¿A qué se debe la debilidad del dólar?

Por Orlando Ferreres

El dólar americano ya no es tan creíble como antes. Está cuestionado en perspectiva de mediano plazo, se está debilitando en el corto plazo y tiende a ser, progresivamente, una moneda más, como le ocurrió a la libra esterlina en su momento. Puede tener alguna recuperación pero, con el tiempo, el dólar sería una moneda como el euro, el yen o la misma libra. Como ejemplo podemos mencionar que China ha pedido que se genere otra moneda de reserva confiable, lo que no fue bien visto por Estados Unidos.

Sin embargo, los argentinos prefieren ahorran en dólares, como lo demuestra el gran crecimiento de los depósitos privados en esa moneda en el sistema bancario de nuestro país, que ya superan los US$ 10.000 millones, y eso a pesar de que arrancamos en cero en 2002, cuando todos los depósitos de este tipo fueron pesificados primero y luego devaluados.

¿A que se debe esta desconfianza internacional en el dólar? Son muchos los factores, pero mencionaremos algunos. A partir de 1972 el dólar dejó de ser convertible con el oro, pero siguió siendo una moneda muy fuerte pues se consideraba que el gobierno americano no iba a emitir dinero en forma exagerada, que iba a cuidar mucho su situación fiscal y que, en definitiva, iba a proteger el valor de su moneda. Con el aumento de la base monetaria en más de 100% en los últimos 12 meses y con un déficit fiscal del 13 % del PIB americano para este año, se acentúan los interrogantes sobre el futuro de esa moneda, que venían de años anteriores. O sea, esos supuestos ya no son tan creíbles como en el pasado.

Por otro lado, Estados Unidos está viviendo desde hace tiempo por encima de sus posibilidades. Es que consume más bienes y servicios que los que genera, es decir, tiene un permanente déficit en cuenta corriente, que en los últimos años llegó a cifras insospechadas, mayores al 6 % en relación al PIB, cuando ya se considera un problema serio que sea mayor al 3%. Al haber gastado más de lo que generó, como una familia que gasta más que su salario, debió endeudarse con el resto del mundo. De ser acreedor neto con el resto del mundo hace años atrás, ahora tiene una deuda muy alta. Por ejemplo, la deuda publica bruta es ya casi del 100% del PIB, cuando para poder calificar como miembro de la Unión Europea esa deuda debe ser menor al 60% del PIB, según los criterios de Maastrich.

Sumando los tres elementos, emisión de base monetaria del 100%, déficit fiscal del 13% y una deuda publica creciente y ya insostenible, los inversores le temen al dólar. Claro que no saben adonde ir, pues todas las otras monedas son también de papel, es decir, están diseñadas para ir sacándole parte de su valor anualmente mediante la inflación.

Lo que temen los inversores, en un plazo medio, es a la eventual inflación americana. Así, desde 1972 fecha en que Estados Unidos terminó con la convertibilidad del dólar al oro, la inflación americana ha sido de 4,6% anual, que es un número bastante alto. En los últimos diez años, Estados Unidos ha tenido una política monetaria que, vista desde hoy, podemos calificar de errática. Una de las variables clave de esa política, la tasa anual de interés de referencia de la FED (Banco Central Americano), bajó de 6,5% a 1% desde 2000 a 2003, después aumentó de 1% a 5,25% desde 2004 a 2007 para, inmediatamente, iniciar un descenso de 5,25% a 0,25% desde mediados de 2007 hasta octubre de 2009. ¿Para que la aumentó tanto, y después la tuvo que bajar de apuro? Ha tenido muy baja capacidad de anticipación, de lo contrario no hubiera tenido esas enormes fluctuaciones latinoamericanas.

De todas maneras, hasta el momento, la recesión ha mantenido prácticamente en cero la inflación en EE.UU., y los bancos tienen reservas altas, por lo que no se está generando un gran aumento de los medios de pago, pero esto podría ocurrir en un plazo medio al finalizar la recesión. Hay cierto temor a cosas inesperadas, como una alta inflación del dólar y nadie quiere rifar parte de sus ahorros, como ocurrió en muchos casos con la crisis financiera de 2008, por tener inversiones que no se sabía muy bien que incluían o que implicaban.

Hoy comprar oro no es protección para el ahorro, dado que su valor de largo plazo lo calculamos entorno a 550 US$/ onza y el precio de mercado es de 1150 US$/onza. Sin embargo, el hecho de que haya aumentado de 270 US$/onza hasta el valor actual cuatro veces mayor, es un índice de la incertidumbre que reina en estas decisiones. Algunos bancos centrales han estado aumentando sus tenencias de oro últimamente, a pesar del alto precio, signo también de que es difícil un pronóstico en estos conceptos. El BCRA compró oro a precio conveniente, cuando aun era una buena alternativa.

Otro refugio ha sido el euro, cuya política ha sido menos fluctuante. Como resultado se puede decir que hasta 2003 había que pagar 0,85 dólares por cada euro y ahora alrededor de 1,50 dólares por euro, es decir, el dólar ha tenido una devaluación de cerca del 80% frente a esta moneda. Sin embargo, también la economía europea tiene bastantes dificultades como para poder hacer un pronóstico tranquilo con esta moneda.

En resumen, las cuestiones monetaria, fiscal y de cuenta corriente americana son factores inciertos que influyen en la debilidad del dólar, incertidumbre que podrá despejarse cuando se vea en 2010 de qué manera Obama supera estos problemas que son, en buena medida, heredados. El precio de algunas commodities y algunas acciones, en tanto, pueden evolucionar en alza como cobertura frente a dichos interrogantes. Parece lógico un necesario retorno a la ortodoxia en materia económica y a pensar más en producción y menos en magia.

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