"El delito y la droga están presentes en las listas de Francisco de Narváez".

La líder de la Coalición Cívica afirma que las diferencias entre el Gobierno y el candidato de Unión PRO responden a una "pelea de bandas". "Por eso se tiran con la efedrina", denuncia. Sus críticas a la izquierda y a Fernando "Pino" Solanas.
Usted dijo que el establishment quiere en la Presidencia a alguien parecido a Néstor Kirchner. ¿Incluye allí al Grupo Techint, ahora enfrentado con la Casa Rosada pero que en su momento contribuyó al ascenso del kirchnerismo?

–Las apuestas del establishment en la Argentina han demostrado una profunda confusión sobre el destino de la Nación. Los personajes a los que apoyaron se los llevan puestos a ellos y también a las inversiones que se realizan a mediano y largo plazo. El problema de la Argentina es su clase dirigente, la clase política, empresarial, sindical. Estamos en un país degradado por la mentira, por la confusión, por la corrupción, por la prebenda, por el privilegio. Degradado por la inseguridad jurídica y la falta de justicia. No es casual que la inseguridad que vive la población sea tremenda. La gente está fuera del sistema, con el narcotráfico habilitado y circulando por la provincia de Buenos Aires. Tengo una enorme esperanza en el 28 de junio. Mario Negri (el dirigente radical de Córdoba) me recordaba que la única mancha a lo largo del país que tiene una personalidad distinta, con todos los fracasos y errores a cuestas, la única mancha que no representa una pelea infernal entre dos bandas del PJ, es el Acuerdo Cívico y Social. Eso lo hicimos en menos de seis meses. Es lo que hay, pero es lo único que hay. Esto, que claramente lo percibe el interior y que todavía no se percibe tan claro en la Capital y la provincia, ojalá que se perciba en los días que faltan para las elecciones. El principal problema es que la provincia de Buenos Aires puede quedar entrampada y, consecuentemente, entrampar a la Nación en una pelea de bandas del narcotráfico que ya está declarada.

–¿Le teme al poder de daño de Kirchner?

–No. Estamos viviendo el fin del kirchnerismo. Lo que no significa que pueda ser el fin del régimen, ya que se puede cambiar una banda por otra. El conurbano es delito, droga y política. Por eso se tiran por la cabeza con la efedrina. Hoy es el Gobierno contra Francisco de Narváez, mañana puede ser De Narváez contra el Gobierno. Es una pelea de bandas. En el medio hay operaciones fascistas que hoy las hace el Gobierno. Pero si uno ve con detalle, se dará cuenta de que el delito y la droga están presentes en las listas de De Narváez. Primero Kirchner contra Eduardo Duhalde y ahora Kirchner contra De Narváez. Hace varios años que el pueblo de Buenos Aires vive preso de la inseguridad y la pobreza, y ahora se enfrenta al gatopardismo de siempre. Vamos a pelear hasta el final para salir de esa trampa. Si no fuera así, asistiremos a una pelea entre ellos. Antes y después del 28 de junio.

–¿Le ve chances a Kirchner de perpetuarse, quizá como futuro gobernador de Buenos Aires?

–Ésas son especulaciones vacías. No sólo se trata de ganarle a Kirchner, importa de qué manera se le gana. Lo cierto es que Kirchner puede recomponer el poder con gobernadores o diputados que hoy forman parte de la oposición. No se olvide que la alianza de De Narváez se rompe el 28 de junio. De esa alianza ya se bajó Duhalde, ya está rota con Felipe Solá. Estamos en problemas. Enfrentamos las últimas tres semanas clave en Buenos Aires.

–¿Por qué cree que algunos progresistas continúan cerca de Kirchner?

–Es muy difícil no ser seducidos por la política de derechos humanos. Los que participábamos de esa lucha sabíamos que los Kirchner no querían la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Creo que la izquierda ha renunciado a la crítica y cuando eso sucede no se puede analizar nada.

–¿Reivindica las decisiones de este gobierno en los temas de derechos humanos?

