La democracia necesita un Instituto Nacional Electoral

Por: Dante Caputo y José Octavio Bordón

Es necesario revertir las deficiencias que se advierten en nuestros procesos electorales, mejorando la transparencia y asegurando la igualdad entre las fuerzas que compiten

Hay buenas razones que nos decidieron a escribir juntos este artículo. Nuestras militancias han sido en partidos que a lo largo de los últimos 60 años se han enfrentado frecuentemente. Venimos, como solemos decir coloquialmente, de "tribus" distintas, uno como canciller radical, otro como gobernador peronista. Pero uno y otro hicimos del diálogo y el entendimiento una costumbre inseparable de nuestra relación política. Hace 25 años que discutimos, discordamos, tratamos de entender las razones del otro y terminamos, por lo general, con una mirada similar sobre lo que pasa en nuestro país y, sobre todo, hacia donde deberíamos ir. Esta vez, nos pareció útil abrir nuestra conversación, usarla ¿ luego de la reciente experiencia electoral- para inducir un debate que creemos necesario: cómo perfeccionar nuestro proceso electoral, cómo reflejar de la manera más precisa posible la voluntad del pueblo.

Si bien hemos hecho muchos progresos durante estas décadas de democracia, no podemos seguir transitando campañas electorales donde subsiste, fundada o no, la sospecha del fraude que ahoga la discusión sobre los proyectos y las políticas, donde aquel que posee más recursos tiene las de ganar, donde algunas encuestas son utilizadas como herramienta de propaganda y donde los debates y propuestas no ocupan ni lejanamente el centro de la escena. Una reforma política para mejorar la transparencia del proceso electoral, asegurar la igualdad de oportunidades entre las fuerzas que compiten, enriquecer el contenido de las campañas y apuntalar así la representación política, debe ser tratada y debatida en nuestro país. Ya se ha contado con iniciativas como la propuesta de la boleta única. Hemos decidido, por nuestra parte, arriesgarnos a presentar las bases de esa reforma esperando que ella sea seguida de debates y sobre todo de los acuerdos para producir algunos cambios que nos parecen indispensables.

Los organismos electorales tienen un papel central en asegurar que los procesos sean lo suficientemente válidos para afirmar el derecho al voto, uno de los pilares de la democracia. Por eso proponemos, inspirados en el ejemplo de México desde 1990, la creación del Instituto Nacional Electoral (INE), organismo independiente del Poder Ejecutivo y con el control democrático del Congreso de la Nación, encargado de la administración electoral, de asegurar el cumplimiento de las reglas de competencia electorales y las condiciones de equidad, y mejorar el contenido de las campañas y el derecho de información del votante estableciendo regulaciones sobre las encuestadoras, promoviendo los debates y aumentando las exigencias sobre las plataformas electorales.

El diseño institucional del INE debería basarse en los principios de independencia y autonomía. Se formaría un cuerpo de funcionarios profesionales especializados, con ingreso meritocrático mediante exámenes como es el caso del Instituto del Servicio Exterior de la Nación.

Las funciones del INE serían, en primer lugar, la administración electoral, hoy en manos del Ministerio del Interior y de la justicia electoral. Esto incluye todos los aspectos relacionados con la organización del acto electoral -incluidos los plebiscitos- como, por ejemplo, recibir y aprobar las candidaturas de los partidos; elaboración de materiales necesarios para las elecciones; gestionar el escrutinio; nombrar autoridades de mesa; confección de padrones; entrenar a los funcionarios electorales; asegurar el respeto de ley de cupos y proveer de información al público sobre temas electorales. Asimismo, desde el INE se debería incorporar tecnología para agilizar los procesos electorales, garantizando un proceso licitatorio transparente.

Por otro lado, el INE debería también garantizar el respeto de las reglas de competencia electorales y las condiciones de equidad. Mediante la creación de una Unidad de Fiscalización, se ocuparía de controlar con el mayor rigor posible el uso de recursos de los partidos políticos, los gastos y financiamiento de las campañas, y aumentar el pedido de informes a los partidos. Paralelamente, debería ampliar y administrar el Fondo Partidario Permanente para garantizar condiciones mínimas de igualdad de oportunidades.

La relación entre la política y el dinero debe ser severamente vigilada para evitar influencias mal habidas, particularmente con el delito organizado. Las diversas funciones señaladas deben estar acompañadas con mayores controles y exigencias sobre la vigencia de los partidos. El INE debe también hacer respetar la duración de las campañas y establecer límites a la difusión de la propaganda gubernamental durante el tiempo de la campaña.

Finalmente, debe haber una mayor regulación del número de spots publicitarios en radio y televisión. Por último, entendemos que el INE debe promover el mejoramiento del contenido de las campañas electorales y el derecho de información del votante. Proponemos aumentar las exigencias y los requisitos sobre las plataformas electorales de los partidos políticos. Textos de tres o cuatro páginas no pueden constituir de modo alguno la propuesta de un partido al votante. El INE se encargaría de promocionar, organizar y realizar los debates, a uso y semejanza de la Comisión para los Debates Presidenciales en los Estados Unidos, establecida en 1987. La aceptación a participar en los debates organizados por el INE podría ser un requisito legal de la contienda electoral.

Somos testigos que en democracias en construcción, como República Dominicana o Panamá, han edificado instituciones electorales ejemplares, de gran dignidad, independencia, confiabilidad y eficiencia. No implica crear nuevas burocracias. Se trata de reordenar recursos y de invertir tiempo e imaginación para asegurar que la voluntad de los ciudadanos pueda expresarse con las menores interferencias posibles, para decidir qué proyecto político gobernará la Nación y optar así por el rumbo de nuestra sociedad. Otros lo hicieron, ¿qué nos lo impide a los argentinos?

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