Un "Deliberante" que no delibera

El veloz trámite del proyecto que privatiza la gestión del cobro de los derechos por publicidad y uso del espacio público preanuncia un periplo bastante "ejecutivo" para otros temas de peso que durante este mes serán tratados por el Concejo Deliberante, como las modificaciones al Código de Planeamiento Urbano y el presupuesto municipal para el año 2010.
A esta última norma, pilar de la gestión, los concejales la conocieron, en primera instancia, a través de los medios. Al menos la amplia mayoría de ellos, incluyendo a los oficialistas.

Este antecedente "periodístico", sumado al escueto texto de la ordenanza privatizadora, transmiten la impresión de que el cuerpo deliberativo tendría la función más bien legitimadora de decisiones previamente armadas por el Ejecutivo. Esto no es ninguna novedad en nuestra democracia, ni

en otras del mundo. Lo que llama la atención son las quejas que desde el bruerismo se vierten sobre la "falta de trabajo de los ediles". Más allá de los cuestionamientos, muchas veces

legítimos, otras no tanto, que la sociedad tiene hacia los cuerpos representativos, cabe preguntarse de qué le serviría a un concejal, oficialista u opositor, quemarse las pestañas junto a algunos asesores generando propuestas, si en los temas que importan su función consiste en levantar la mano, a favor o en contra, pero sin discutir demasiado.

Si la transparencia en la gestión es lo que preocupa, nada mejor que habilitar instancias de control que son naturales al sistema democrático, al menos desde la Carta de los Derechos de 1689 que crea el Parlamento británico y le pone límites al poder del rey.

Flaco favor se le hace al sistema de partidos -que ahora se pretende reformar- y a los organismos parlamentarios, pasándolos por encima con la velocidad y la fuerza del rayo.

A casi un mes de la renovación de la mitad del cuerpo, hay quienes en el mismo Concejo aguardan por una mejora en la calidad y la cantidad de las actividades generadas por el deliberativo local. Pero una oposición fragmentada y un bloque oficialista que, por lo demostrado durante bastante tiempo, termina alineándose automáticamente con el Ejecutivo, poco bien le hace a la vida política de la ciudad.

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