Defensores de Moreno, el club de moda kirchnerista

Por Julio Blanck.

Aclaremos de entrada: no vamos a hablar del gallardo Club Atlético Defensores de Moreno, institución con sede en la calle Victorica de esa localidad del oeste del conurbano, escenario de actividades sociales y deportivas tan variadas como vigorosas. No señor.

El Defensores de Moreno a que haremos alusión es un club con socios forzados a serlo, por imperio de las circunstancias y talante de quien los manda. Una módica cofradía de gente que sofrena a veces las convicciones íntimas para decir, en público, lo que resulte conveniente.El Moreno que defienden estos Defensores es Guillermo, el áspero secretario de Comercio Interior que se ha transformado en símbolo de la resistencia de Kirchner y Cristina a entregar algunas de sus banderas, así sean éstas las que enseñaron el camino a las columnas derrotadas en la elección de junio.

Guillermo Moreno es un hombre temido y odiado tanto por los empresarios a los que presiona de modo sistemático, como por muchos funcionarios del propio Gobierno que integra, a los que prepotea o ningunea según la ocasión, haciendo uso intensivo del poder delegado por los Kirchner, que lo autorizaron a circular sin patente por cualquier recoveco oficial. El hombre al que Kirchner definió como "más bueno que Lassie" es porteño, pronto va a cumplir 54 años, estudió economía en una universidad privada y es funcionario kirchnerista desde el primer día. Alrededor de sus métodos y sus modales florecen las anécdotas. Las que no son verdaderas suenan verosímiles. Al final, la realidad siempre supera la ficción.Su obra maestra es la intervención en el INDEC y la manipulación de la inflación. Moreno, que no es ignorante, sabe que eso desquicia a la economía y la agrega irritación a la opinión pública. Pero lo hace en cumplimiento de órdenes superiores, como un buen soldado. Por obediencia debida, pero también por convencimiento de que la realidad debe ser acomodada a garrotazos si es preciso.

En el club de Defensores que le salió en estos días, la presidencia efectiva y también la honoraria recaen en Néstor Kirchner, su promotor y sostén principal. Esto no le quita mérito a la Presidenta, que muy lejos está de ser simple espectadora de lo que sucede en su gobierno. Para quienes abrigaban alguna duda sobre el telecomando que dirige a Moreno, el flamante Jefe de Gabinete se encargó de poner las cosas en su sitio: "Sólo cumplió órdenes" dijo Aníbal Fernández. Fue una manera de sumarse al Defensores de Moreno. Pero también un modo de ponerse él mismo a cubierto de los zapallazos que pudieran volarle por sus labores, que no siempre resultan amables.

Florencio Randazzo, ministro del Interior, aceptó que había aumentos de precios que el INDEC no registraba. Un día después afinó sus palabras: dijo que había querido decir que el INDEC mide bien lo que mide, pero que hay cosas que no mide porque no corresponde medirlas. Clarísimo.

Amado Boudou, el simpático ministro de Economía, también se anotó en el club de moda después de un debut en el que pareció rumbear para otro lado. Seguramente lo confundió la legión de gobernadores y funcionarios oficialistas que, con audacia pública o con discreción privada, hicieron fila para reclamar el alejamiento del secretario de Comercio. Boudou amagó subirse a esa alegre caravana. Pero algo lo hizo bajar de golpe. "La continuidad de Moreno hoy no es un tema importante", explicó con toda coherencia. Pequeño ayudamemoria: Moreno ya se masticó a un par de ministros de Economía que pulsearon contra él y perdieron.

Hugo Moyano, el aliado al que Kirchner adobó bien después de la derrota para asegurarse que seguirá a su lado, puso el pecho para defender a Moreno. "No es el responsable de todos los males del país", alegó el jefe de la CGT. Otros que se sumaron al Defensores fueron Andrés Rodríguez, capo del sindicato de trabajadores estatales, a quien Moreno le nombró unas 300 personas en distintos organismos; Rubén Manusovich, referente de comerciantes minoristas, que asegura que Moreno "cuida el bolsillo de la gente"; y el siempre listo Luis D'Elía, que hasta le organizó un sobrio acto de respaldo al que concurrieron dos docenas de personas. La menguada lista de socios de su Defensores no hace mella en el espíritu beligerante de Moreno. Mientras le llovían agorerías, en estas semanas le inyectaron más poder en el INDEC y le dieron el manejo de otra empresa estatizada. El tipo sabe que lo defienden los dos que tienen que defenderlo. Lo demás es lo de menos.

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