Denuncian que el Centenario está en estado "crítico" y sin insumos

El Hospital Provincial del Centenario, que supo ser un centro asistencial de referencia en el país, está sufriendo una profunda decadencia. No se reponen insumos por las deudas con los proveedores, no se hacen más cirugías cardiovasculares ni tampoco estudios de hemodiálisis.
El servicio de Hemodinamia se quedó sin catéteres y agujas, y el tomógrafo y el resonador están rotos desde hace dos años. Sólo se practican radiografías y no hay reactivos para análisis básicos. La crítica realidad del efector fue evidenciada ayer por los distintos jefes de servicio, algunos de los cuales aseguraron que "jamás" habían visto "semejante nivel de deterioro".

   Luego de sucesivas reuniones con los directivos del hospital, el titular del Area VIII de Salud y hasta con el mismo ministro de Salud provincial, Miguel Angel Cappiello, los jefes de los distintos servicios hicieron público ayer la crítica situación que atraviesa el efector y la escasa atención sanitaria que a raíz de esto se les puede prestar a los pacientes. Según destacaron, las áreas más afectadas son diagnósticos por imágenes, cardiología, nefrología y hemodinamia.

Menos camas. El jefe de Ginecología del Centenario, Roberto Tozzini, subrayó que hace 50 años que trabaja en el hospital, y en base a esa experiencia, no dudó en afirmar que "nunca se llegó a este nivel de deterioro. La decadencia edilicia se ve a simple vista", indicó y enumeró "la falta de equipamiento, instrumental y aparatos de alta complejidad (entre ellos diagnóstico por imágenes que es la más importante)" que en la actualidad afecta al hospital. "Cuando yo era un joven médico, acá había 700 camas de internación y ahora no alcanzan a 70. Es una dificultad enorme poder internar a un paciente", admitió.

   A su vez, los quirófanos acortaron los turnos, y en vez de funcionar desde la mañana hasta las 6 de la tarde, lo hacen hasta las 12.30, con lo cual "no se llega a practicar ni el 60 por ciento de las cirugías que se hacían hace dos años atrás", aseguró.

Reactivos. "El servicio de Gastroenterología está funcionando al 20 por ciento de su capacidad", subrayó el jefe de ese sector, Hugo Tanno. "Tuvimos que suspender las endoscopías porque faltan insumos básicos, y si surge alguna posibilidad, esa práctica no se puede hacer con anestesia", puntualizó. En esos consultorios no tienen reactivos para hacer diagnósticos de hepatitis A ni posibilidades de hacer análisis de hepatitis B. "¿Si no se pueden hacer los estudios previos, cómo los vamos a tratar?", se preguntaron ayer los profesionales.

   Más grave aún es la situación del servicio de Cardiología, donde hace dos años y medio que no se pueden hacer cirugías cardiovasculares. Al menos así lo aseguró ayer el jefe del área, Alejandro Robiolo. "Esto genera un problema grave, porque si se detectan infartos o anginas de pecho, no se pueden solucionar y hay que derivar los pacientes al Hospital José María Cullen, de la ciudad de Santa Fe. "El problema es que allí no dan abasto y la gente se queda sin atención. La lista de espera es infernal", admitió.

   Hasta ayer se intentaba paliar esa situación con estudios de hemodinamias, pero todo cambió. En el servicio de Hemodinamia no hay más catéteres ni agujas para hacer los estudios. El jefe del área, Pedro Zandroniz, admitió que trabajan con un angiógrafo que tiene 28 años. "No se pueden hacer estudios diagnósticos si después el problema no se puede solucionar", sentenció el médico.

   Otra de las áreas más críticas es la de diagnóstico por imágenes. Mariela Stur, jefa del servicio, aseguró que "hace dos años no funcionan ni el resonador ni el tomógrafo. Sólo hay tres máquinas para hacer radiografías (los pacientes esperan meses) y ecografías". Ante esta situación, la gente es derivada a otros hospitales o a centros privados, donde una tomografía cuesta cerca de 600 pesos.

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