Debut "no positivo" para la banca presidencial

Debut "no positivo" para la banca presidencial
Por primera vez en su carrera, Néstor Kirchner asumió un cargo legislativo. En el estreno de su escaño, debió votar resignado las condiciones que le impuso la nueva oposición. Con besos y abrazos disimuló la frustración.
Néstor Kirchner es uno de esos políticos que no necesita estar presente para ejercer el mando. Una llamada telefónica le alcanzó para dar por tierra –a las cuatro de la tarde– con el primer acuerdo al que habían arribado la oposición y el oficialismo. Su negativa quedó rebotando en el celular del jefe del bloque K, Agustín Rossi. La respuesta del santafesino lo marcó durante toda la jornada. Fiel a lo que se esperaba de él, ingresó al Palacio por la puerta lateral y acompañado por el jefe de los espías, Héctor Icazuriaga. A esa altura, la oposición había sentado 148 diputados en el recinto. Una clara señal de que el comienzo de la sesión era cuestión de minutos. Utilizó el pasillo reservado contiguo al despacho del presidente del cuerpo, Eduardo Fellner, para dirigirse hacia el recinto. Aunque fue recibido al son de la marcha peronista y con una lluvia de papelitos, se mostró contrariado durante toda la jornada.

Pese a que tuvo tiempo para asimilar la derrota electoral, Kirchner no acostumbra a estar de cuerpo presente en esos momentos. De hecho, en los últimos comicios esperó a última hora para admitir el triunfo de Francisco De Narváez.

A pesar de su enojo con Rossi, se ubicó entre el santafesino y Carlos Kunkel, una de sus espadas incondicionales. Fue uno de los primeros en ser llamado para prestar su juramento. Compartió la tanda junto a los bonaerenses, Kunkel, Luis Cigogna y Dulce Granados. La fórmula que eligió fue la más tradicional del protocolo: por Dios, la Patria y los Santos Evangelios. De traje azul y corbata celeste, al igual que Kunkel, juró con la mano izquierda. No faltó el abrazo de rigor con todos los que juraron con él y con algunos de sus compañeros de bancada con los que se cruzó camino a su curul.

Las cámaras de TV lo buscaron repetidamente. De pie y tomado del respaldo de su banca, recibió uno a uno el saludo de la mayoría de los kirchneristas que lo buscaban después de realizar su juramento. La chaqueña Sandra Mendoza lo abrazó con fuerza luego de haber besado a Elisa Carrió.

Durante el largo cuarto intermedio en el que los titulares de los bloques afinaban la fórmula que sortearía la disputa entre la oposición y el oficialismo, Kirchner aprovechó para hacer sociales y para saludar a cada uno de los muchos peronistas que lo buscaron para abrazarlo y besarlo. Durante largos momentos se dedicó a hablar con el gobernador bonaerense Daniel Scioli y su vice, Alberto Balestrini, y con el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta. También se abrazó con el metalúrgico Hugo Curto, con su hermana Alicia, con el bonaerense José María Díaz Bancalari y con un extenso besamanos. Soportó estoicamente el triunfo de la oposición y las votaciones en las que su espacio quedó en clara minoría. "Alguna idea se nos va a ocurrir", repetía un kirchnerista cuando los suyos abandonaban cabizbajos el recinto.

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