Un debate para mediados de mes

El oficialismo quiere que la iniciativa sea tratada en el recinto el 18 de noviembre. Aceptaría postergar la discusión una semana si es necesario para asegurar la media sanción. No está dispuesto a ceder con las internas abiertas ni con la boleta única.
Los tiempos parlamentarios no alcanzan para convertir la reforma política en ley antes de que terminen las sesiones ordinarias de este año, pero el kirchnerismo avanzará en la Cámara de Diputados y buscará darle media sanción el 18 o el 25 de noviembre. Los diputados del oficialismo están dispuestos a introducir múltiples cambios en el texto del proyecto aunque no cederán en dos objetivos: la implementación de las internas abiertas, simultáneas y obligatorias para la elección de candidatos y cerrarle el paso al reclamo opositor de la utilización de boleta única en los comicios generales. El radicalismo y la Coalición Cívica coinciden con varios de los ejes de la iniciativa pero no quieren aparecer convalidando la norma en soledad con el bloque K. En tanto, los partidos de izquierda y centroizquierda rechazan las exigencias de los pisos de afiliados y de resultados electorales, que los pondrían al borde de las pérdidas de sus personerías.

El debate que abrió el ministro del Interior, Florencio Randazzo, sobre la reforma política ante el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales, Justicia y Presupuesto continuará el jueves que viene. Ahí el oficialismo buscará acuerdos con modificaciones al proyecto que le garanticen los votos necesarios para llevar la iniciativa al recinto el miércoles 18 de noviembre. Sólo lo postergaría una semana más, para el 25, si las negociaciones con la oposición avanzan.

En el bloque K afirman que están muy cerca de reunir las manos para aprobar el dictamen de mayoría y el proyecto. Sin embargo, no cerrarán las puertas a los acuerdos. Quieren que la norma se sancione con el "mayor consenso posible".

El oficialismo está dispuesto a bajarle el piso de exigencias que el texto fija para el reconocimiento electoral de los partidos (el 5 por mil de afiliados sobre el padrón electoral de cada distrito) y para mantenerlo (no obtener menos del 3 por ciento de los votos en dos elecciones consecutivas). Ambas medidas que ponen al borde de la desaparición a muchos partidos chicos que, sin embargo tienen larga tradición en la vida política.

"Podemos bajar los pisos pero debemos mantener algún tipo de control para reorganizar el sistema de partidos políticos", admiten en la mesa chica de la conducción del bloque oficialista, conociendo que ese reclamo llega desde varios de sus potenciales aliados parlamentarios.

Hay otros aspectos del proyecto que no están dispuestos a resignar. El principal es el de establecer el sistema de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para que los partidos o frentes electorales diriman sus candidatos. El otro es frenar la apuesta opositora de implementar la boleta única electoral, que unificaría a todos los candidatos en una sola papeleta. "Es imposible instrumentar la boleta única si no se ordena primero el sistema de partidos. No se puede realizar si existen, como ahora, 685 partidos políticos reconocidos", argumentan en el bloque kirchnerista.

Sin embargo, los cambios apuntarán también a seducir al radicalismo, la CC y al socialismo, que acuerdan con el sistema de primarias. En la UCR todavía existen diferencias sobre si las internas deben ser abiertas o cerradas para los afiliados de cada partido, aunque la mayoría de sus legisladores coincide en que las primarias le ayudarán a resolver la candidatura presidencial de 2011 dentro de esa alianza electoral. Pero en el Acuerdo Cívico y Social tampoco están dispuestos a bajar sus reclamos por la boleta única. Una bandera que los alejaría de un acuerdo con el kirchnerismo a pesar de que la reforma no les disgusta, especialmente dentro del radicalismo.

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