Debido a los altos costos, cada vez es menos rentable producir

Una comparación de ajos y cerezas muestra que la rentabilidad es cada vez menor para ambos productos.
a mayor preocupación de los productores agrícolas, sea en tiempos de crisis o de bonanza, es la rentabilidad de sus cultivos, la que resulta de la diferencia entre los costos de producción y lo que cada agricultor pueda ganar con las ventas.

Hoy, Mendoza vive dos realidades distintas. Es la provincia con mayor producción y exportación de ajo y de cerezas. Dos productos totalmente diferentes, pero muy bien posicionados internacionalmente.

Sin embargo, la debacle financiera global y la consecuente caída de los precios en el mundo ha generado en ambos sectores problemas que atentan contra aquella deseada rentabilidad.

El caso del ajo es grave. Según datos de economistas especializados, producir ajo hoy en día cuesta cerca de $10.890 por hectárea, con un valor unitario por kilo de $0,99, en el que se reúnen las tareas de implantación, mantenimiento y mano de obra, entre otras. El precio pagado al productor, estimado en la temporada que está empezando para el ajo colorado en seco, asciende a $0,66 el kilogramo, es decir sólo $7.260 por hectárea.

La cuenta es muy fácil. El sector ajero está perdiendo más del 30%. O lo que es lo mismo: no existe rentabilidad alguna en el negocio del ajo.

Asimismo, vender el producto en el exterior, implica tener que “forcejear” con los compradores, en su mayoría brasileños, que “tiran abajo el precio”, porque no pueden pagar más. Así lo expresaba días atrás el ex presidente de la asociación que reúne a los productores y exportadores de ajo, José Spitalieri.

En la faz frutícola, la cereza, que está llegando al final de su cosecha, también muestra problemas de rentabilidad, aunque mucho menores.

Con datos aportados por Alberto Carletti, uno de los principales cereceros del Valle de Uco, producir una hectárea de esta fruta cuesta alrededor de $19.500, siempre y cuando se tenga un terreno productivo (mayor de 4 años). Para empezar una plantación, la cifra asciende a $36.200. En el primer valor aparece el costo de cosecha (que promedia $1,50 por kilo), además de los otras cifras relacionadas con la producción. De esto también depende la zona. Los costos no son iguales si se toman en el Valle de Uco o en la zona Norte (donde son más caros, aunque el rendimiento es menor).

Según Carletti, la rentabilidad en esta temporada será “mínima, lo que la hace no sustentable”. Se necesitarán 0,40 de dólar para lograr “valores aceptables”, que con una producción de 7 millones de kilos, abarcarán US$ 2,8 millones que requerirá el sector.

Subsidios directos a productores o a las exportaciones, incentivos para las frutas de bajo tamaño que se industrializan o salvaguardas sobre las cerezas chilenas son algunas de las sugerencias del sector.

Sin embargo, Carleti insiste en que la devaluación del peso es la salida más “correcta y oportuna” para mejorar la rentabilidad.

En esto coincide con los ajeros, sólo que éstos lo piden a gritos por la situación extrema que están viviendo. Aunque tienen dos realidades distintas de la producción mendocina y ninguna debe ser desatendida.

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