Denuncias y sospechas en la campaña.

Por: Julio Blanck.

Kirchner intenta consagrar como irreversible la estrecha ventaja que le otorgan las encuestas. De Narváez se esfuerza por romper esa inercia. Carrió y la UCR denuncian manipulaciones. Hay maniobras de todo tipo. Y la Provincia se convierte, de nuevo, en un escenario crispado.

El viernes, cerca de las 7,30 de la mañana, mientras corrían en la cinta en un gimnasio de la calle Ocampo, Francisco De Narváez le dijo a Mauricio Macri que el último relevamiento telefónico hecho por su consultora cautiva le daba un empate en 33% de intención de voto con Néstor Kirchner, y relegaba a Margarita Stolbizer con poco más del 18%. Pero no se entregaron a la euforia por ese dato: una encuesta telefónica, aun ésta de 1.888 casos, no mide a muchos votantes del Segundo Cordón del GBA, la Argentina profunda a la que, entre otras cosas que no llegan, tampoco llegan los teléfonos de línea. Es una zona de voto duro para Kirchner, un voto que los estrategas opositores califican como "impenetrable".

Los números en los que cree De Narváez son los de la macroencuesta domiciliaria que le entrega su consultora. Los datos de esta semana lo ponen poco más de 3% por debajo de Kirchner. Tampoco esa cercanía le desata el entusiasmo: supone que si llega así a la elección, el empuje final del aparato peronista y "el fraude" -amenaza en la que insiste sin dar más precisiones- podrían estirar esa diferencia en contra.

Más escépticos, sectores del peronismo disidente aliado a De Narváez sostienen que la diferencia real es hoy de 6% a favor de Kirchner. Se basan en una mezcla de percepción política y de encuestas a las que el peronismo, disidente o no, consulta religiosamente desde hace años. El resultado de esa ensalada no es muy científico. Pero marca el clima que domina en el ambiente político.

El kirchnerismo machaca para consagrar ese estado de opinión como irreversible. Hablan de diferencias finales de 10 puntos o más. Lo dicen en privado, pero con notorio interés en que se haga público.

Para De Narváez es clave romper esa idea corrosiva según la cual la elección ya está definida y sólo queda por establecer cuál será la diferencia. Intentará quebrar esa inercia desde este fin de semana. Y apuesta, sin rodeos, a la difusión de encuestas que mostrarán una marcada paridad. Esos sondeos son el secreto político peor guardado en mucho tiempo.

Alertados por viejos amigos, Elisa Carrió y los radicales se anticiparon a poner el grito en el cielo. Denunciaron una manipulación de encuestas para dirimir la interna peronista, poniéndolos a ellos fuera de carrera para direccionar el "voto útil" hacia De Narváez. a quien se mostraría como el único capaz de poner a Kirchner en aprietos. Si esa idea penetra en la opinión pública, De Narváez tendrá un escenario más propicio para operar sobre los indecisos y los "votantes lábiles" del Acuerdo Cívico de Stolbizer y Ricardo Alfonsín.

Se lucha punto a punto en la intención de voto en la Provincia. Y esa batalla se libra también en la movilización de aparatos. Allí el kirchnerismo lleva ventaja porque tiene los recursos del Estado y tuvo la habilidad de comprometer electoralmente a medio centenar de intendentes. Eso le está permitiendo, por ejemplo, revertir tendencias muy negativas en algunas ciudades decisivas como Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca, donde tendría la posibilidad de hacer elecciones muy decorosas, y triunfantes en algunos casos.

El problema de De Narváez para mover aparatos políticos radica en su divorcio, o al menos su enemistad manifiesta, con un fuerte sector peronista disidente al que fumigó prolijamente de las listas de candidatos. Lo hizo llevado por el consejo de desperonizar su imagen porque la pelea por los indecisos requería ese lavado de cara. Muchos duhaldistas belicosos quedaron en la banquina, otros fueron destratados y hasta Felipe Solá, por lejos el rostro más potable de ese grupo disidente, fue notoriamente relegado.

Se cumple el objetivo de desperonizar. Pero lo que se gana por un lado puede perderse por otro. Quienes hablaron en estos días con Eduardo Duhalde dicen haberlo encontrado lleno de furia. Y diciendo: "Me equivoqué dos veces, primero con Kirchner, ahora con este muchacho". Este muchacho es De Narváez.

