Derrotas y traiciones

Por Alfredo Leuco

En el calendario político de la historia argentina, 2008 quedará marcado como el año de la decadencia del imperio kirchneriano.

En el calendario político de la historia argentina, 2008 quedará marcado como el año de la decadencia del imperio kirchneriano. El balance de sumas y saldos del proyecto del matrimonio presidencial muestra un rojo preocupante en las cuentas, pero lo peor es que, para 2009, las perspectivas son más complicadas aun en todos los sentidos. El comienzo de la parábola descendente en la opinión pública se puede ubicar claramente en el 18 de julio. Ese día, el vicepresidente, Julio César Cleto Cobos, con su voto no positivo y los pueblos del interior con su masiva rebelión callejera le hicieron morder por primera vez al Gobierno el polvo de una derrota de magnitud inédita.

Sólo el resentimiento vengativo que destruye toda lógica racional puede explicar que Néstor Kirchner, claro mariscal de aquella derrota, se empecine en buscar la revancha. Es como si todavía tuviera una espina clavada muy profundamente o la sangre en el ojo. Actúa como si el Gobierno –por su culpa– no hubiera dilapidado montañas de respaldo político y no registra que, ahora, el enfrentamiento es más patético porque lo hace desde la debilidad de haber perdido muchos aliados en el camino, con las arcas bastante más vacías y con una economía que ya muestra serias grietas y amenaza con fuertes convulsiones para el año que viene.

Se han ensayado muchas teorías para explicar lo inexplicable del comportamiento de los Kirchner cuando se automutilan. Se ha buscado entre la tozudez caprichosa e infantil y la soberbia personal, generacional y de patrones de estancia que los caracteriza. Tal vez todo eso junto pueda responder algunas preguntas de los últimos días navideños sin amor ni paz y con prosperidad en retroceso.

Los que recibieron los recientes misiles de los Kirchner ¿quedaron peor o mejor parados ante la sociedad? Los ataques y humillaciones ¿deterioraron o fortalecieron a Cobos, a los productores rurales, a Elisa Carrió, a los medios independientes, a Debora Giorgi y siguen las firmas?

Es obvio que los Kirchner se equivocan. Eso no es grave, porque los humaniza. Nos pasa a todos. Lo asombroso es la reiteración casi compulsiva de esos errores que perjudican sobre todo a ellos mismos. Se los ve navegar a ciegas por aguas turbulentas, sin ningún tipo de instrumental confiable. Viven encerrados en la burbuja de los funcionarios obsecuentes y leen solamente encuestas mercenarias. Ametrallan con medidas y anuncios que fatigan y no saben cuál es el impacto que producen en la gente. Su mirada ultra conspirativa y maniquea sobre los medios, donde apenas ven enemigos “destituyentes”, los deja solos con su instinto sin que nadie les advierta cuándo el Titanic va derechito a chocar contra algún iceberg. Tal vez éste sea el peor de sus pecados. Nadie puede gobernar sin feedback, sin retroalimentación informativa. No hay comunicación política y de ningún tipo si el emisor desconoce qué impacto produce su mensaje en el destinatario.

Hay tres formas básicas de conocer lo que pasa en la base de la pirámide social:

•La más ligada a la historia de los partidos es la cadena de transmisión de inquietudes que genera la militancia. La unidad básica, el comité, el cuerpo de delegados o la asamblea popular manifiestan determinados reclamos o estados de ánimo. Si el partido de gobierno no se burocratiza ni se blinda, como ocurre con los Kirchner, finalmente recibe esa información a través de cuadros, dirigentes sociales, punteros, intendentes y legisladores que a su vez suben ese combustible noticioso tan necesario a gobernadores y ministros que, por último, nutren al presidente. Esta posibilidad es abortada porque Kirchner se niega a recibir malas noticias y muchas veces liquida al mensajero, como en el caso de Alberto Fernández y tantos otros.

•La segunda posibilidad surge del marketing político y de la sociología aplicada convertida en encuestas. Aquí ocurre lo mismo: Néstor sólo paga a los consultores que no le amargan la vida.

