Se denuncian casi 200 casos por mes de violencia doméstica en Pergamino.

Para la Justicia y especialistas psicólogos, la problemática de coacción dentro de la familia es mucho más grave de lo que dice la conciencia colectiva.
Existe un virus que de a poco se esparce por la ciudad. Se lo conoce con diferentes nombres pero el más usado es violencia doméstica, como si sólo se tratara de un mal que pertenece al foro estrictamente de lo privado y estuviera escindido de la sociedad. Los datos revelan lo contrario. Cerca del 14 por ciento de las familias pergaminenses, sin distinción de estratos sociales, ha sufrido de golpes, gritos, persecución, abusos y de los más variados vejámenes en el seno de sus familias, durante los últimos siete años.

Sólo algunos de esos casos son denunciados, y muchos menos son los que la Justicia puede tipificar dentro de una carátula penal y así emprender el largo camino de un proceso judicial.

Según relató la fiscal Karina Póllice, dedicada a la problemática durante seis años, “la Justicia trata los temas cuando la violencia ya se ha consumado”, porque necesita de pruebas para actuar. “Es decir que tiene que haber lesiones físicas, por mínimas que sean. Sea una excoriación o un hematoma. A éstos, en la Justicia, se los denominan “lesiones”, que pueden ser leves, graves, o gravísimas, según la evaluación de un médico del Poder Judicial, explicó Póllice.

Los datos de la Fiscalía revelan que durante los últimos años se atendieron entre 150 y 200 casos por mes, de lesiones o amenazas y que normalmente las denunciantes fueron mujeres. Esto significa que en un año los casos ascendieron aproximadamente a 2.400.

Una mujer, víctima de violencia familiar, escribió a LA OPINION para contar su experiencia y poder “ayudar a otras mujeres que estén viviendo lo que yo viví, para que no se sientan solas, ni locas, ni irremediablemente perdidas o culpables”.

Dijo que, según su criterio, “si los individuos no podemos detener por nosotros mismos estos procesos destructivos, debemos denunciar para que intervenga la Justicia y además luchar por una legislación”. Esas leyes deberían dejar por sentado, taxativamente, que “se trata de un problema de género” y así puedan tomarse “acciones al respecto y luchar por una legislación que tiene el deber de prevenir y proteger”, según opinó la víctima.

Lo mismo dijo la psicóloga Zulma Guardiet, quien destacó al respecto que, “cuando la víctima es la mujer, la problemática debe ser tomada como de género, es decir, el hombre formado en una estructura patriarcal se cree dueño de la mujer y que ella es una cosa”.

Acciones y omisiones

En Pergamino existen pocos lugares que ayuden a prevenir este tipo de casos, que, según las fuentes consultadas, se detectan una vez que la violencia ya se ejerció sobre la víctima, sea mujer, hombre o niño. Hay algunos grupos de ayuda y una ONG llamada Centro de Investigación, Estudio y Participación para la Equidad de Género, que presta ayuda y realiza actividades en favor del reconocimiento y concientización acerca de esta temática.

El caso de los menores víctima es casi el único en el que la Justicia puede actuar de oficio, esto es, sin que haya una denuncia previa y con sólo detectar que los niños están en riesgo. Otro caso en que la Justicia puede actuar por sí misma es ante la denuncia de amenazas, aunque, según explicó Póllice, es necesario contar con la anuencia de la persona que las sufre.

La fiscal dialogó con LA OPINION sobre el rol de la Justicia en casos de violencia en el seno de una familia. Ella estuvo seis años al frente de una Fiscalía que hasta marzo pasado trataba todos los casos de violencia familiar que representaban delito penal. Lo primero que aclaró en la entrevista es que la Fiscalía puede intervenir cuando el caso de violencia ya existe, y que al día de hoy no realiza prevención de ellos.

