No debutó y ya sufrió demasiadas bajas

Por Joaquín Morales Solá

Es raro que un gobierno distrital se despierte una mañana cualquiera con la novedad de que está siendo espiado por su propio jefe de la policía. Más raro es que el primer jefe de esa nonata policía, Jorge "Fino" Palacios, haya sido detenido antes de que él mismo detuviera a uno solo de los muchos delincuentes que arruinan la vida de los porteños. Tan extraño como eso es que otro gobierno, el nacional, haya hecho una larga algarabía del espionaje que acosa a la administración capitalina y de sus problemas con la policía. El sistema de escuchas telefónicas, cualquiera que haya sido su origen, es de una enorme gravedad institucional.

Mauricio Macri tiene un problema con la policía propia: es su proyecto más ambicioso, pero hasta ahora se ha dedicado a correr detrás de sorpresivos acontecimientos. Desde la aparición de Ciro James escuchando las conversaciones telefónicas de medio mundo, el jefe de gobierno se topó con la exótica sospecha de que no tiene policía todavía, aunque ya tiene servicios de inteligencia policiales hurgando en la vida de la política y no en la del delito. O existe un exceso de ingenuidad en su administración o tiene otras prioridades políticas, que no son las de combatir la implacable inseguridad.

Ayer, el ministro de Seguridad de la Capital, Guillermo Montenegro, le envió al parlanchín juez Norberto Oyarbide la copia de una grabación con una información buena y con otra mala. Son las grabaciones de las cámaras de televisión de ese ministerio. La buena: James aparece sólo dos veces en un mes dentro de las oficinas policiales de la Capital. La mala: las dos veces fue a verlo al cesanteado jefe de la policía Osvaldo Chamorro. Es decir, James no era sólo un aspirante, aunque tampoco estaba entre el personal estable de la nueva policía.

Nadie sabe si esas pruebas le sirvieron de algo a Oyarbide para ordenar ayer, de rompe y raja, la detención de Palacios por la intervención de los teléfonos del dirigente de la comunidad judía Sergio Burstein. El propio Palacios había hecho todo lo posible para hundirse cuando confesó públicamente que conocía a Ciro James desde hacía varios años. Macri decía hasta entonces que James era sólo un "topo" del gobierno nacional dentro de su propio gobierno. Palacios descolocó así al gobierno macrista y abrió él mismo la puerta de su celda.

Es cierto que hay una cuestión política detrás de los conflictos que provoca la nueva policía capitalina. Ni la SIDE quiso a Palacios ni a su sucesor, Chamorro, ni la Policía Federal quiere un nuevo cuerpo armado en su territorio ni el gobierno nacional quiere que eventualmente Macri se lleve los laureles de la seguridad, una asignatura en la que los Kirchner han sido repetidamente aplazados. Todo eso es evidente.

Sin embargo, tampoco Macri indagó en los conflictos que se compraba con las designaciones de Palacios y de Chamorro (la pelea de ellos con la SIDE lleva varios lustros y, como toda pelea entre servicios, es a matar o morir) ni estableció reglamentos de control interno de la policía ni recabó información sobre todas las actividades que desarrollaban los ex jefes policiales.

La última sorpresa de ayer no fue una investigación sobre las vidas privadas de políticos capitalinos. Pero es veraz que Chamorro se había suscripto a una agencia que traslada información sobre el patrimonio público de las personas públicas. ¿Qué hacía un jefe de policía sumergido en semejantes menesteres, cuando la policía no puede salir todavía del embrollo en el que la metió James? ¿Qué hacía esa información, además, en una computadora privada de Chamorro dentro de una empresa de seguridad que éste comparte con su ex jefe Palacios? ¿Siguió existiendo esa empresa privada luego de que fueron designados? ¿Alguien tiene esa información en el gobierno capitalino?

El juez Oyarbide es un caso especial. Ayer, en uno de sus innumerables recorridos radiales, dijo que creía estar ante "una Gestapo", presumiblemente de Macri. ¿Oyarbide no leyó lo que fue la criminal Gestapo? ¿O simplemente está haciendo acción psicológica contra el macrismo? Poco antes, en sus habituales reflexiones periodísticas al lado del portero de su casa, contó a los movileros que tenía el trascendido de que también el matrimonio Kirchner estaba en aquella computadora de Chamorro. Habló de "nuestra señora presidenta" con el engolamiento de quien estaba por nombrar a alguna Virgen. Luego se comprobó que los Kirchner no estaban en la computadora de Chamorro. ¿Debe un juez comentar versiones y trascendidos delante de los periodistas como si fuera una conversación entre vecinas?

La semana anterior hizo algo parecido cuando una bala rozó la mano de un cuñado de Macri que, evidentemente, no es bien recibido por los Macri. Oyarbide plantó en el acto la sospecha de que el episodio del cuñado "no fue casual"; deslizó, así, que podía ser una venganza de los Macri contra el malquerido familiar porque éste había informado que también fue investigado por James.

La fiscalía de la provincia de Buenos Aires había caratulado desde el comienzo como "intento de robo" el balazo al cuñado de Macri. El propio cuñado del jefe de gobierno confirmó su impresión de que se había tratado de un hecho de inseguridad más en un país demasiado inseguro. Nada está claro aún, salvo que Oyarbide se apresuró a oscurecer la oscuridad; luego, siguió de largo con otras impresiones y otros trascendidos.

El caso de la policía capitalina puede ser premonitorio de la actuación de un juez que tiene muchos expedientes importantes en sus manos. En verdad, lleva adelante (o paraliza) casi todos los casos más destacados de supuesta corrupción de la administración kirchnerista. Ultimamente, el magistrado se ha olvidado de la efedrina o del satelital incremento del patrimonio de los Kirchner y se dedica sólo a seguir los pasos de Ciro James o de remover en los sucesivos pecados de los ex jefes policiales de Macri. Las declaraciones de Oyarbide siempre sirven de plataforma a la ofensiva kirchnerista contra el jefe capitalino.

Néstor Kirchner ha ordenado disparar sobre Macri. La virtual, pero cierta, candidatura presidencial de éste lo hace soñar con un final en 2011 a toda orquesta entre "la izquierda" y "la derecha", es decir, entre él y Macri. Ideología de café. La política es más compleja que esas probetas de laboratorio; es más que probable, por ejemplo, que el ex presidente (o cualquier otro Kirchner) termine estando ausente del final de la próxima contienda presidencial. Kirchner es el único optimista sobre su propio destino.

Tales antecedentes no exculpan a Macri de sus descontroles en el gobierno que debe administrar. Su candidatura presidencial tendrá como antecedente (o como prontuario) su gestión como jefe del gobierno de la Capital. Y alguien que aspira a ser presidente de la Nación no puede quedar a merced de un oyente compulsivo de conversaciones privadas, como Ciro James, o de la obsesiva curiosidad de un jefe policial, como Chamorro. Nunca, en fin, debió correr el riesgo de que su primer jefe de policía terminara entre rejas.

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