Un año que deja marcas en la gestión alperovichista

El Gobierno cierra 2008 con magullones por anuncios incumplidos, las cicatrices que dejó el conflicto con el agro y la pulseada con la Justicia. La lucha contra el empleo en negro, el coto puesto al desorden financiero en el interior y la sanción del Digesto Jurídico, en el haber
Todo fin de año supone un balance, y la política no es la excepción. Si bien 2008 no estuvo signado por la tensión que imprimen al calendario los períodos electorales, el año que finaliza no dio respiro a la clase política tucumana, sea oficialista u opositora. En rigor, ni siquiera el más avezado dirigente podía imaginar hace 365 días el convulsionado desarrollo que finalmente tendría esta temporada.

De enero a diciembre, no hubo mes que estuviera exento de alboroto. El verano transcurrió entre la pulseada por la venta de los edificios del patrimonio histórico, la cobertura de una vocalía en la Corte Suprema de Justicia y la polémica respecto de la veracidad de los índices de mortalidad infantil. En otoño, el conflicto entre el Gobierno nacional y los productores rurales estremeció a políticos y a ciudadanos por igual. El invierno, por caso, significó un “veranito” para el gobernador, José Alperovich, con la exitosa realización de la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur. Pero se topó luego con una desgracia: la muerte de un militante kirchnerista en el acto patrio del 9 de Julio en el hipódromo. La primavera que finalizó ayer, en tanto, alternó flores y espinas para el alperovichismo. La feroz pelea por desplazar a René Mario Goane de la Corte Suprema de Justicia significó un importante desgaste político al oficialismo, de la misma manera que la sanción del Digesto Jurídico por parte de la Legislatura brindó oxígeno a la abatida calidad institucional en la provincia.

A la hora de evaluar los movimientos del Gobierno durante el transcurso del año, las asignaturas pendientes alcanzan para equiparar los aciertos. En efecto, un buen ejercicio cívico supone el análisis de los anuncios formulados por el titular del Poder Ejecutivo.

Alperovich arrancó 2008 con una apuesta interesante: el combate al flagelo del empleo informal y el ordenamiento de las cuentas públicas en el interior. Luego, los anuncios de realización de obras, en muchos casos, quedaron truncos o se dilataron por el conflicto permanente en el que vivió el país. Así, por ejemplo, la licitación del dique Potrero de las Tablas aparece en la columna del debe, mientras que los avances en la concreción del emprendimiento habitacional Lomas de Tafí podría llevar el tilde de aprobado. De la misma manera, la reactivación ferroviaria prometida en Tafí Viejo abre puntos suspensivos y genera un interrogante. Si de cuestiones institucionales se trata, el cierre del año en curso presenta la gran batalla, aún con final abierto: la cobertura de los espacios vacantes en la Justicia. El alperovichismo está a punto de cubrir una treintena de despachos con la designación de jueces subrogantes, sin un previo concurso de antecedentes.

Con vistas a 2009, podría concluirse que el fuerte del Gobierno, como en los últimos años, estuvo centrado en la ejecución de obras públicas. Pero el impacto de la crisis económica mundial podría hacer mella en esa característica de gestión justo en una etapa clave para el futuro del alperovichismo. Las elecciones legislativas de octubre del próximo año significarán un trampolín para el Gobierno o, bien, un tobogán de cara a 2011.

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