En defensa de Magnetto

Por Jorge Fontevecchia

Por qué el CEO de Clarín no es Yabrán.

Nunca acepté los códigos corporativos de no publicar informaciones sobre colegas. Sé que "no publicar" es lo que más se valora. El verdadero poder es la impunidad de ser invisible. Hace ya muchos años el propio Héctor Magnetto me dijo: "Ese es inteligente, come callado". El fundador y mítico dueño de Globo en Brasil (la mayor empresa de comunicación de ese país cuyo tamaño es varias veces mayor que el de Clarín), Roberto Marinho, antes de morir a los 99 años en 2003, dijo: "Esta empresa no se hizo grande por lo que publicó, sino por lo que no publicó". Por eso me negué sistemáticamente a "no publicar" y que hubiera temas o personas sobre las que no se podía hablar.

Me indignaba que cuando la señora de Noble fue detenida hace algunos años, que hasta los medios de Daniel Hadad, quien supuestamente contaría con apoyo del Gobierno como ariete de Clarín, no difundiera la noticia. O que durante tantos años el diario La Nación se inhibiera de publicar cualquier información sobre su socio. La enfermedad de Héctor Magnetto fue un caso paradigmático: ¿si la enfermedad del presidente es una cuestión de interés público, cómo no lo sería la del Nº 1 de la mayor empresa de comunicación de la Argentina y de la Asociación de Empresarios Argentinos?

Pero una cosa es hacer periodismo y otra es hacer propaganda política. Una cosa es que la información sea un fin en si mismo y todos los sujetos noticiosos sean tratados en proporción a su relevancia con la misma vara y otra muy distinta es que la información sea un medio cuyo único fin sea dañar y que tras el disfraz de periodismo se escondan operaciones políticas como si fuera el brazo "legal" de la SIDE.

Y en defensa de la credibilidad del periodismo como género, me indigna tanto la existencia de "sobre eso no se habla" como del uso de supuestos medios de prensa cuyo principal, sino único, fin es crear un excusa para hacer carteles que empapelen la ciudad con la cara de alguien en situación de "Buscado", o "Un enemigo del pueblo" como la fantástica obra que Henrik Ibsen escribió en 1882 y sigue resultando tan actual.

Los carteles del diario "Miradas al sur" con la cara de Magnetto y el título "El jefe del monopolio" (no CEO, Presidente ni ninguna nomenclatura empresaria, sino el más adecuado para dar una idea de banda delictiva: "Jefe") aparecieron pegados por toda la ciudad tapando todas las carteleras comerciales con inusual impunidad jurídica. También decenas de pintadas en paredes con "Chau Clarín"; "Chau Magnetto" y "Magnetto Yabrán". Si algún medio tiene algo de autoridad para referirse al caso Yabrán y trazar alguna comparación sería Editorial Perfil porque fue su principal víctima. Desde esa experiencia y habiendo también sufrido Perfil como pocos al propio Magnetto, digo que Magnetto no es Yabrán, y está muy lejos de serlo. Quizás Kirchner esté más cerca de parecérsele en la utilización de algunos métodos de presión más físicos que intelectuales.

La técnica del afiche como escarnio público es tan vieja como la política, en Roma, frente a Plaza Navona, para que se viera desde el Palacio Braschi, está la más famosa estatua parlante del mundo, la que desde 1501 recibe pintadas anónimas. "Soy aquel Pasquín que lacero y muerdo/ reyes, emperadores, papas y cardenales/ y corrijo y reprendo al mundo voraz…" Pero muy distinto es atacar a la familia Borgia que a Magnetto y muy distinto es que se disfrace de anónimo (y peor de periodismo, en ciertos casos) lo que está hecho con fondos del Estado. El kirchnerismo, tanto combatir a la represión en el discurso, se le terminó pareciendo en sus técnicas: se combate usando el poder del Estado pero sin asumir jurídicamente las responsabilidades de su accionar.

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