“Hay democracias jóvenes que sí respetan sus instituciones”

Especialistas opinaron sobre la baja calidad institucional argentina y opinaron sobre cómo fortalecer al Estado.
ANÁLISIS. En el primer cuarto de siglo de plena democracia Argentina no logró establecer una sociedad con calidad institucional. Ese es un diagnóstico en el que coinciden historiadores, politólogos, sociólogos. La misma clase política refresca una y otra vez la idea de la necesidad de elevar las instituciones por encima de los intereses personales o partidarios, convirtiéndolas en instrumentos del bien común. Pero ya en el campo de batalla las ideas cambian, y los gobiernos de turno intentan orientar las funciones y el trabajo de las instituciones democráticas en pos de su propio provecho. Y quienes no gobiernan también buscan saciar sus demandas por medio de esas instituciones, que terminan viéndose sometidas a pugnas sectoriales que suelen tener poco que ver con el bienestar del conjunto de la ciudadanía.

Tenemos instituciones débiles. ¿De quién es la responsabilidad? “Hace poco que vivimos en democracia”, responden algunos. “Hay que dejar de justificar las imperfecciones del sistema con la juventud de la democracia. Lo cierto es que no tenemos un verdadero respeto por el conjunto de las instituciones de la sociedad”, explica Adolfo Cueto, historiador mendocino y ex decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

Hay ejemplos de otras democracias igual o más novatas que la de nuestro país, cuyas instituciones tienen un profundo respeto, no sólo de la clase dirigente, sino de la población en general. “Chile es un gran ejemplo, que aunque tiene otros defectos, profesa un profundo respeto hacia las instituciones que se traduce en calidad democrática”, opinó Cueto.

“Muchos países tienen problemas, no creo que se trate de una cuestión de tiempo, sino que lo que se necesita es voluntad política para tener un Estado más transparente y eficiente. Pero la realidad indica que, al menos a nivel gubernamental, siempre se busca orientar el trabajo de las distintas instituciones a las necesidades del poder de turno”, comentó Patricia Sacchi, licenciada en Ciencias Políticas y docente en varias universidades locales. “La Legislatura, o está subordinada al Poder Ejecutivo si la mayoría de los legisladores pertenecen al partido político gobernante, o se dedica a oponerse sistemáticamente a las propuestas de un Gobierno de otro distinto color político. La justicia, al menos, se ha vuelto un tanto más autónoma, aunque muchas veces carece de herramientas”, agregó.

“Hay que dejar de denostar a todas las instituciones, como el Estado, la iglesia o la familia. Las personas se equivocan, pero pasan. Se debe respetar desde la maestra hasta el presidente. Hay que cambiar”, concluyó Cueto.

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