Así definió.

BOCA 1 - RIVER 1: Falcao tuvo el triunfo en su botín derecho, pero dijo que no se imaginó que estaba tan solo y disparó muy desviado. "Por ahí si lo eludía la tenía más fácil", admitió.
Fueron tres segundos. Y ocho pasos en carrera oblicua hacia afuera. Y un errático toque de derecha. Todo eso, apenas una brevedad, duró la jugada más decisiva de Radamel Falcao. La jugada que, mientras se iba abriendo, cambiaba humores al por mayor. La del gol que no fue. O del que pudo ser.

A Falcao le quedó el mano a mano que, acaso, pasó de posible sueño a pesadilla. Se adjudicó los méritos cuando picó al vacío, a la espalda de Cáceres y Morel, y cuando interpretó que Buonanotte podría asistirlo de la manera en que finalmente lo haría. Pero a partir de ahí, 32'55'' del segundo tiempo, los cables de goleador se le cruzaron... Solo, con metros para resolver, le pegó con la cara interna de su derecha, cruzándola más de lo debido. "Tuve la oportunidad de hacer la diferencia", lamentaba cada vez que le ponía el replay a su bronca. Así como también daba su explicación: "No me imaginé que estaba tan libre..."

Falcao pudo haber mirado a Gallardo, que entraba solo por la izquierda. Pudo haberle pegado con otro vértice del botín (¿tres dedos?) para que la pelota no se le abriera tanto. Pudo haberla picado. Pudo haber dejado en el camino a Abbondanzieri. Y pudo imaginar una mejor alternativa. "Por ahí si lo eludía la tenía más fácil", aseguró quien desde ahora esperará una ocasión como ésta: "La tiraría larga por afuera".

En una suerte de revisionismo histórico, Falcao corrió con la misma fe que Burruchaga en la final del 86. También recibió el pase de un Diego. Y a pesar de que no dispuso del tiempo y el espacio para medir a Schumacher, ya que el Pato lo atoró afuera del área, debe ser dicho que no definió como Burru. Más bien se terminó agarrando la cabeza a lo Bilardo en la película Héroes.

"No le podemos caer a Falcao. Nos salvó tantas veces", afirmó Ferrari. Es claro que a Falcao, líder incansable que ayer jugó con dolor, no le caben los reproches. "Hay que estar ahí", diría Pipino Cuevas.

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