Democratizar los gremios, la gran deuda

Por: Luis Laugé.

La Unión Tranviarios Automotor (UTA) no para de sumar sectores internos que discuten el modelo de unicato sindical que rige en la Argentina desde hace más de 50 años con la conducción del peronismo a través de la CGT.

El ejemplo más conocido es el de los delegados de subterráneos que se vienen enfrentando con el gremio que conduce Roberto Fernández y que ahora hasta quieren formar un sindicato propio con personería gremial. Ayer, en tanto, quedó en evidencia el conflicto de la UTA con la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), para la corta, media y larga distancia del transporte automotor.

Es una entidad simplemente inscripta desde 2001, afiliada a la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y enfrentada con la CGT, con representantes en varias provincias y que criticó a la UTA por haber conseguido un aumento inconsulto y pagadero en cuotas que no la conformó.

Claro que, lejos del diálogo, la manera gremial de resolver parcialmente la controversia fue a las trompadas, a palazos y pedradas en la terminal de ómnibus de Retiro, donde los disidentes no dejaron salir los ómnibus mientras militantes de la UTA los atacaban y se enfrentaban con la policía.

Dentro de los coches, los padres ya no sabían cómo proteger a sus hijos de esa fenomenal e ininteligible agresión.

Observadores de todo tipo coinciden en que lo sucedido es una vergüenza que seguirá repitiéndose hasta que el sindicalismo no se democratice, y en que en ello la mayor responsabilidad la tienen las conducciones que se perpetúan en el poder desde hace años, sin escuchar a las minorías ni darles representación.

Indignado, Roberto Fernández descalificó a la UCRA: "Quiere ser un nuevo sindicato que viene de la izquierda. Está de moda eso. Deben de ser dos o tres que quieren protagonismo".

Cuestión impensada

Según los dirigentes sindicales ortodoxos, el resquebrajamiento de un modelo sindical que hasta ahora era intocable era impensado años atrás. Pero la acción y hasta los abusos de los delegados de subterráneos pusieron en jaque el predominio del unicato.

Tuvieron también protagonismo los delegados de izquierda en Kraft, que lograron una reincorporación parcial de trabajadores despedidos, pero refirmaron su conducción en la fábrica.

Silverio Gómez, secretario general de la UCRA, reivindicó el reclamo salarial por encima de todo y negó que el sector recibiera influencias del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y del Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados, que conducen Raúl Castells y Nina Peloso, "aunque Vilma Ripoll y Peloso hayan adherido solidariamente a la protesta", según dijo a LA NACION.

"Además, los fallos de la Corte Suprema de Justicia dan a los delegados y a las organizaciones simplemente inscriptas una libertad sindical que supera los caprichos de cualquier Moyano", ejemplificó a LA NACION el secretario adjunto de la CTA Capital, Carlos Chile.

Comentá la nota