Desacelerar por respeto a la vida

Por: Osvaldo Pepe

Tenemos malas noticias: según una prueba piloto realizada durante cuatro días completos en la Autovía 2 a 2.100 vehículos (un valor estadístico incuestionable), el 90% de los conductores (casi 1.900) excedió los límites de velocidad de 60 km/h en zonas urbanas y de 130 km/h en la traza general. Una enormidad, sobre todo si se tiene en cuenta que estamos a sólo una semana del comienzo oficial del monitoreo de seguridad vial con radares en los distintos caminos de acceso a los balnearios atlánticos.

Desde el 1º de enero, como se sabe, 140 radares fijos y otros 40 móviles controlarán las 13 autopistas y carreteras costeras. Conforme lo establece el flamante Código de Tránsito bonaerense, se aplicarán multas de hasta $ 2.000.

La norma aspira a erradicar la sospecha, por cierto fundada, de negocios privados con fines recaudatorios, tal como el de las concesionadas "trampas cazabobos", muy usadas en la llamada Ruta del Mercosur. Por eso se dieron a conocer los lugares en donde estarán la mayoría de los radares, y esos alertas se complementarán con carteles que 300 y 150 metros antes advertirán al conductor sobre la existencia de los máquinas. La transparencia nunca sobra, más si busca desalentar la infractor y amenguar motores y prisas injustificadas.

Los medios hemos difundido la noticia de la reinstalación de los radares en rutas de la Costa luego de 10 años, y las campañas oficiales también proporcionaron información suficiente. Aun así, los resultados de esta prueba piloto son muy preocupantes. No busquemos más, sino en nosotros mismos. La vida, propia y ajena, es lo que está en juego: en el verano pasado, sólo en las rutas atlánticas, hubo 42 muertes. Más que suficiente para que desaceleremos.

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