•Y la tercera forma de medir la temperatura de la República es propia de la sociedad mediática que cada día incluye más soportes informáticos, además de los diarios, las radios y los canales de televisión. Kirchner los estigmatiza, les niega todo criterio de verdad y los manda a que se presenten a elecciones. Los desafía porque dice que contra el periodismo opositor va a disfrutar más su victoria en los comicios parlamentarios de octubre próximo y sigue profundizando su formidable operativo para controlar el paquete accionario y los contenidos de quienes se comportan con mayor autonomía. En este plano hizo papelones que deberían avergonzarlos. Les prohibió a una radio, una revista, un sitio de Internet y un canal de cable adictos que informen que el juez Julián Ercolini resolvió investigar la denuncia presentada por Elisa Carrió por asociación ilícita. La líder de la Coalición Cívica señala a Kirchner como el probable jefe e involucra a empresarios y funcionarios kirchneristas en por los menos una docena de casos de megacorrupción. El resultado es tragicómico porque se convirtió en un bumerán para el Gobierno.

La noticia apareció en casi todos los diarios en la tapa y es principal tema de radios y canales. No pudieron tapar el cielo con las manos y, encima, erosionaron la credibilidad de los medios que tienen alquilados o en leasing. Algo parecido ocurrió con las señales de televisión que no mostraban a Cobos en la misa de la Basílica de Luján. ¿No se dan cuenta de que eso es pan para hoy y hambruna para mañana? ¿De verdad creen que le hacen daño a Cobos por no mostrarlo en las pantallas?

Los militantes que todavía creen en esos pasquines multimedia fueron privados de tener la mayor cantidad de elementos posible para dar su “batalla ideológica”. No sabrán, por ejemplo, que Elisa Carrió hará una denuncia esta semana ante el GAFI (Grupo de Acción Financiera ) en su sede de París, sobre el blanqueo de capitales, “una verdadera autoamnistía para los lavadores de dinero”. Hasta el Che Guevara reconocía que “sólo la verdad es revolucionaria” y se negaba a ocultar las bajas que su guerrilla sufría en la Sierra Maestra. No quería que la Radio Rebelde dejara de ser confiable. Hay un paternalismo feroz de los Kirchner que decide que ellos deben conocer todas las informaciones para tomar sus decisiones, pero que muchos de sus seguidores no pueden acceder a ellas.

La actitud negadora de la realidad no les permite corregir problemas porque nadie corrige lo que cree que funciona bien. En la asamblea de intelectuales kirchneristas a la carta, Néstor dio una clave sin ponerse colorado y sin que nadie pusiera en duda su verdad revelada: “No nos derrotaron. Fuimos traicionados”, sentenció. A lo sumo, el único error que cometió fue haberle puesto a Cobos de vice a su esposa, tal como se lo reprocha todas las mañanas tostadas de por medio. Ya en la elección en la que Cristina ganó la Presidencia con toda legitimidad y amplio margen había señales claras en los grandes centros urbanos que Néstor se negó a decodificar porque miró para otro lado.

Con una economía a todo vapor con indicadores envidiables y con una oposición atomizada y a la defensiva, Cristina perdió en casi todas las grandes ciudades. ¿Fueron derrotados en esos lugares o alguien los traicionó? ¿Había algo que corregir o las culpas estaban afuera? ¿Había un reclamo de mayor diálogo y calidad institucional y menos crispación envenenada o había que redoblar la apuesta? Hasta un estudiante de primer año de Ciencias Políticas sabía cuál era la demanda. Sin embargo, Kirchner, no contento con perder a las clases medias urbanas, se puso a atacar violentamente y sin sentido a las clases medias rurales. Lo dicho: nadie cambia si cree que hizo las cosas bien.

