"Dejé el alma".

Juan Pablo Sorin se retiró del fútbol. La falta de continuidad por distintas lesiones lo fue alejando. "Ahora estoy bien y prefiero irme así, feliz", explica
Dejo el fútbol. Fueron quince años de carrera muy linda en la que siempre dejé todo y me entregué por cada camiseta". Juan Pablo Sorin esperó, probó, pensó y decidió que éste era el momento para que el fútbol profesional pasara al recuerdo. Y si se tomó un tiempo en el silencio que el mismo se proponía cada vez que una lesión lo sacaba de las canchas, fue el reflejo de su carrera: madurar sus decisiones sin los apuros del medio. Como para poder decir que se va del mundo de la pelota "en un momento realmente muy feliz de mi vida. Soy padre".

Elizabetta, con apenas cuatro meses, no sabe cuánta contención significa para su papá que a los 33 años no hará más profesionalmente lo que tanto le apasiona y sabe hacer. La crónica del retiro anunciado se inició en octubre del 2007 cuando la tendinitis crónica en la rodilla obligó al quirófano. Desde ese momento no logró continuidad. Ni siquiera en su renacer de ídolo regresando al Cruzeiro. "Intenté todo. Trabajé y superé lesiones importantes. La realidad es que jugué apenas seis partidos en siete meses. El click se me dio cuando me lesioné antes de los octavos de final de la Libertadores. Me dije que tenía que darme la última chance. Hice pretemporada, entrené y llegué bien para el último clásico y la final de la Copa. Pero no se dio jugar y empecé a madurar la decisión. Más allá del momento, me voy feliz y bien físicamente".

Zurdo, con ida y vuelta, potente, incansable, con técnica, buen cabezazo ofensivo y capacidad para jugar con la misma versatilidad en defensa como en el medio. Su carrera hablará de una explosión en Argentinos y su imagen levantando la copa del Mundial Juvenil 95 en Qatar inaugurando la saga de vueltas olímpicas de Pekerman. Sin pelos largos ni biceps formados, una experiencia en la Juventus (jugó poco pero ganó la Champions) para llegar a la consagración en ese River superganador del 96 al 99. "Sin dudas ése fue uno de los equipos en los que más disfrute jugar", recuerda ahora desde Brasil. Lazio, Barcelona y PSG (en Francia no perdió nunca en cancha), Villarreal, Hamburgo: sí, jugó en cuatro ligas europeas. Aunque, en definitiva, con la camiseta con la que supo identificarse como pocos fue la de Argentina. El fracaso mundialista 02 no lo volteó y antes de que Bielsa se quedara sin energías, se transformó en el "símbolo" del equipo. Con el ADN de Pekerman en la piel, pasó a ser el capitán. Brillos en el Villarreal español (con semi de Champions incluida) para llegar a Alemania 2006 ilusionado con una sueño que pudo ser. Quiso pelearla en el Hamburgo alemán, pero llegaría la primera lesión que le impediría mantener regularidad. "No me puedo quejar, el problema fue a los 31", dice alejándose de los rencores. Jugó, ganó, escribió, publicó un libro a beneficio de escuelas rurales, se peleó en la cancha con Verón, se quedó con sabor a poco en algunos clubes pero nadie podrá negarlo: siempre dejó el alma.

En Alemania 06: fue el capitán de Román, Messi, Tevez, Crespo, Masche y Ayala...

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