No declare que oscurece

Es obvio que el senador Luis Juez tiene todo el derecho del mundo a no declarar. Lo ampara la ley. No obstante, lo que al derecho puede resultarle neutral, a la política no. Tenía ante sí la oportunidad dorada para despegarse de la complicada sombra de Romina Picolotti -casualmente en Copenhague explicando sus éxitos como funcionaria de la Nación en materia de ambiente- pero eligió no hacerlo. En su lugar, decidió atacar a sus acusadores antes que liquidar la acusación.
¿Quién es realmente Luis Juez? ¿Es el campeón de la transparencia, la lucha contra la corrupción y la honestidad -como le agrada autodenominarse- o es tan sólo un político ordinario que utiliza tales asuntos como una redituable fachada para ocultar su medianía? Estas preguntas no son nuevas y, de tanto en cuando salen a flote por los temas más diversos. Ocurre que cada vez es más perceptible la distancia que media entre lo que el senador dice ser y lo que parecería que en realidad es.

Lo acaecido ayer es una prueba de esta ciclotimia. Llamado a declaración indagatoria por el presunto delito de malversación de fondos en una causa por la que la jueza federal Servini de Cubría investiga a Romina Picolotti, Luis Juez se negó a declarar y pidió la nulidad absoluta de todo lo actuado, afirmando "que la acusación es falsa y le pedimos al fiscal que la reformule, que la haga inteligible y que no actúe como puntero de Kirchner".

La negativa no deja de ser llamativa puesto que, dotado de las supuestas credenciales de transparencia con las que gusta de pavonearse, cualquier observador hubiera supuesto que el ex intendente habría aprovechado la oportunidad para aclarar las cosas y "taparle la boca" al fiscal. De hecho, había señalado en horas de la mañana a Radio Mitre que estaba "necesitado de declarar ante la jueza" y que no sabía "por qué se habían demorado tanto en llamarlo". Sin embargo y llegado el momento, prefirió abstenerse de aclarar su participación en la causa y, de paso, acusar nuevamente a Guillermo Marijuán de inventar "una maniobra política para ensuciarlo". Mutatis mutandi, Luis Juez atribuyó al fiscal el uso de la misma clase de maniobras que él popularizara durante su ascenso político, es decir, el ensuciar a otros como una forma de lograr fama y renombre público. Qué desagradable resulta convertirse en una víctima de su propia metodología.

Es obvio que el senador tiene todo el derecho del mundo a no declarar. Lo ampara la ley. No obstante, lo que al derecho puede resultarle neutral, a la política no. Juez tenía ante sí la oportunidad dorada para despegarse de la complicada sombra de Romina Picolotti -casualmente en Copenhague explicando sus éxitos como funcionaria de la Nación en materia de ambiente- pero eligió no hacerlo. En su lugar, decidió atacar a sus acusadores antes que liquidar la acusación. "No declare que oscurece", parece sugerir el talante elegido.

Este periplo abstencionista no terminó en las oficinas de Servini de Cubría, sino que continuó fuera de los tribunales de Comodoro Py. Sorprendentemente, Juez salió por una puerta lateral, deslizándose subrepticiamente a la calle con el propósito de esquivar a la prensa que aguardaba sus reflexiones tras la fallida indagatoria. El hecho es inédito, toda vez que nadie podría suponer que el senador desaprovechara una oportunidad para ganar micrófonos porteños, generalmente complacientes. Es evidente que el tema lo incomoda, a tal punto que tampoco opinó sobre el aumento del cospel votado por el Concejo, una "trama de corrupción" que oportunamente había bloqueado merced a su extraña doctrina de la denuncia preventiva. Para alivio de los ediles cordobeses, esta vez no hubo filípica mediática del ex intendente. El transporte de Córdoba le debe una a la Justicia Federal.

Con el antecedente del día de ayer, la tensión entre lo que el senador dice que es y lo que hace surge nuevamente. Cuando se lo sindica como responsable de algo, se indigna diciendo que todo es una maniobra política urdida por Kirchner/ Schiaretti / Berlusconi/Ricardo Fort, según convenga; ahora bien, cuando quien acusa es él (generalmente sin pruebas ni fundamentos serios) afirma solemnemente que habla en nombre de verdades absolutas. Como las más de las veces sus denuncias no prosperan, se reivindica luego diciendo que esto ocurre por la pereza y cobardía de jueces y fiscales. El círculo argumental puede continuar al infinito.

La conclusión lógica es que las leyes no pueden ser aplicadas a Juez, dado que no existe en la tierra justicia que se encuentre a su altura para investigarlo. De allí que cualquier denuncia que se haga en su contra debe ser forzosamente falsa, un invento como el generado por Marijuán en la causa contra Picolotti en su carácter de puntero de Néstor Kirchner. El silogismo es burdo, pero revela el doble estándar de alguien especializado en el uso del adjetivo corrupto para calificar a cualquier adversario. ¿Es la conducta de un cínico o de alguien que cree ser un Ayatolá? Discúlpesenos, nos abstenemos de declarar.

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