"Hay que defender las economías regionales que son generadoras de trabajo"

El vicepresidente del Círculo Argentino de Periodistas Agrarios, Matías Longoni, en Jujuy para participar de una mesa panel organizada en el marco del centenario de la Sociedad Rural Jujeña, habló con El Libertario sobre la importancia estratégica de las economías regionales y cómo están paradas las dirigencias provinciales frente a la necesidad de lograr la atención del poder central. Periodista especializado de Clarín, advirtió que "si no hay una unificación del discurso y si se sigue fraccionando así una economía regional, es imposible también plantarse en una posición de fuerza frente al poder central".
-En tu exposición, planteaste que el kirchnerismo muestra una increíble ignorancia sobre los problemas de las economías regionales…

-La estrategia de la Argentina necesariamente requiere políticas de largo plazo que deben incluir no sólo la economía pampeana sino también las economías regionales, porque las economías regionales quizás son de mucho mayor importancia social y de contención de la gente del interior, que económica o macroeconómica.

Aún así, no es despreciable el aporte de las economías regionales que exportan cerca de tres mil millones de dólares al año. En un país que exporta sesenta mil millones, tres mil millones no es poca cosa. Respecto de la soja, la ganadería y los cultivos intensivos pampeanos, que aportan entre un 50 y 55 por ciento de las exportaciones, lo de las economías regionales parece humilde.

Socialmente y como concepción estratégica de país, las economías regionales tienen un valor mucho más relevante que el que le asigna la política pública, no sólo porque la mayoría de ellas está en zona de frontera y esto tiene un valor estratégico como concepto de Nación, sino también por la capacidad de generar mano de obra y productos que naturalmente requieren de agregado de valor, por ejemplo el tabaco, que requiere un número de jornales por hectárea muchísimo mayor que la soja. Además el grado de valor: con la soja quizás la molemos y hacemos aceites y no avanzamos hacia el fraccionamiento. Con el tabaco también hay mucho más agregado de valor a lo largo de la cadena productiva que el que pueda haber con otros cultivos. Esto no significa despreciar la soja, significa revalorizar las economías regionales como lo que son.

-¿Es posible un país donde pueda convivir la soja, las economías regionales, la ganadería?. Porque un poco el conflicto del campo planteó esas antinomias.

-Hay lugares donde la soja no va a llegar y hay lugares donde la soja no debe llegar. Y cuando uno dice no debe llegar, significa que debe haber planificación política y toma de posición política respecto del país que vos querés desarrollar para ponerle límites a lo que es la expresión del capitalismo voraz de los agro-negocios. ¿Por qué no debe llegar y debe ser una discusión política hasta donde llega la soja y no simplemente una cuestión de limitantes agronómicas o tecnológicas?. Básicamente porque hay que defender las economías regionales que son generadoras de mano de obra. Un caso patético de esta situación ha sido el algodón, que en El Chaco ha pasado de tener un millón de hectáreas ocupadas en el año 97 ó 98, a tener doscientas mil hectáreas o sea que ha caído cinco veces, y con eso la demanda de mano de obra zafrera, que era clave para toda la zona, cayó un montón. Esto ha tenido consecuencias en el deterioro de la calidad de vida en el interior.

-¿Cómo está parada la dirigencia del interior frente al problema de que las economías regionales sean tenidas en cuenta por el poder central?

-Es muy mediocre la actividad y yo lo que percibo, estando en Buenos Aires cubriendo la actividad agropecuaria, que van casi a pedir limosna en vez de proponer un proyecto de país integrado racionalmente. Yo si fuera ministro de Producción y fuera a Buenos Aires no iría a reclamar diez millones. Iría a reclamar el lugar que me corresponde. Pero estas son discusiones de políticas y suceden no solo en el sector agropecuario, sino en todos los rubros de la política. La alta dependencia de la caja central evidentemente condiciona los discursos.

Un caso patético del propio error del reclamo de las economías regionales es el caso tabacalero, donde muchas veces tenés al jujeño reclamando una cosa y al salteño reclamando lo mismo en otra reunión y por otro lado. Si no hay una unificación del discurso y si se sigue fraccionando así una economía regional es imposible también plantarse en una posición de fuerza frente al poder central".

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