¿Qué se decide en Santa Fe?

"Puedo comprometerme a ser sincero, pero no me exijáis que me comprometa a ser imparcial". Ortega y Gasset

Por Rogelio Alaniz

La otra noche en el café los muchachos se enredaron en una discusión de hacha y tiza. No recuerdo quién preguntó si alguien sabía con certeza qué es lo que se decidía en las elecciones santafesinas. Como para contribuir a la confusión general yo amplié la pregunta diciendo que en realidad lo que había que preguntarse era qué es lo que se decidía. No nos pusimos de acuerdo. En una mesa de seis o siete personas hubo cinco respuestas diferentes. Y lo interesante del caso es que a mi modesto criterio todas las respuestas tenían su cuota de verdad.

Regresé a casa caminando. Aunque hiciera frío nunca viene mal un poco de gimnasia para un enemigo de los deportes. Mientras atravesaba una ciudad casi desierta volví a hacerme la pregunta en voz baja ¿Qué se decide en estas elecciones en la provincia? Varias cosas. Son elecciones legislativas donde se eligen diputados y senadores nacionales. Nueve diputados y tres senadores. Está claro lo que se elige, pero no lo que se decide. Según Giustiniani hay que votar por él porque ello significa reconocer una acción legislativa como senador coherente y productiva en proyectos, leyes y trabajos en comisiones. No miente. Fue, es, un excelente senador reconocido por sus pares como uno de los mejores del recinto.

El otro candidato a senador es Reutemann. Un estilo diferente al de Giustiniani. Escasa participación en los debates, aunque siempre fue considerado uno de los senadores con peso político propio en la Cámara. Su mejor momento fue cuando criticó la famosa resolución 125. Su proyecto fue opositor y según los entendidos fue un buen proyecto. Con ese gesto Reutemann se abrió del oficialismo y empezó a militar en la oposición, una oposición sesgada por la pertenencia al peronismo, pero oposición al fin.

De Reutemann se podría decir que nunca fue kirchnerista. También hay que decir que hasta la resolución 125 votó disciplinadamente todos o casi todos los proyectos del kirchnerismo. Su perfil político, su estilo, sus intereses, lo diferenciaron siempre del kirchnerismo, pero su pertenencia al peronismo lo mantuvo siempre cerca, a veces demasiado cerca. También hay que decir que hasta la resolución 125 votó disciplinadamente todos o casi todos los proyectos del kirchnerismo.

Si la elección se redujera exclusivamente a elegir senador, está claro que el protagonismo legislativo de Giustiniani fue superior al de Reutemann. Mayor experiencia política parlamentaria, intenso trabajo en comisiones, asistencia casi perfecta, debates parlamentarios. A favor de Reutemann habría que decir que es un dirigente con más experiencia ejecutiva que legislativa. Fue dos veces gobernador y ha demostrado conocer cómo funcionan las claves secretas del poder. Los que afirman que sus gestiones fueron malas, deberían interrogarse por qué hoy sigue siendo el político con más votos en la provincia.

Pero en estas elecciones no se decide sólo un cargo a senador o diputado. Reutemann, Rossi y Giustiniani coinciden en admitir que el resultado del 28 de junio en Santa Fe determinará qué grado de adhesión o de rechazo tienen los gobiernos provincial y nacional. El voto a favor o en contra involucra la gestión de Binner y la de la señora Cristina. No concluyen allí los dilemas. También se deciden liderazgos nacionales. Si Reutemann gana, continúa su carrera hacia la presidencia de la Nación. Si pierde, queda afuera. Esta ley vale para el automovilismo y también para la política. Por el contrario, si Giustiniani gana, más que ocupar un banca -que de alguna manera la tiene segura porque perdiendo también entra- lo que califica es la gestión de Binner y lo instala al gobernador entre los candidateables para el 2011.

Admitamos que, en términos objetivos, es una buena noticia para Santa Fe que haya dos presidenciables. No recuerdo que en el pasado haya ocurrido algo parecido en nuestra provincia. El único candidato importante que dio la provincia fue Lisandro de la Torre, tal vez el santafesino más ilustre y más conocido en la Argentina, Esto ocurrió en 1931, es decir, hace casi ochenta años. De allí en adelante tuvimos vicepresidentes o ministros -no muchos-, pero los liderazgos nacionales brillaron por su ausencia.