Y los Kirchner no cambian. Peor: redoblan la apuesta. ¿Debora Giorgi habrá quedado más entusiasmada y feliz de ayudar a los Kirchner con su técnica y su prestigio o se habrá sentido con ganas de pegar un portazo y renunciar después de que la Presidenta, su compañera de género, la castigó en público? ¿No era que el kirchnerismo no lava sus trapitos al sol? ¿Qué le pasa a cualquier funcionario o dirigente que hace una pequeña crítica en público? ¿Cómo les fue en ese sentido a Alberto Fernández, Sergio Acevedo, Aníbal Ibarra, Miguel Bonasso, Felipe Solá, Roberto Lavagna, Humberto Tumini, entre muchos otros? ¿Cristina y Néstor creerán de veras que se conduce con maltrato a la propia tropa? ¿Pensarán que el fuego amigo no hiere? ¿No se dan cuenta de que quien es lastimado en público sólo espera el momento indicado para saltarles a la yugular, como dijo e hizo Luis Juez?

¿Se imagina Cristina que le hizo bien a su investidura y a su prestigio internacional negarse incluso a mirar en una misa a su vicepresidente? ¿Qué clase de perversidad implica semejante autoflagelación digna del medioevo? ¿Cuánto le deben Cobos y Carrió a Néstor, que los mantiene siempre vigentes en los medios?

¿Cómo harán para despegar a la Mesa de Enlace de las bases de productores si ignoran a los dirigentes pero simultáneamente les mojan la oreja a los chacareros con anuncios provocadores que nadie festeja?

Encima, los datos duros económicos son para ponerse en guardia. Asustan.

Javier González Fraga tuvo precisión de cirujano para definir conceptualmente al Gobierno como “progresismo hipócrita”. En lo económico, porque desde que administran los Kirchner la cantidad de pobres creció del 27% a más del 32%. Hay más de 12 millones de argentinos en esa situación y, sin embargo, los casi 4 puntos del PBI que aumentó el gasto público nominal fueron a parar en su mayoría a los bolsillos privados vía subsidios. Y en todo este tiempo las familias que están en la indigencia siguieron recibiendo por distintos planes los 150 pesos por mes que se instauraron allá por los comienzos de 2002. Escribió González Fraga en PERFIL que “el Gobierno tiene un discurso progresista pero una gestión fuertemente regresiva que favorece a los que más tienen y por eso se explica que la pobreza esté aumentando, pero también el surgimiento de fortunas en los sectores fuertemente regulados, como el petróleo, el juego y las obras públicas”.

Esa hipocresía se expresa también en los fuegos artificiales contra la Justicia por la posible libertad de terroristas de Estado como Alfredo Astiz y su patota asesina. Derechos humanos para la tribuna pero no para el Tribunal. Gran parte de la responsabilidad es del Gobierno que, como no era propio, cajoneó desde 2007 un excelente proyecto de Ricardo Gil Lavedra y Andrés D’Alessio para agilizar los juicios y proteger a los testigos, para que ningún criminal se escape entre el olvido o el perdón.

En el plano de la política pura y desde el fuerte viraje de Néstor Kirchner hacia el pejotismo ortodoxo y la burocracia sindical, el pragmatismo también conduce a varias hipocresías. A saber: fomentar el resurgimiento de Aldo Rico, consolidar el poder de Mario Ishii o calificar de “excelente persona” a Borocotó, ícono de lo que el hombre común desprecia de la política y ex compañero de fórmula de Luis Abelardo Patti. En Catamarca, dentro de menos de tres meses pasará algo peor. Néstor quiere ganarle las elecciones a Eduardo Brizuela del Moral, el gobernador radical cobista que también huyó del kirchnerismo. Por eso se juntó en Olivos con los representantes de Luis Barrionuevo, Ramoncito Saadi, su ex cuñado Armando Bombón Mercado. Kirchner les dijo: “Quiero una Catamarca peronista”. ¿Será la misma que quiere Barrionuevo, quien, entre otras hazañas, supo quemar urnas y tirarle huevos a Cristina? ¿O la misma que gobernó Saadi con el fantasma de María Soledad? ¿Eso es una derrota o una traición?

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