El depósito de tóxicos

Se encontraron casi 100 tachos con veneno en un descampado
Aproximadamente 100 tachos con residuos de veneno fueron encontrados abandonados en un terreno al oeste de la ciudad. Junto a una pista que suele ser utilizada para competencias de kartings, los barriles de 200 litros con restos de clorpirifos y methamiofos se hallaban escondidos detrás de unos árboles.

El dueño del lote alquila el espacio a un cuidador, quien a su vez lo subalquila en ocasiones para estas carreras de rodados menores. Durante el fin de semana pasado, un camión ingresó al predio con los tachos diciendo que venían de parte del subinquilino.

Los empleados depositaron el material y se retiraron sin decir mucho más. Los cuidadores del terreno creyeron que se trataba de barriles de aceite, por lo que no realizaron ningún tipo de denuncia.

Avisados por PUNTAL, representantes de Defensa Civil, el Edecom y la Policía Departamental acudieron al lugar para extraer los tachos y evitar que los tóxicos llegasen a las napas de agua, que en esa zona se hayan a muy poca profundidad.

Material peligroso

Según indicaron los especialistas de Control Ambiental municipal, la manipulación de estos materiales se debe hacer con equipos especiales, por lo que no podrán ser extraídos en la brevedad. Además, por la gran cantidad de tachos, el traslado se deberá realizar en varios tramos e implicará un importante gasto para el Municipio.

Los venenos que había en estos tachos son utilizados para la fabricación de insecticidas, pero en la concentración en la que se hallaban son sumamente tóxicos: clorpirifos al 98% y methamidofos al 70%. Una vez que se utiliza el contenido de los barriles, se los debe someter a un costoso tratamiento de limpieza y depósito. Se les realiza un triple lavado, se los lleva a un recinto especial (el más cercano se encuentra en Córdoba), y así se obtiene un certificado autorizado.

Desde el área de Control Ambiental, se indicó que muchos abandonan los barriles en terrenos o los derivan a terceros para no tener que invertir en los procedimientos de limpiado.

Estos venenos son muy nocivos para el ser humano, y por el lugar en el que se encuentran están al alcance de muchos niños y animales. Incluso el olor en el ambiente próximo a los tachos es realmente nauseabundo, y puede afectar las vías respiratorias si se permanece cerca mucho tiempo.

Las actas que se realizan desde los entes municipales ahora se entregarán al tribunal de faltas y por el peligro que representan los barriles, las sanciones para el dueño del terreno o de quien los depositó allí, son muy costosas.

La ruta de los tachos

Los tachos llegaron al descampado en un camión que no contaba con las medidas de seguridad necesarias. De acuerdo con los inquilinos del predio, fueron descargados y el contenido cayó en el piso sin las precauciones apropiadas.

Quien subalquila el espacio para los kartings es propietario de una chacarita, que se encarga de la compra y venta de vidrios y metales.

La locación en nuestra ciudad no es la única de la empresa, también compra materiales en Carlos Paz, Villa Mercedes y San Luis. Casualmente, estos compuestos órgano-fosforados no son utilizados a nivel industrial aquí, las agroquímicas que podrían usarlos están próximas a Córdoba.

En la misma chacarita se compran a $7 los barriles de 200 litros que luego son empleados para guardar vidrios y metales. Los empleados indicaron que frecuentemente traen desde las otras sucursales tachos de este tipo.

Tóxicos prohibidos en algunos países

Tan­to el met­ha­mi­do­fos co­mo el clor­pi­ri­fos son dos compuestos órgano-fos­fo­ra­dos pro­hi­bi­dos en va­rios paí­ses por ser muy no­ci­vos pa­ra el hom­bre y el me­dio am­bien­te.

Al met­ha­mi­do­fos se lo sue­le uti­li­zar co­mo ba­se pa­ra pla­gui­ci­das. Co­mo es ile­gal usar­lo ba­jo to­das sus for­mu­la­cio­nes, só­lo se lo uti­li­za pa­ra la in­ves­ti­ga­ción o pro­pó­si­tos de la­bo­ra­to­rio en can­ti­da­des me­no­res. En con­tac­to con el hom­bre ha cau­sa­do po­lineu­ro­pa­tía re­tar­da­da y es su­ma­men­te tó­xi­co si se ex­po­ne mu­cho tiem­po al quí­mi­co.

El clor­pi­ri­fos se sue­le uti­li­zar mez­cla­do con lí­qui­dos acei­to­sos pa­ra el con­trol de cu­ca­ra­chas, pul­gas y ter­mi­tas, y en cier­tos co­lla­res de ani­ma­les do­més­ti­cos pa­ra con­tro­lar pul­gas y ga­rra­pa­tas. Tam­bién se lo em­plea en la agri­cul­tu­ra, pa­ra con­tro­lar ga­rra­pa­tas en ga­na­do y en for­ma de ro­cío pa­ra el con­trol de pla­gas de co­se­chas. Sin em­bar­go, en es­tos ta­chos el clor­pi­ri­fos se en­con­tra­ba pu­ro, sin nin­gu­na mez­cla, lo que lo ha­ce muy pe­li­gro­so.

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