El Gobierno atiza ese fuego. Daniel Scioli y Sergio Massa, pero también Florencio Randazzo y el operador todoterreno Juan Carlos Mazzón, pusieron a funcionar la ambulancia. Están hablando con más peronistas disidentes de lo que se dice. Ni siquiera se rompieron del todo los puentes con Solá, a pesar de la dureza del ex gobernador en algunos de sus dichos. La promesa es la re-unión peronista del día después, con los resultados sobre la mesa. .

El desprolijo cierre de listas seccionales y comunales, y el ninguneo en la campaña, pueden hacer que la ruda sapiencia electoral del duhaldismo no funcione a pleno para la elección. Y la lista de De Narváez podría quedar expuesta a la misma, cruel intemperie, que en muchos rincones de la Provincia aguarda a las fuerzas que no tengan capacidad de controlar el comicio.

La gente del candidato tatuado dice tener resuelto ese intríngulis a su manera: "Arreglamos con la gente de Barrionuevo y de Pierri; acá hay que tener una banda que sea capaz de enfrentar a la banda de los intendentes". Se le pueden criticar muchas cosas a esa postura, menos que le falte el pragmatismo más crudo.

El kirchnerismo, más allá de proclamas y de encuestas, siente que no tiene ganada la elección en la Provincia. Y apela a los métodos que crea necesarios para garantizar un éxito que permita equilibrar las seguras derrotas en Capital, Santa Fe y Córdoba, la probable caída en Mendoza y la inevitable pérdida de la mayoría en Diputados.

Una de las maniobras en desarrollo es el aliento al equívoco candidato de apellido Narváez. Según las malas lenguas bonaerenses, los auspiciantes del candidato confuso primero trataron de venderle la boleta a la gente de De Narváez, como quien ofrece un seguro para evitar dolores de cabeza. Parece que no hicieron negocio. Pero encontraron otro socio. Fuentes del Gobierno admiten que "alguien tiene llegada" al Narváez de la confusión, una extraña mezcla de kirchnerista y evangelista, a quien un cuidadoso montaje mediático filo oficialista mostró por televisión, después de muchos días de silencio.

El daño que la maniobra le produce al verdadero De Narváez no es menor. Una simulación de voto en el Gran Buenos Aires, encargada por la campaña de Unión-PRO, mostró que uno de cada seis votos se les escurrían por la boleta del candidato equívoco. Dicho en porcentajes: si De Narváez tiene una intención de voto del 30%, a la hora de las urnas el 5% se le escaparía en esa confusión premeditada.

El comando de Unión-PRO, cuando se dio cuenta del daño, corrió a suturarlo. Pronto encontró cómo convencer a los apoderados del partido fantasma que postuló a Narváez para que lo bajen de la lista. Pero el candidato estaba oficializado, y también tiene quien lo convenza de seguir en la boleta. Todo indica que tendrá que definir la Justicia.

Claro que la Justicia también tiene lo suyo. Aunque nada le vaya a salir gratis. La Cámara Electoral decidió el lunes a favor de las cuestionadas candidaturas testimoniales del kirchnerismo. Apenas 48 horas después, los dos camaristas que sostuvieron ese fallo ya tenían una denuncia por prevaricato, delito que consiste en "dictar a sabiendas una resolución injusta". Además, les llovieron críticas desde la siempre sensible familia judicial que es, al fin y al cabo, su lugar de pertenencia.

La Cámara Electoral tiene ahora en estudio la impugnación a la candidatura de Luis Patti, que ya fue avalada por el juez de La Plata, y por el fiscal de la Cámara. La novedad es que familiares de las víctimas de los delitos de secuestro y homicidio por los que está acusado y preso Patti, se presentaron el jueves ante los camaristas, con un escrito avalado por el CELS contra la convalidación de la candidatura del ex subcomisario. Los argumentos, aceptan los propios magistrados, son "muy sólidos". Pero estarían buscando otra vez la mitad de la biblioteca que les permita mantener a Patti al frente de su lista.

El tema aún no está definido. Pero hay un detalle: por perfil social y político, los votos que consiga Patti son votos que, en enorme mayoría, dejarán de ir a De Narváez. En la mencionada simulación electoral de Unión-PRO, Patti arañaba el 3%.

La escandalosa citación judicial a De Narváez completa el panorama de crispación, denuncias y sospechas. Kirchner, con piel de angelito o vestido de ángel exterminador, según le convenga, ordena las maniobras que quizás le permitan, ante la cortedad de propios y extraños, prolongar contra viento y marea su estadía en el poder.

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