La delgada línea que separa al Gobierno de la realidad

El Gobierno de Fabiana Ríos ha comenzado a transitar por una delgada línea. De un lado está la realidad de todos los días y del otro están las claudicaciones de una gestión que emergió a partir de la desesperación popular por cambiar todo.
Si bien la enorme masa del electorado que llevó al ARI de Fabiana Ríos al Gobierno es completamente heterogénea, y la mayoría de ese electorado poco tiene que ver con los principios y la ideología arista, hoy se siente tan defraudado como los hombres de la mejor cepa arista, tal es el caso del ex fiscal mayor Carlos Bassanetti.

Por mas que la gobernadora Ríos haya buscado un par de alcahuetes que salgan a los medios a descalificar a Bassanetti, la enorme mayoría de la sociedad apoya al ex fiscal y fundamentalmente ese apoyo se palpita en cada esquina de la propia Ushuaia.

Cuando el Gobierno largó a rodar el tema del "convenio chino" los primeros indicadores hablaban de una sociedad expectante. Sólo un puñado de la oposición a la que le gusta leer desconfiaba abiertamente del negociado, pero la sociedad aún le daba crédito a la acción oficial.

Hoy esa misma sociedad le está dando la espalda al "convenio chino" y más de la mitad de los habitantes de la isla piensan está impregnado en corrupción, mientras que todo el arco opositor ya está parado en la vereda de enfrente.

Salvo Fabiana Ríos, su marido (el concejal riograndense Gustavo Longhi) y el legislador Manuel Raimboult y sus socios, el resto de los actores piensan como esa mitad de la sociedad. Y lo más grave aún es que con el transcurrir del tiempo, las cosas se están dando del lado en que piensa el doctor Alejandro de la Riva.

"El convenio chino va a terminar tumbando a este gobierno de inútiles y corruptos...", dijo el letrado riograndense en uno de sus arranques de furia.

Lo cierto es que no hay buenas noticias para el Gobierno en este terreno. El "convenio chino" se encuentra estancado y lo que parecía en un principio un salvavidas, teniendo en cuenta la situación financiera del Gobierno, poco a poco ese se está transformando en un flotador de plomo.

La empresa TFPyQ tiene un batallón de abogados estudiando un eventual reclamo multimillonario al Gobierno fueguino, toda vez que la empresa depositó 12 millones de pesos para ejecutar un contrato y el mismo se encuentra enredado en los vericuetos propios de nuestra administración y en la propia torpeza del Gobierno, un escollo difícil de sortear.

Pero no solamente el cuento chino está atravesado por las sospechas de corrupción. El papelón con denuncias de corrupción cruzadas que están haciendo dos funcionarios de primera línea, como lo son el ministro de Trabajo Gustavo Echazú y el secretario de Derechos Humanos Walter Luciani, desnuda la fragilidad de una gobernadora que se limitó a decir que la pelea de los funcionarios es un espectáculo "tristísimo", como si se tratara de dos hombres del Gabinete del gobierno turco. La misma fragilidad de mando demostró la gobernadora Ríos cuando se le consultó sobre la situación del ministro de Gobierno Guillermo Aramburu y su posición en el Concejo de la Magistratura por el caso del doctor Javier Muchnik. "Es la moral del ministro", dijo, como si su gobierno se tratara de una estructura compuesta por compartimientos estancos, o simplemente se tratara de otro funcionario más del gobierno turco.

¿Sabrá la gobernadora lo que ésta ocurriendo con la empresa privada que trabaja la obra del puerto y sobre todo la ingerencia directa de funcionarios de su gabinete interesados en el pago hacia la empresa?

Esta obra es la misma que cuestionó fuertemente el ARI en tiempo de oposición.

"Hay perfume a corrupción", había dicho Raimbault junto a su compañero, el hoy senador nacional José Martínez. Lo cierto es que ese olor que sentía el ARI en tiempo de oposición y que aún persiste es cada vez más intenso.

Claro que el ARI ya no esta en la oposición para percibirlo, ahora tiene otras preocupaciones sin importarle cuan fuerte es el tufillo portuario.

Todo parece indicar que mientras que el escándalo no impacte en el despacho mayor del Gobierno, el problema es de otro.

Se insiste, tal cual ocurre en las estructuras de compartimientos estancos, así actúa la gobernadora Ríos en éstos tiempos, donde la sensación de desgobierno es brutal.

Todo pasa por los sueldos de los empleados públicos, la Provincia se endeuda de a millones para frenar los reclamos de los gremios estatales sin importar lo que ocurra con el sector privado.

Los créditos flotantes (léase descubiertos) en las cuentas corrientes de los privados del BTF se evaporaron como por arte de magia, todo para solventar la deficitaria gestión del ARI.

Hace veinte días atrás la Provincia ardía en llamas porque los empleados públicos habían cobrado una cuota insignificante de sus voluminosos sueldos.

La ayuda de la Nación de 20 millones de pesos más la nueva asistencia financiera prometida trajo paz social en los gremios estatales y todo volvió a la normalidad, ahora la Legislatura se predispone a subir los impuestos al sector productivo y continua relegado en la discusión de fondo.

No hay crédito flotante para el comerciante común y menos para el comerciante grande, no hay crédito de fomento para las Pymes, casi no hay obra pública en marcha -ni en licitación en curso-, la obra privada se redujo a la mitad, el mercado interno esta retraído y lleva perdido mas de 1.500 puestos de trabajos en los últimos 6 meses, las operaciones inmobiliarias están frenadas, mientras que la temporada de turismo vino en baja.

No hay inversión privada importante nueva en la provincia, las grandes inversiones como el shoping en Ushuaia están a punto de paralizarse, las empresas de petróleo han comenzado a rever la inversión planificada. "Estamos bajando un 35 % de lo presupuestado", sostienen desde las petroleras.

El sector privado fueguino viene desbarrancándose día a día, mientras que la única preocupación y excluyente del Gobierno es pagar los sueldos de los estatales, no importa más nada.

Ni al Gobierno ni a esta legislatura devenida a menos le importan los índices de la actividad privada y de hecho no se ha generado un solo proyecto, ni una sola iniciativa que tienda a apuntalar al sector, pero sí hay una discusión sobre el aumento de los impuestos.

La provincia camina por una delgada línea. De un lado está el precipicio cuyo final es tan impredecible como trágico, del otro está el Gobierno del ARI, con un presupuesto millonario, pero administrando la pobreza.

Un Gobierno resentido, sin plan, sin gestión, sin aliento. Su responsabilidad es no desbarrancar, en tanto es necesario que termine su mandato, por el bien de la democracia. Un doble desafío.

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