El debate en la campaña electoral

Por Ricardo Lopez Murphy*

El núcleo del debate de la campaña electoral que estamos viviendo se centra en la esfera institucional. Resulta predecible que así sea planteado.

Los motivos para que ello suceda no escasean. En primer término, el lanzamiento de candidaturas testimoniales, y en listas que violan el compromiso político entre los candidatos y la ciudadanía, ha llevado a esta discusión no sólo a niveles políticos, sino que incluso se ha judicializado. Ello revela una profunda patología que solamente puede ocurrir en nuestra geografía. Es difícil pensar que un fenómeno de esta naturaleza, como postularse para no asumir, pudiera repetirse en otros sistemas políticos de modo gratuito.

Complementa este aspecto el adelantamiento absurdo de las elecciones. Como es sabido, en los regímenes presidenciales, la clave de su previsibilidad está en la fecha determinada de las elecciones a las cuales se tiene que ajustar el sistema político. Esa regla esencial ha sido violada, y esto explica también el énfasis extraordinario en las características institucionales del problema político argentino.

El adelantamiento genera dos traumas. Primero: anuncia por parte del Gobierno una crisis y acciones que no se le puede mostrar al electorado. Segundo: produce la convivencia de un Congreso electo y legitimado, y otro producto de las viejas elecciones que conviven durante seis meses dañando la calidad y la legitimidad del sistema representativo.

Como si esto fuera poco, se nominan personas que, en algunos casos, dejarán sus cargos ejecutivos para postularse como candidatos, con el único objetivo y propósito de allegar votos a su parcialidad, desoyendo el mandato que la ciudadanía había realizado para que ejerza y represente sus valores.

Este foco del debate refleja entonces la percepción de gran parte de la sociedad, de grandes carencias en materia institucional. Eso no sólo abarca la esfera electoral, sino que toda la gestión del matrimonio que nos gobierna ha sido guiada por un desprecio de los límites de nuestro orden institucional.

Desde la ley de superpoderes hasta la manipulación del Consejo de la Magistratura, la inexistencia de un presupuesto, la transferencia de fondos de manera arbitraria a las provincias y a los gobiernos locales o la falta de independencia del INDEC. En suma, hay una crisis de respeto institucional que surge de las acciones del Poder Ejecutivo Nacional, y que no se ha revertido pese al discurso de campaña de 2007 de la Presidenta, en donde manifestaba que iban a centrar su gestión en las mejoras institucionales.

Este énfasis y esta faceta ha llevado a que los candidatos no incursionen en otras temáticas que también está demandando la sociedad. En esa línea, sin duda ha habido temas que han sobrevivido a la ausencia de puntualización. Por ejemplo, la demanda de gran parte del interior del país de terminar con la discriminación a los sectores productivos y al propio régimen federal. La demanda por el cese de ese conflicto seguramente va a dominar la campaña política del interior.

Otro aspecto que ha sido enfatizado, quizá por las características del matrimonio gobernante, es la demanda de una visión que apunte no sólo a la competencia en la política, sino también a la cooperación, a dejar de lado esa anticuada división amigo-enemigo.

La cantinela del odio, de la descalificación, del revanchismo, no encuentra oídos receptivos en una sociedad que aspira a mirar hacia adelante, hacia un futuro más promisorio.

La institucionalidad como eje central del debate tiene otro aspecto que muestra la anomalía de nuestro proceso electoral. Por ejemplo, el mismo día de nuestras elecciones va a ver elecciones internas abiertas para seleccionar del primero al último de los candidatos en Uruguay. En este aspecto, la pobreza de nuestro régimen político contrasta fuertemente con un sistema que le permite a los ciudadanos una activa participación en la nominación de quienes van hacer sus candidatos y quienes los van a representar.

Dicho esto, vamos a intentar, en las notas que siguen, plantear otros temas que difieren de lo institucional, no porque dejemos de reconocer la inmensa importancia que esto tiene en la gestión, en la legitimidad, en el equilibrio de poderes, en la práctica electoral o en la nominación de los candidatos, sino porque el descuido de los otros temas frustra el sentido esencial de la elección, que es buscar un camino de solución a las demandas sociales que compiten por los escasos recursos presupuestarios.

Sobre esos tópicos nos vamos a concentrar en las próximas notas, procurando darle a la lucha agonal por la victoria un condimento de diseño arquitectónico. Es necesario que enfrentemos los dilemas de nuestra Argentina con ideas y con propuestas. Eso trataremos de hacer desde esta columna, trayendo temas de debates políticos relevantes.

*Economista. Ex candidato a presidente de la Nación.

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