–Uno puede reivindicar la política de derechos humanos pero no se puede pasar por alto la corrupción del Ministerio de Infraestructura, ni el apoderamiento corrupto por parte de Kirchner de los resortes de la economía. Creo que esto forma parte de la teoría de algunos ex "montos" que decían que parte de la revolución que había que llevar a cabo era apoderarse, con una red de amigos, de una burguesía económica. Me parece que el autoengaño forma parte de todos los sectores. Los sectores liberales se autoengañaron con el menemismo, creyéndolo parte del liberalismo. Algunos sectores setentistas se engañan pensando que el kirchnerismo es progresismo. Cuando las clases intelectuales y dirigentes de una sociedad renuncian a la lucidez, no pueden encontrar la emancipación en ningún lugar.

–Usted no oculta su pasado en la Alianza de la que se convirtió en opositora. Muchos de los que la rodean no son tan autocríticos. ¿No exige a los demás la misma actitud?

–Es lo que hay. Con sus errores o fracasos, esto es lo que hay. A mí me exigen más que al resto porque por algo tengo el liderazgo que tengo. Los que me dicen que soy incoherente no me pueden encontrar un voto cuestionable en el Congreso. Cuando Fernando "Pino" Solanas me dice que yo abandoné la pelea por los recursos naturales, le recuerdo que yo soy autora de la Ley de Tierra. Yo denuncié el saqueo de Repsol, soy la única que con la Comisión Nacional de Valores paré en España y en Nueva York la salida de acciones. Somos los únicos que denunciamos la transferencia de acciones de Repsol a Eskenazi. A Solanas yo lo vi reu-nido con De Vido apoyando la creación de Enarsa, de la que nosotros decíamos que sería una oficina de coimas. La única denuncia penal sobre la pesca en la Argentina la hizo la Coalición Cívica. Las denuncias por el saqueo minero de Pascua Lama y Bajo la Alumbrera son nuestras. Cuando me dicen que me corrí. ¿Adónde me corrí? No me corrí a ningún lado. Los que lo dicen no estaban en esa pelea. Sólo una cuestión de imagen puede llevar a alguien a decir algo así. Solanas es injusto en eso. No tengo el criterio chauvinista de esta izquierda burda que curiosamente proviene de un origen internacionalista y que hoy renunció a la búsqueda de la emancipación. Los peores populismos latinoamericanos utilizan el nombre de la izquierda para justificar la demagogia, el clientelismo y la esclavitud de los pobres. Uno va buscando los criterios de emancipación y nunca termina de encontrarlos. En eso está la utopía de la izquierda. Siempre buscar la libertad y la igualdad en contextos diferentes. Cuando se renuncia a esa búsqueda, uno se convierte en un viejazo. Eso sí, ha dejado de ser de izquierda. Izquierda en tanto crítica.

–¿Considera que la clase media independiente, progresista, incluso peronista la acompañará electoralmente?

–Yo tengo muchos más votos en la provincia que en la Capital Federal. Allí saqué casi siempre más de 2 millones de votos. En la última elección casi 3 millones, un montón. Creo que eso se debe a mi fuerte inserción entre las mujeres del peronismo pobre que saben que tengo un fuerte compromiso cristiano. La opción por la pobreza no tiene ninguna discusión. El problema es el camino. No creo que la lucha de clases sea el camino. No creo en el basismo, porque así se enfrenta al poder y se termina retrocediendo. No hay que exponer a los pobres; demasiado heroicos son al sobrevivir con un plan social. El camino es la integración de las clases. No en un sentido tutelar por parte de las clases medias o altas, pero las puertas de la cárcel la abren los que están afuera de ella. Ésa es la gran diferencia que tengo con algunos pensamientos progresistas. Ahora estamos hablando de excluidos y no de trabajadores, exponerlos a ellos me parece de una injusticia increíble.

–Cuando critica al kirchnerismo casi nunca cuestiona a Cristina Fernández. ¿Por qué?

–En atención a lo que decía José Luis de Imaz en los años 60, los que mandan. En ese espacio de los que mandan ella no está incluida. Ella es la esposa.

–Pero es responsable.

