Delirante: lo quieren echar por cumplir con la ley

Por Roberto Cachanosky

Resulta realmente delirante la conflictiva situación entre el presidente del BCRA y la presidenta Cristina Fernández. La esposa de Néstor Kirchner le pide la renuncia a Martín Redrado porque no quiere entregarle los U$S 6500 millones de reservas para que el matrimonio los dilapide. Pero la razón de fondo no es que Redrado pueda estar preocupado porque dilapiden las reservas, dado que ya han dilapidado bastantes recursos y nunca se lo escuchó hacer mención del tema. Lo delirante es que una de las pocas causas por las cuales los integrantes del directorio del BCRA podrían ser removidos sería por incumplimiento de la Carta Orgánica de dicha institución, recordando que dicha Carta Orgánica es una ley de la Nación.

Ahora bien, Martín Redrado no puede entregarle las reservas excedentes que inventó el Gobierno porque: a) no existen tales reservas excedentes y b) la Carta Orgánica del BCRA (una ley nacional) dice textualmente que "En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera el Banco no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo nacional".

Es decir, Cristina Kirchner quiere la renuncia de Redrado porque el presidente del BCRA quiere cumplir con la ley. Claro, la ley en el sentido de una democracia republicana como la que entendemos y queremos vivir la mayoría de los argentinos. En el caso de los Kirchner la ley son sus caprichos, arrebatos y avasallamiento de las instituciones. El matrimonio es una verdadera cuadrilla de demolición de las instituciones.

En su profunda ignorancia en temas económicos, el senador Pichetto sostuvo que el BCRA no puede ser independiente del poder Ejecutivo como ocurrió en los 90. Claro, Pichetto se olvida que cuando el BCRA dejó de ser independiente logró el récord de destruir el peso moneda nacional, el peso ley 18.188, el peso argentino, el austral y éste que está en terapia intensiva. Cuando el BCRA pasó a depender de los caprichos del gobierno de turno, tuvimos inflación, megainflación e hiperinflación.

Justamente por eso se equivoca Aníbal Fernández cuando dice que las reservas no las juntó Redrado, sino que las juntó el Gobierno con políticas económicas pensadas por Néstor Kirchner y después ratificadas por Cristina Fernández. La verdad es que tampoco es para darle el premio Nobel de Economía a Kirchner, ni quedó en coma cuatro por pensar, como dice Fernández, las políticas económicas, dado que lo único que hizo Redrado fue emitir moneda a una tasa descomunal para sostener el tipo de cambio en el nivel que deseaba Kirchner. En todo caso, las políticas pensadas por Kirchner para juntar reservas fueron las que generaron el fenomenal proceso inflacionario que estamos viviendo, con la consecuente caída del ingreso real, la pobreza y la indigencia. Y tampoco puede hablarse de una genialidad de Kirchner el haber tratado de esconder los nefastos resultados de esa política inflacionaria con controles de precios, prohibiciones de exportación y la destrucción del Indec.

De la misma manera, tampoco es una genialidad de Martín Redrado mostrar reservas que no existen. Poner en ellas los encajes en dólares que las entidades tienen que constituir en el BCRA por sus depósitos en dólares, contrarrestar parte de la emisión monetaria para comprar reservas con Lebacs, Nobacs y pases pasivos no es otra cosa que comprar reservas contra deuda. No informar la deuda con el Banco de Basilea ni las ventas a futuro son estrategias tipo Moreno que no contribuyen en nada a la transparencia de información que debería ser de público conocimiento.

Ahora bien, ¿cuál es el conflicto de fondo? Por un lado los Kirchner están desesperados por caja. Llevaron el gasto público hasta niveles récord en cantidad y pésima calidad. Ese nivel de gasto hoy es infinanciable a pesar de la estatización de las AFJP y nuestros ahorros, de la formidable carga tributaria que soportamos y del invento de las transferencias de utilidades del BCRA al tesoro por diferencias de cambio. Lo que necesitan los Kirchner es más plata y por eso quieren ir por las reservas.

Por otro lado, Martín Redrado se encuentra en una situación complicada porque si obedece a los Kirchner estaría violando la ley. Primero por no ser independiente del poder político, segundo porque no existen las reservas excedentes y tercero porque las reservas no podrían destinarse a gastos corrientes como pretende el matrimonio. Es decir, estaría violando la ley, por lo menos, en tres aspectos, con el riesgo adicional de que si Redrado transfiere reservas para financiar gastos corrientes los hold outs tendrían todas las razones jurídicas para pedir el embargo de las reservas.

Bajo el sistema monetario como el que tenemos y que rige en buena parte del mundo, el respaldo del papel moneda ya no lo otorgan las reservas en oro, sino la calidad de las instituciones jurídicas, políticas y económicas. Algo que los Kirchner, como decía antes, sistemáticamente se encargaron de demoler. Pregunta: ¿qué calidad de respaldo institucional tendría el peso con los Kirchner?

Es obvio que el matrimonio va avanzando constantemente sobre todo lo que puede. Destruyó al sector ganadero con tal de tener, por un tiempo, carne barata. Hizo lo mismo con los lácteos. Aniquiló el escaso mercado de capitales que generaban nuestros ahorros en las AFJP. Quiso esquilmar al sector agrícola con la 125 y ahora van por las reservas del BCRA. El próximo paso será confiscar ahorros, ordenarle a otro presidente del BCRA que emita moneda para financiar al tesoro o la medida más insólita que uno pueda imaginar.

En síntesis, no sorprende que los Kirchner se enojen con Redrado por no querer entregarle las reservas del Central. Es solo una mancha más en el aniquilamiento de las instituciones. En caso de lograr su objetivo, solo cabe esperar otro destrozo monetario e inflacionario que, como es obvio, lo terminarán pagando los sectores de menos ingresos, siendo que la inflación es el impuesto más regresivo.

Los Kirchner están desesperados por caja. Carecen del apoyo de la población. Tiene el mismo nivel de confianza que tenía De la Rúa en noviembre de 2001. Por eso, nada tienen que perder si redoblan la apuesta en su avasallamiento de las instituciones, porque primero están sus objetivos políticos, siendo el bienestar de la población y la prosperidad del país algo totalmente secundario en sus ambiciones autocráticas. Y si para ello tienen que generar una estampida inflacionaria dejándole el problema al próximo gobierno, lo harán sin piedad.

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