Default, un fantasma que no se ha ido

Por Carlos Pagni

Estatizaciones de ahorros y de empresas, intervención sobre el mercado de cambios, auxilios estatales a empresarios bendecidos, imposición de la voluntad del que manda sobre las reglamentaciones: la Argentina adquiere rasgos bolivarianos, a pesar de que, por la caída del precio del petróleo y la inconveniente aparición de unas valijas, la paternal figura de Hugo Chávez se aleje de los Kirchner.

Para progresar en esa identificación, el esposo de la Presidenta prepara su Banco de Desarrollo. La creación de ese instrumento y el empeño por escapar del default serán sus objetivos principales si, como le prometen, la expropiación de los ahorros jubilatorios consigue más de 40 senadores a favor.

El pago de 18.500 millones de dólares por los bonos que vencen el año próximo sigue siendo una gran dificultad para los Kirchner. Ellos suponen que con los recursos incautados a los trabajadores se evitará un nuevo default. Muchos dirigentes políticos creen lo mismo. Es la razón principal del respaldo del Congreso a la estatización. Pero tal vez sea un espejismo.

En Hacienda calculan que con el flujo adicional que recaudará la Anses (15.000 millones de pesos), más los intereses por ese dinero (5000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario cercano a los 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2500 millones de dólares en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Todavía faltarían 4000 millones de dólares. ¿De dónde sacar ese dinero ahora que Chávez se ha empobrecido? ¿Quién le prestará a un país cuyos bonos cotizan a precio de default? El presupuesto puso a disposición las reservas del Banco Central. Demasiado riesgoso, en medio de una corrida.

Cada vez más economistas dictaminan que los recursos previsionales expropiados no alcanzan para despreocuparse de la cesación de pagos. Se basan en los efectos que tendrá en las cuentas públicas la abrupta caída de la actividad económica. Prevén que el PBI, en vez de crecer, se contraerá. Cada punto de esa retracción, sumado a cada punto de caída en el precio de las commodities, supone un recorte de 15.000 millones de pesos en los ingresos fiscales calculados por el Gobierno. Es decir, lo que trae la incautación es mucho menos que lo que se lleva la recesión. Por lo tanto, el default sigue estando a la vuelta de la esquina.

Kirchner ingresa en el año electoral con los bolsillos muy flacos. Los políticos, en general, no se han hecho todavía a esa idea. Kirchner sí: ya no habla de su candidatura a diputado.

El Gobierno menosprecia otro factor recesivo: la inquietante salida de capitales. En el segundo trimestre de este año fue de 8500 millones de dólares. En el tercero, de 6000 millones de dólares. En octubre, de 4200 millones de dólares. En lo que va del año la salida fue de 18.700 millones de dólares. Como las exportaciones aseguran un ingreso, en el mejor de los casos, de 12.000 millones de dólares, la pérdida de reservas del Banco Central es cada vez más significativa. Se mortifica Martín Redrado y sigue remando Arnaldo Bocco, adentro del BCRA, para sucederlo.

La salida de capitales se financia con los pesos que abandonan los depósitos bancarios. Los del sector privado se redujeron en octubre en un 6%. Se eleva la tasa de interés -hoy las colocaciones de más de un millón de pesos rinden un 27% anual-, el crédito desaparece y cae el nivel de actividad. Técnicos del Indec confiesan que, en agosto, la medición de esta variable detectó una suba de 3,5%, pero Guillermo Moreno ordenó publicar otra, de 6,5%. Ahora no disimulan la inflación: exageran el crecimiento.

Shock de desconfianza

Kirchner consiguió de nuevo lo contrario de lo que se proponía. Incautó los ahorros jubilatorios para alejarse del default. Pero el shock de desconfianza que produjo, y que nadie sabe si podrá revertir, hizo correr a los depositantes hacia el dólar, agravando la retracción de la economía y la caída de la recaudación. En vez de alejarse, la cesación de pagos se acercó. Por eso los bonos se derrumbaron.

La recesión es la gran pesadilla en Olivos. Para un peronista no hay nada peor que otro peronista, si se dedica a quitar trabajo. Los Kirchner deberán dar malas noticias en plena campaña.

También por este desvelo se explica la estatización previsional. Después de tenerlas durante cinco años bajo regulación, los funcionarios descubrieron que a las AFJP no les interesaban el crecimiento ni la inversión productiva. Alguien a quien podría considerarse la almohada de Kirchner lo explica así: "Nos quieren hacer creer que se arruinó el mercado de capitales cuando, en realidad, las AFJP le prestaban a un club de 8 empresarios. Lo venimos estudiando desde hace más de dos meses: los proyectos productivos rebotaban y a Julio (De Vido) jamás le aportaron para las obras que necesita el país".

El malestar por la reticencia de las AFJP a financiar proyectos de obra pública o de empresarios amigos facilitó la estatización.

Las AFJP intervinieron en el primer fideicomiso del gas -el del "caso Skanska"-, pero se retiraron del segundo. No invirtieron en proyectos hidroeléctricos como Añacuá ni en La Barrancosa o Cóndor Cliff, las dos faraónicas centrales previstas para Santa Cruz. Empresarios afines a la administración, como Alejandro Ivanissevich, de Emgasud, tuvieron dificultades para colocar obligaciones negociables a esos fondos de pensión, que se excusaban en la normativa de la superintendencia. En cambio, las AFJP habían aceptado financiar obras de la ciudad de Buenos Aires por alrededor de 500 millones de dólares. Mezquinas con De Vido, se disponían a ser generosas con Mauricio Macri.

Kirchner se encargará, con su Banade, de vengar esas distorsiones del mercado. En la entidad participarán los bancos oficiales -Nación, Bice, tal vez el Provincia?, la UIA y la CGT. Café para todos. Los banqueros privados serán invitados a administrar las líneas de crédito. ¿Deberán aportar también los 10.000 millones de pesos depositados por las AFJP?

Activos prestables

El problema del nuevo banco es que tendrá pocos activos prestables. El 55% serán bonos argentinos despreciados por el mercado. ¿Servirá de algo que Sergio Massa, como les adelanta a algunos amigos y si Kirchner lo deja, aplique 5000 millones de dólares a la recompra de títulos?

Kirchner quiere financiar con su banco dos fideicomisos. Uno de obra pública, para que el Estado costee los negocios de De Vido que las AFJP no supieron ver, y otro de consumo.

Hoy, esas funciones las cubre la Anses: Massa y Amado Boudou utilizan su recaudación para compensar a los bancos por la salida de depósitos o para comprar en la Bolsa acciones de empresas dañadas por la estatización. ¿Con qué criterio ayudan a éste y no a aquél? Ni los gobernadores, a los que la Anses sustrae 15% de la coparticipación, se hacen la pregunta.

Sólo el implacable Néstor Kirchner anda tras los pasos del jefe de Gabinete: tampoco le perdona haber filtrado el dato de la estatización con un banquero amigo que, a la vez, puso en alerta al dormilón Julio De Vido. Los asados de Olivos se han convertido en un calvario para Massa.

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