Democracia, justicia y el enrarecido clima social advertido por la Iglesia

Con frecuencia la sociedad observa que la Justicia es burlada por la impunidad. En julio de 2009, el Consejo de la Magistratura de la ciudad de Buenos Aires descubrió copiándose a dos concursantes para el cargo de secretario de juzgado. La sanción que les impuso fue que no podrían concursar para ningún cargo en el Poder Judicial porteño durante cinco años.
Sin importar esa decisión, todo lo contrario, ambos son actualmente prosecretarios interinos en el Poder Judicial de la Nación. Luego del controvertido examen, uno entró a trabajar en la Corte Suprema de Justicia, donde conocen su situación, y el otro en la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal, al amparo del padre de su compañero de examen.

La semana pasada el piquetero Luís D'Elía fue absuelto luego del juicio que se le siguió por la marcha que organizó de Liniers a Plaza de Mayo, en demanda de candidaturas para las últimas elecciones legislativas.

La jueza Cristina Lara lo absolvió, al sostener que hay confusión y desconcierto entre los actores judiciales acerca de a quién hay que avisar antes de realizar una manifestación. Desafiando a la Justicia, el piquetero se jactó de ser casi un intérprete de las normas, al señalar que "el derecho a peticionar está por encima del Código Contravencional, que es anticonstitucional". ¿Es que no existe entonces el derecho constitucional a transitar libremente por las calles?

Injusticia e impunidad

La reiteración de episodios de injusticia e impunidad genera un escenario de inseguridad y desconfianza que provoca, ante la falta de señales claras, un estado de desaliento en el humor social.

Todo se revierte cuando reina la impunidad y los ejemplos palmarios pasan a ser los de quienes han sabido evadir la justicia y la condena social. La democracia no debe ser debilitada sino fortalecida. Cuando la impunidad se convierte en rutina y la conducta de cierta Justicia declina en sus responsabilidades, el escepticismo y el desinterés social van corrompiendo los fundamentos básicos de la democracia republicana.

Resulta imperioso que la Justicia nos recuerde la obligación de asegurar la observancia de las normas legales vigentes y renueve en todos sus cuadros el compromiso de la independencia y la imparcialidad de opinión. La ciudadanía, por su parte, debe abandonar el letargo y demandar de jueces y funcionarios el cumplimiento de las obligaciones que les compete.

Clima enrarecido

El clima enrarecido que se vive en el país -muy especialmente en Buenos Aires, Capital- revela lo que no se debe hacer desde el poder a menos que se busque profundizar las diferencias que existen entre distintos sectores de la sociedad para generalizar un desorden que impide el trabajo ordenado y arrastra a distintos grupos a las expresiones callejeras.

La SIP, no fue ajena a las agresiones verbales de estos días, por ello al finalizar sus deliberaciones, denunció una campaña de hostigamiento contra los medios. Idea que en los últimos días de deliberaciones, fue expresada por dueños de medios de otros países. Los agresores verbales no tenían ningún derecho de proceder una manera que hacen quedar mal al país.

Pero fueron días en los que los errores del poder quedaron en la superficie de los hechos. Al hablar de la Ley de Medios, el vicepresidente de la Nación Julio Cobos dijo en la clausura de la 65 Asamblea de la SIP que "deberá ser revisada en tiempos venideros". Ese gesto de sinceridad, pese a su cargo en el gobierno, fue muy bien recibido por todos los editores presentes

Una oposición en grupos

También esta reunión debió soportar la oposición de grupos que trataban de invalidar sus actividades con condenaciones que nada tienen que ver con la realidad. Olvidan esos grupos -para algunos enviados por Néstor Kirchner- que la comunicación entre países con objetivos comunes es una de las señales más claras de la tendencia hacia la unidad de países y continentes. Cobos tuvo varios aciertos.

Fue muy terminante cuando condenó el bloqueo de los camioneros a las plantas impresores de Clarín y La Nación al decir que "fue un hecho lamentable que debe ser condenado políticamente" a la vez que reclamó "la intervención de quien ejerce la responsabilidad de garantizar el derecho a trabajar libremente, no sólo por parte de la policía sino, también, de la Justicia".

E, hizo un alerta fundamental y es que el "Estado no puede destruir la libertad de expresión". Y lo hizo, en momentos en que la presidente Cristina Fernández de Kirchner castiga permanentemente en sus discursos a los medios de difusión.

Las protestas "provocadoras"

Horas después, Cristina Fernández de Kirchner consideró que las protestas de los últimos días fueron "amplificadas" y "provocadas" -responsabilizó una vez más a los medios- y denunció un plan de desestabilización en marcha. Dijo que surgieron "hechos puntuales" que buscaron "poner de mal humor a la sociedad".

Y, enfatizó que "todos tienen el derecho legítimo de aspirar a ser presidente, pero debemos acostumbrarnos a que la forma de llegar es votando cada 4 años y no a través de crear situaciones muchas veces amplificadas".

Los observadores políticos coincidieron en que el ex gobernador Eduardo Duhalde fue el destinatario de varias críticas presidenciales. Cristina Fernández de Kirchner utilizó, por primera vez, la expresión "desestabilizar".

Durante los gobiernos que actúan linealmente, es raro que se detengan a pensar qué quiere la ciudadanía. Hoy hablan de un nuevo modelo –que nadie entiende- cuando los argentinos aspiran a vivir en paz, algo que los dirigentes no entienden porque en el ruedo político se vive en permanentes contiendas.

Lo más grave

¿Alguien pensó años atrás que la Argentina iba a clamar por seguridad? Seguramente, no, pero hoy es una demanda generalizada sin la menor respuesta oficial. Por ahora para el gobierno es la prensa que "amplifica" las situaciones. Saben que no es así pero insisten la existencia de un supuesto plan de desestabilización porque les conviene enrarecer el clima.

No obstante tiene defensores como el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli quien dijo que: "hay muchos que quieren distraer la atención y tratar de generar un clima de inestabilidad e incertidumbre para tapar otras cuestiones que están bien encaminadas".

La vida no es fácil en ninguna parte del mundo pero, en los países desarrollados, se superan con dos atributos básicos: el respeto por la verdad -sin negaciones desde el oficialismo- y la creación de fuentes de trabajo destinadas al bien común.

Escalada de conflictos sociales

Ante las dificultades para resolver la escalada de conflictos sociales, encabezados por sindicalistas y piqueteros enfrentados con la Casa Rosada, el razonamiento que ahora se formula el oficialismo es que la oposición y los medios magnifican y potencian el clima de tensión para mostrar al Gobierno debilitado.

Se trata de una premisa errada, ya que la oposición los medios y la mayoría de los argentinos desean vivir en democracia, donde los problemas sean resueltos y no dilatados, los disensos sean respetados y se abandone la idea de que quien piensa distinto al Gobierno es un sujeto desestabilizador. Según un trabajo de la Consultora Ipsos Mora y Araujo, el 88% de los argentinos da por hecho que hay un escenario de conflictividad social y el 91% cree que el Gobierno debe actuar y dejar de estar ausente.

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