Reveló que, penalmente hablando, se considera delito “cuando la víctima es agredida físicamente y presenta señales de esa agresión, es decir que tiene que tener lesiones físicas, por mínimas que sean. Siempre se requiere de la voluntad de la víctima para llevar adelante la causa, en el caso de las lesiones leves. En el caso de las amenazas, la Justicia puede intervenir de oficio, ante cualquier denuncia, de un familiar, de un vecino, o si llega la información a la Fiscalía por cualquier medio. En estos casos puede llagarse a pedir una medida cautelar; son medidas urgentes que se toman hasta que la causa llegue a juicio, porque como demora varios meses hay que tomar medidas en lo inmediato. Se le solicita al juez de Garantías la exclusión del hogar del agresor. Esto es sólo para los casos en que existe el peligro de que se reiteren estas conductas y que puedan producirse daños mayores. Otra medida es la prohibición de acercamiento, porque a veces víctima y victimario no conviven, pero de todas maneras las lesiones están”.

La estadística aportada por la fiscal del tiempo en que estaba al frente de aquella dependencia dice que hasta marzo de 2008 eran cerca de “200 los casos que recibíamos por mes”.

Según su experiencia, para enfrentar el problema lo más importante es la “información”. Según Póllice, “parece que está todo dicho, que se ha explicado, que se han hecho cursos en los pueblos, en Pergamino, pero la gente sigue ignorando cómo funciona todo el mecanismo. Siempre con esa vergüenza de contar, pensando que se es la única, y en realidad es un delito que se está expandiendo cada vez mas”.

Niños y penas

Sobre el daño a menores, la fiscal explicó que se le da intervención al servicio local, a través del área municipal de Protección de los Derechos de Niños y Adolescentes, que tienen sus carriles aparte de la Justicia, “pero podemos intercambiar información o ver cómo está la situación. Este servicio, que pertenece a la Municipalidad, se encarga de la asistencia a las víctimas”.

En los casos caratulados como Lesiones Leves o Amenazas, “como son delitos que tienen penas que no superan los tres años, el acusado no va a cumplir efectivamente la condena, no va a ir a prisión, salvo que sea reincidente, por eso es importante que las mujeres o las víctimas siempre denuncien. La primera vez va a ser prisión en suspenso, la segunda quizás también, pero la tercera ya va a ser de cumplimiento efectivo”, admitió la fiscal destacando la importancia de recurrir a la Justicia para obtener justicia, aunque reconoció que son “diferentes los motivos” que impulsan a una mujer a hacer la denuncia: “A veces dicen ‘yo lo que quiero es que se vaya de mi casa’”, como único objetivo del trámite. Por eso, Póllice dice proceder así: “Cuando vienen (las víctimas) a la Fiscalía les pregunto qué es lo que pretenden con la denuncia penal, porque a veces hay mucha fantasía y desconocimiento de cómo funciona la Justicia. Por eso les digo que vamos a intentar buscar una solución, pero que por sí sola la denuncia no es la solución”.

Cómo denunciar

“Hay que ir a la comisaría y hacer la denuncia porque el policía tiene la obligación inmediata de informar a la Fiscalía. Así que esa denuncia, en el término de tres a cinco días ingresa en Fiscalía. Si no se puede ir directamente a la UFI (Unidad Funcional de Instrucción) y allí se deriva la denuncia al fiscal que esté de turno”. Estamos hablando del edificio de Merced 865, segundo piso, de 7:30 a 13:30. “Allí hay una abogada especialmente dedicada a recibir denuncias”, informó Póllice.

La fiscal también habló de su rol y reveló que a veces tiene que ser “un poco consejera de la gente, por eso es tan importante tener vocación. Muchas veces los relatos de las víctimas no son delitos desde el punto de vista penal, o son muy difíciles de probar, entonces una trata de aconsejar formas de resolver el problema. Desde la Justicia Penal no tenemos la respuesta completa; yo siempre les digo cuando vienen a denunciar que es un 50 por ciento nuestro y un 50 por ciento de ustedes. Cuando hay menores involucrados es otra cuestión: aunque la madre esté dubitativa, si hay lesiones producidas por el papá, la Justicia nos autoriza expresamente a intervenir de oficio.

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