Los demócratas sueñan con el poder total

Además de la Casa Blanca, apuestan a lograr una amplia mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes
WASHINGTON.- El triunfalismo de unos es tan intenso como el derrotismo de los otros. Entusiasmada con el avance de su candidato presidencial, Barack Obama, la oposición norteamericana apunta a provocar, dentro de ocho días, un terremoto electoral tal que le permita dar luz a ?Obamaland?: una nación gobernada por los demócratas desde la Casa Blanca y desde un Congreso de mayorías totales.

Las encuestas indican que ese escenario no es descabellado. Y los republicanos se deprimen ante la posibilidad de que ?los progresistas dominen todas ramas del gobierno sin control?. El único dejo de optimismo viene, de hecho, de John McCain.

Además de elegir al sucesor de George W. Bush, los norteamericanos votarán el 4 de noviembre para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de las 100 bancas del Senado. Los demócratas ya cuentan con la mayoría en ambas cámaras, pero la suya es una ventaja estrecha, en especial en el Senado.

En la Cámara de Representantes, 235 asientos están en manos demócratas. Nancy Pelosi, titular del órgano y una de las dirigentes opositoras más repudiadas por los republicanos, busca sumar, por lo menos, otros 20.

En el Senado, sin embargo, los demócratas ocupan 49 escaños, como el oficialismo. Tienen, de todas formas, una pequeña ventaja porque los dos senadores independientes suelen votar con el bloque opositor.

Y ahora, energizados por la impopularidad de Bush y por el impacto de la crisis financiera, los demócratas intentan alcanzar un número mágico: 60.

Con 60 senadores, los demócratas podrían evitar un filibuster , la maniobra retórica que permite obstruir una votación y demorar el proyecto hasta que se acaba el tiempo legislativo.

Ese número mágico conduciría a los demócratas a revivir el poder casi total que tuvieron durante las presidencias de Franklin D. Roosevelt y de Lyndon B. Johnson. Los legados de ambos mandatarios ?el del primero, en asistencia social; el del segundo, en derechos civiles? aún perduran en Estados Unidos.

Para alcanzar ese número, los demócratas deberían ganar varias de las 20 bancas del Senado que los republicanos ponen en juego en estas elecciones sin perder las propias. Piensan hacerlo con un ?terremoto electoral que cambiará el mapa político norteamericano?.

?Nada será lo mismo en Washington después de este huracán electoral?, dijo la semana pasada James Carville, estratego de la victoria de Bill Clinton en 1992. Las armas demócratas para hacerlo son muy similares a las que usaron los republicanos para lograr la victoria de Bush en 2004. Son ?copiadas?, suele decir incluso el arquitecto de la reelección del actual presidente, Karl Rove. Una campaña casi científica, la movilización de las bases y de decenas de miles de voluntarios en cada uno de los estados y una recaudación de fondos que quintuplica la de McCain son los pilares de los demócratas para alcanzar el poder total.

Claro que los propios republicanos (y Bush) parecen ayudar a su manera.

?Creo que nadie se dio cuenta de que esto iba a ser tan complicado. Arrastramos la carga de una presidencia muy impopular y de una crisis financiera?, reconoció la semana pasada el senador republicano John Ensign, director del comité de campañas senatoriales de su partido.

Tan pronunciado parece ser el declive republicano que algunos de sus senadores más representativos están a un paso de la derrota. Entre ellos está Elizabeth Dole, ex precandidata presidencial y esposa de Bob Dole, que compitió por la Casa Blanca con Clinton en 1996. Dole llegó al Senado en 2002 y ahora busca la reelección en Carolina del Norte, un estado históricamente republicano. Pero la crisis angustia a los norteamericanos y la senadora va segunda en los sondeos locales.

Por eso su campaña lanzó este fin de semana un aviso que, como si diese por sentado que McCain perderá, invita a los republicanos a impedir el poder total sobre el Congreso y la Casa Blanca. ?Estos progresistas quieren quedarse con el control de todas las ramas del gobiernos en un tiempo de crisis?, dice el aviso.

De la misma manera que corre peligro en Carolina del Norte, el oficialismo puede perder bancas en otros estados republicanos: Virginia, Alaska, New Hampshire, Kentucky, Georgia y Mississippi.

De ganar y contar con una supermayoría en el Senado, Obama podría construir su legado con más tranquilidad que sus antecesores inmediatos. Una herencia que los demócratas ya piensan apuntalar sobre algunos pilares: asistencia médica, impuestos, energía y seguridad nacional.

Ayer, sin embargo, varias voces oficialistas y demócratas advertían a los asesores de Obama que no fueran tan optimistas: en el caso de obtener la supermayoría y de no poder resolver los problemas de los norteamericanos y la crisis económica, los demócratas no podrían responsabilizar a nadie de sus fracasos. También McCain se encargó ayer de advertir a su contrincante que el triunfalismo es peligroso.

?Las encuestas me muestran mucho más a la zaga de lo que realmente estoy. Dentro de dos semanas nos habremos dado cuenta de que esta carrera fue mucho más cerrada de lo que parece y que yo habré ganado?, dijo ayer.

Un sondeo de Reuters/C-Span/Zogby le dio cierta razón ayer. En los últimos días, el senador habría logrado reducir a cinco puntos la ventaja de dos dígitos que Obama le llevaba. ?McCain comenzó a ganar fuerza cuando se concentró en hablar de la economía?, explicó ayer John Zogby, director del sondeo.

Criticado por su partido por no prestar atención a las carreras legislativas, McCain afirma que su instinto nunca falla y que esta vez le dice que va a ganar. Si el instinto no lo traiciona, tal vez McCain logre pulverizar el sueño demócrata de una ?Obamaland?, pero probablemente dirija una Casa Blanca completamente limitada por un Congreso opositor.

CÓMO VOTAN

DOUGLAS SCHULKE

Veterinario, 71 años

"Voto por Obama porque creo que es el que tiene el plan de cobertura médica más extensivo y este país lo necesita con urgencia. McCain no tiene chances; es muy viejo y el trabajo de presidente debe de ser agotador. Tiene la misma edad que yo y sé cuáles son nuestros límites a esta altura. La crisis financiera no me afectó porque no tengo mi plata de jubilación en fondos de pensión. Hace mucho compré una granja en Iowa y eso me permite vivir bien"

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