La definición de Parques Nacionales que no llega

La falta de decisión de la Administración de Parques Nacionales (APN), para dar una solución definitiva al problema que se registra en playa Catritre, luego de tres años de dimes y diretes, se puede calificar al menos de lamentable.
La tensión existente entre el organismo, especialmente el Parque Nacional Lanín, y la concesionaria -que se niega a abandonar el lugar- llegó a un punto límite colocando la situación en un ambiente tan denso que se podría cortar con cuchillo.

Para salvar la falta de definición de la oficina central, la intendencia local puso en marcha un plan de emergencia que permite contar con algunos servicios en la playa, los cuales si bien alcanzan para quienes quieren pasar el día en el lugar, lejos están de ser los que se merece una de las playas más concurridas de la zona.

El problema radica en que la APN y Gisella Javkin –la concesionaria que por más de una década explotó el lugar- mantienen serias diferencias en virtud de que el primero de los actores decidió a comienzos del año pasado avanzar en un acuerdo con la comunidad mapuche Curruhuinca para que sea esta quien lleve adelante las riendas en el lugar, tras haber vencido la concesión que Javkin ostentaba, lo cual ocurrió hace tres años.

Tras la novedad, y como era de esperar, la mujer puso el grito en el cielo solicitando que se lleve a cabo una nueva licitación de modo tal que tanto ella o cualquier otro interesado pueda presentarse y competir por la explotación del lugar.

El tema obviamente derivó en una serie de presentaciones legales-administrativas, envíos de notas y demás cuestiones propias de estos entuertos que hicieron que al día de la fecha la concesionaria no entregue las llaves del lugar y Parques Nacionales deba implementar el sistema de contingencia antes mencionado ocasionándole así un gasto que podría haber sido evitado.

Ahora bien, ante esta situación las preguntas que caben son muchas y de la más diversa índole, a saber: ¿Cómo es posible que en un tema de tanta importancia la administración central de Parques Nacionales aún no se haya expedido? Es más, ¿cómo se entiende que, según afirman fuentes cercanas al caso, el tema aún no haya pisado las oficinas de asuntos legales de la APN, a pesar de los continuos reclamos realizados por Javkin y sus abogados?

¿Existe realmente la voluntad de la APN de avanzar en el acuerdo con la comunidad Curruhuinca, tal cual propuso la sede Lanín? ¿O el cambio de autoridades de la APN hizo que el tema en cuestión pasara a un segundo y lejano plano? Si no es así, ¿por qué no se llevó a cabo la medida anunciada durante el primer trimestre del año pasado?

A este número de preguntas se suman también algunas suspicacias que no vienen a cuento pero que sin lugar a dudas no le hacen ningún bien al caso, que en definitiva atenta contra el desarrollo de una temporada turística como hace años no se registra en esta localidad.

Así las cosas, es de esperar que la APN tomé el toro por las astas y defina la situación rápidamente de modo tal de evitar que vuelva a pasar otro año sin respuesta alguna.

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