–Absolutamente, pero yo peleo contra los que mandan. Creo que a Cristina le dan una entidad política que ella nunca tuvo. Un rasgo de independencia que nunca tuvo. Ella nunca hubiera sido senadora por Santa Cruz si no hubiera sido la esposa de Néstor Kirchner. Y fue Presidenta por ser esposa. Lo mejor que yo hice fue sostenerla institucionalmente. No quiero ser funcional a ninguna estrategia golpista.

–Usted viene hablando de golpistas desde el año pasado. ¿De quiénes habla?

–Los de siempre, que no es la gente del campo. Los de 2001, el duhaldismo, los devaluacionistas. Como el año pasado la Coalición Cívica, el socialismo y el radicalismo se corrieron, eso se paró. De esto no tenía idea Cobos. Cuando no vivís la experiencia coorporativa no la entendés. A mí también me sorprendió el 2001. Me parece correcto salvar la institucionalidad presidencial aunque ella haya perdido todo poder. Creo que ellos tienen que terminar muy mal pero democráticamente.

–¿Qué es "muy mal"?

–Ser derrotados por el pueblo en elecciones transparentes; derrotados como se es derrotado en democracia.

–Eso supone que Kirchner aceptará las reglas.

–Estamos jugando al fútbol sin referí y sin reglamento. No podemos jugar como ellos sin respeto por los tiempos de campaña o por el financiamiento. Cuando lleguemos al poder, tendremos la autoridad moral de establecer el reglamento y tendremos la autoridad moral de respetar las reglas. Qué me hablan Mauricio Macri y De Narváez de república y de institucionalidad si ni siquiera respetan la ley electoral. Ellos van a ser iguales que Kirchner. Son una unidad de negocios ganados por la falta de respeto a la ley. De Narváez dijo incluso que su ídolo es Silvio Berlusconi. Tienen una gran añoranza por el dinero y el poder menemista. Eso impide construir un país en serio.

"Julio Cobos todavía es un interrogante"

–Con todas sus fotos, Julio Cobos tiene altos índices de popularidad. ¿Es perdurable?

–La buena imagen puede durar lo que la cultura quiera. Si la cultura es de imagen puede permanecer. El problema es que las imágenes no permanecen en el tiempo, son como las telenovelas: se agotan. Lo que permanece es la legitimidad. Cobos todavía es un interrogante, habrá que ver si es sólo imagen o si está construyendo legitimidad. Eso sólo se verá con el paso del tiempo. Lo cierto es que su encuentro con Francisco de Narváez desmoraliza a la militancia del Acuerdo Cívico.

–¿Cuáles son sus diferencias con el socialista Hermes Binner?

–Con Binner sólo tengo diferencias de estilo. Yo lo quiero a Binner. No desconozco que yo soy una persona difícil. Somos como dos extremos de estilo en el mismo espacio. Las diferencias son problemas de forma, nada más.

–¿El socialismo es la izquierda con la que se siente cómoda?

–Lo que sucedió el año pasado fue muy clarificador para las fuerzas progresistas. Se encontraron gobernando Santa Fe, donde el 80 por ciento es campo, y tuvieron que dar respuesta a eso. La nueva izquierda en Francia no está ligada a La Soborna, sino que está ligada al campo. Han cambiado tanto las categorías conceptuales en los últimos 20 años que si uno queda atrapado con figuras de antaño no puede entender la realidad. El progresismo, que es el que más habla de diversidad, sólo se banca lo idéntico. Ser seguro es ser seguro en la diferencia, lo otro es mimetización.

Los populismos y el poder latinoamericano

-Cuando usted habla de populismos latinoamericanos, ¿incluye allí a Evo Morales?

–Bolivia no es Venezuela y no hay que confundirlo. Son procesos completamente diferentes. Evo es la cara de un proceso indigenista muy interesante. Está claro que representa a un sector social mayoritario en el país y postergado a lo largo del tiempo. Pero no se puede construir el futuro de ese país negando a los blancos, que llevan allí más de 400 años. Hay una contradicción por resolver: el peso de quienes tienen el poder económico y el peso de quienes son la clase mayoritaria. Sería muy interesante que Bolivia pudiera encontrar una salida como la de Sudáfrica. Creo que la Argentina y Brasil tienen que ayudar a que Bolivia encuentre su modelo en paz.

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