No se debe "cubanizar" el encuentro

Por Carlos Pérez Llana

Más allá de la agenda específica de la Cumbre de las Américas, en la que los temas relevantes son el comercio, la respuesta a la crisis global, la energía, la lucha contra el narcotráfico, nuevos aportes a los organismos financieros internacionales, entre otros, una lectura política más global sugiere destacar algunos hechos que sin duda ejercerán una influencia decisiva en el transcurso de las negociaciones.

Políticamente, lo más significativo son dos rupturas. La primera alude al fin de la "era Bush". En otras palabras, esta cumbre no estará signada por el antiamericanismo. Por el contrario, seguramente el presidente Barack Obama apelará al soft power simbolizado en su persona y que se adapta armoniosamente al juego de la diplomacia multilateral, como acaba de demostrarse en las recientes "cumbres": G-20, OTAN y Europa-Estados Unidos.

El nuevo habitante de la Casa Blanca rompe el estereotipo y cuando inicia sus discursos diciendo que viene a escuchar, y no a imponer, desarma al antinorteamericanismo más encumbrado.

La segunda ruptura se refiere a las consecuencias de la crisis internacional.

En la última década, América latina creció y logró reducir la pobreza. Mientras esto ocurría, los "liderazgos petrogasíferos", cuyo epítome es Hugo Chávez, buscaron imponer una mirada ideológica de dudoso apego a la cultura institucional. Ese mundo cambió. El chavismo es el futuro del pasado, y también la crisis debilita a sus aliados autócratas, que gobiernan en Moscú y Teherán, ya que esos liderazgos fueron construidos sobre la renta petrolera y el enfrentamiento con Washington. Ahora todos tratan de amortiguar el shock económico y buscan estar posicionados para cuando arribe la poscrisis.

Por esa razón fueron sabias las palabras del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza -un socialista chileno- cuando recomendó no presionar a Obama sobre la cuestión cubana. Existen muchos problemas en nuestra región como para "cubanizar" la cumbre.

Inteligentemente, antes de viajar a Trinidad y Tobago, Obama envió mensajes de distensión hacia el régimen castrista, al facilitar viajes y remesas. Pero, como bien recomienda Insulza, quienes verdaderamente quieren lograr el levantamiento del embargo americano a la isla no deben radicalizar las posturas.

Siendo realistas, resulta evidente que existe un nuevo punto de partida, pero falta tiempo para el punto de llegada. Si los maximalistas llegan a colocar el tema Cuba en el espacio del discurso encendido, en verdad se pondrán en evidencia: necesitan vivir del conflicto permanente para alimentar el populismo nacionalista y para soslayar una verdad de cuño, la ausencia de libertades y de respeto a los derechos humanos que sufren los cubanos.

El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y de la Universidad Empresarial Siglo 21

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