número de concurrentes es un poco mayor y acrecenta los peligros, al estar deshabilitado como balneario, y no contar con un bañero que lo controle.

Más precavidos

Hay quienes toman las indicaciones con más responsabilidad y saben que el desconocimiento del río es un permanente riesgo que no quieren experimentar. Tal es el caso de Sebastián Neves (26), quien vive en el barrio Ñu Porá y ayer mientras visitaba a su hermana que vive cerca del mirador, se dio una escapadita junto a un amigo. “Hoy vinimos para pescar con línea nomás. Como vimos los carteles que prohíben bañarse, no nos queremos arriesgar porque no conocemos el lugar y no sabemos que hay debajo del agua. La idea es pasar un rato pescando y tomar un poco de sol. Pero como está insoportable el calor, no creo que estemos más de dos horas acá”, dijo el joven que visitaba por primera vez el lugar.

Y añadió: “como no tenemos pileta, solemos ir al balneario de Candelaria por una cuestión de cercanía y además está habitado para bañarse”.

Un peligro constante

Son muchos los meses del año en que el calor agobiante permanece sobre nuestra ciudad, pero por diferentes motivos, las costas posadeñas permanecen momentáneamente anegadas para los bañistas.

Esta escasa oferta que presenta la capital, hoy convierte cada metro de costa, en una trampa mortal para grandes y chicos, hombres y mujeres, que se atreven diariamente a desafiar a la naturaleza deliberadamente.

Con este tipo de decisiones llegan los accidentes. Basta con recordar, que años anteriores hubo que lamentar muertes de jóvenes a metros de la costanera. Las trágicas estadísticas en la capital misionera y arroyos cercanos, impactan con el número de víctimas, que se resisten a respetar las medidas de seguridad, a pesar del ascenso de la temperatura.

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