Atendiendo entonces a los diversos niveles de decisión en juego, habría que decir que, si bien en un primer plano Reutemann compite con Giustiniani, en otro nivel compite con Binner. ¿Es lo mismo? Es y no es lo mismo. Es lo mismo porque Giustiniani y Binner pertenecen al mismo partido y defienden un mismo espacio de poder, pero no es lo mismo porque las expectativas y las consecuencias políticas son diferentes.

La relación entre Binner y Reutemann no es buena. Algunos dicen que esto ocurre porque se parecen demasiado. La afirmación es ingeniosa pero no es verdadera. Las diferencias en política nunca son personales, son -aunque parezca obvio decirlo- políticas. Reutemann y Binner expresan tradiciones, estilos y espacios de poder diferentes. La relación de Binner con Reutemann no es buena , pero la de Reutemann con Cristina no es mala. El friso de contradicciones se completa con la correcta relación institucional que Binner mantiene con la presidente.

Cuando Reutemann dice que a quien hay que derrotar en estas elecciones es a Binner, está diciendo la verdad; o por lo menos, su verdad. Esa afirmación no proviene de un enojo personal, es la afirmación de un peronista que quiere recuperar en la provincia el poder para su partido. Está en su derecho, del mismo modo que Binner tiene el derecho de recordarle a Reutemann -y a la ciudadanía- sus errores o sus supuestos errores durante los dieciséis años que de manera directa o indirecta gobernó la provincia.

Reutemann se fastidia cuando le recuerdan que se inició en política de la mano de Menem. Señala en su descargo que en otra elección a senadores él se opuso a la candidatura de Liliana Gurdulich, promocionada por Menem. Hizo bien en hacerlo, aunque a decir verdad, no estuvo luego tan brillante cuando en lugar de la Gurdulich promocionó a Jorge Massat.

Hoy toda la oposición advierte indignada sobre las llamadas candidaturas testimoniales. La verdad es que lo que hacen Scioli y Kirchner es un mamarracho. De todas maneras, no es la primera vez que el peronismo hace algo así. Sin ir más lejos, en 1995, Reutemann siendo gobernador fue candidato a senador y diputado provincial al mismo tiempo. Un triángulo exitoso y un testimonio perfecto.

El debate, por lo tanto, adquiere un particular sesgo político en nuestra provincia. Por un lado Reutemann se presenta como el candidato alternativo a los Kirchner, pero al mismo tiempo es un encarnizado opositor a Binner. Por su lado, el gobernador es un crítico de la gestión kirchnerista, pero en algunos puntos de su gestión ha llegado a acordar más con los seguidores de Rossi que con los de Reutemann.

Un debate público entre Giustiniani y Reutemann sería deseable. Reutemann parece que no lo propicia. Conoce sus límites y le gusta jugar sobre seguro. Está mal lo que hace, tan mal como cuando Binner se negó a debatir con Bielsa. En todos los casos, los perjudicados fueron y son los ciudadanos.

¿Y qué pasa con Rossi y Reutemann? ¿Su enfrentamiento es genuino o es otra maniobra de los peronistas que simulan pelearse para multiplicarse? Ni una cosa ni la otra. Las diferencias entre Reutemann y Rossi no son ficticias, pero son diferencias en el interior de un mismo espacio de poder. Basta con observar la trayectoria de candidatos y asesores de una y otra lista para coincidir que en el corto o el mediano plazo estarán todos juntos. Puede que en el futuro reencuentro alguno quede afuera, pero en lo fundamental, como espacio político las tradiciones comunes, las solidaridades y complicidades serán más fuertes que las disidencias de la coyuntura.

Ni estas consideraciones, ni la charla en el café cerraron las digresiones. Está bien que así sea. Es mi estilo de escritura, pero es también la condición de una buena mesa de café: la charla nunca concluye, siempre queda abierta a un nuevo encuentro. Ya lo dijo George Steiner, el exquisito George Steiner: "Mientras haya un bar abierto y una mesa de café donde los hombres discutan de política, la democracia en una sociedad está garantizada".

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