El debate que se viene en EE.UU.

Si disfrutó del debate en EE.UU. sobre la reforma al sistema de salud, le encantará el próximo: la lucha por el cambio climático. La Cámara Baja ya aprobó un proyecto de ley sobre el clima bastante contundente y que ofrece incentivos para los recortes, la Ley Waxman-Markey, que si se convierte en ley conducirá a marcadas reducciones de las emisiones efecto invernadero. De todos modos, en materia de cambio climático, como de salud, el punto álgido se registrará en el Senado. Y los sospechosos de siempre ya están haciendo todo lo que pueden para prevenir acciones.
Algunos de ellos siguen sosteniendo que no existe el calentamiento global, o al menos que las evidencias no son concluyentes todavía. Pero ese argumento se está volviendo cada vez menos efectivo -tan débil como el hielo del Ártico, que ahora ha disminuido al punto de que las empresas navieras están abriendo nuevas rutas a través de los otrora intransitables mares del norte de Siberia. El principal argumento en contra de toda medida sobre el clima no será la aseveración de que el calentamiento global es un mito. Será que hacer algo para limitar el calentamiento global destruirá a la economía.

Salvar al planeta no será gratis. Pero tampoco va a costar tanto. ¿Cómo lo sabemos? En primer lugar, las pruebas sugieren que en estos momentos estamos derrochando mucha energía. En segundo lugar, los mejores análisis económicos de que se dispone en estos momentos sugieren que aún recortes profundos en las emisiones efecto invernadero impondrán costos modestos a la familia promedio.

A principios de este mes, la Oficina de Presupuesto del Congreso dio a conocer un análisis sobre los efectos de Waxman-Markey con la conclusión de que para 2020 esta ley le costará a la familia promedio 160 dólares anuales, o un 0,2% de sus ingresos. Apenas el costo de una estampilla de hoy. Conclusión: la aseveración de que la ley sobre el clima va a destruir la economía merece el mismo desprecio que el comentario que asegura que el calentamiento global es un engaño. La verdad sobre la economía del cambio climático es que es relativamente fácil ser ecológico.

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