"Los datos irreales del Indec suman confusión a la dificultad de la crisis"

El secretario de Trabajo de la Provincia, Omar Sereno, criticó las estadísticas oficiales y dijo que agregan trabas a las negociaciones salariales. La crisis bajó su intensidad
Hay dos sensaciones centrales con respecto al mercado laboral dentro del Gobierno provincial: por un lado, que los efectos de la crisis comenzaron a ceder, aunque nadie habla de recuperación; y, por el otro, que las masivas negociaciones salariales encuentran una dificultad más en los cuestionados índices del Indec, que terminan alentando la conflictividad.

-¿Cuál es la situación de la crisis actualmente en la provincia?

-Hay como tres grandes momentos de la crisis. El primero, que comienza en octubre y que se extiende hasta diciembre. Allí las empresas fueron resolviendo hacia su interior las dificultades con adelanto de vacaciones, reducción de turnos y limitación de horas extras. Hubo también algunas suspensiones de personal, no muchas, pero no se registraron despidos. Los más afectados durante este momento fueron los trabajadores temporarios, especialmente de la industria. Eran los que menor estabilidad mostraban y los que corrían más riesgo de quedarse sin empleo en el primer rebote de la crisis. La maquinaria agrícola, que ya venía con un proceso de desaceleración por el conflicto del campo, empalmó con esta nueva situación internacional. También se verifica una desaceleración de la construcción y cae el consumo en general. Este es el cuadro más o menos hasta diciembre.

-¿Después se profundiza?

-La segunda etapa comienza en diciembre y va hasta marzo. Allí hay un incremento de los procedimientos preventivos de crisis. El eje principal pasa ahora por la reducción y la suspensión de jornal, no registrándose situaciones masivas de despidos. Sigue afectando más al trabajador temporario, donde se trató de ir estirando los plazos, como ocurrió en Iveco. En este período se da un aumento de los acuerdos espontáneos, donde el trabajador iba y acordaba con el empleador una desvinculación mediante un pago indemnizatorio.

-¿Y ahora?

-La tercera etapa va a comenzar en marzo, donde se profundizan las reducciones, hay un aumento de los acuerdos con un número importante de trabajadores que comenzaron a visualizar que su situación se iba agravando más y antes de esperar una salida peor comenzaron a acordar desvinculaciones y empezamos a advertir algunas situaciones de despido, no de gran envergadura pero fueron creciendo de manera exponencial. En este lapso fuimos aplicando el subsidio del decreto 1696 siempre en los casos de reducción o suspensión de jornada, cosa que ayudó bastante para que no hubiera despidos.

-¿Cuántas empresas concretaron despidos finalmente?

-Desde que comenzó la crisis hemos recibido unas 200 presentaciones de procedimiento de crisis. El grueso, casi el 85 o 90 por ciento, fueron suspensiones o reducciones de jornadas, muy pocos plantearon despidos. La mayoría afectó a la industria metalúrgica, a la automotriz, a la metalmecánica en su conjunto y todo el sector industrial vinculado a esto, como plástico y caucho. Pero a partir de abril comenzamos a percibir una desaceleración y un amesetamiento en los procedimientos preventivos de crisis.

-¿A qué lo atribuyen?

-Básicamente, en lo que hace al sector automotor empezaron a generar efectos positivos las medidas de Brasil, que incrementaron la demanda, y en el de la maquinaria agrícola, algunas de las disposiciones de la Provincia de ayuda al sector y de la Nación con créditos del Banco Nación para la compra de maquinaria agrícola.

-Y el precio de los granos...

-Sí, claro. De todos modos creo que si el conflicto del campo se encausara de otra manera aceleraría bastante la inyección de recursos que movilizaría la economía real. Volviendo sobre lo anterior, hay una suerte de amesetamiento que nos permite ver que los efectos negativos de la crisis se han desacelerado. Esto no quiere decir que ha desaparecido la crisis. De todos modos, da la sensación de que hoy la situación no es tan grave como la presagiábamos hace dos o tres meses. Sí creo que está complicado el sector de la construcción, donde todavía no se advierten nuevos emprendimientos.

-¿Cómo cree que sigue esto a partir de esta mejora?

-La Argentina tiene situaciones particulares como un bajo endeudamiento externo, el sector bancario tiene liquidez, el crecimiento de cinco o seis años ha permitido a los diversos sectores tener algunas previsiones, pero lo que no se visualiza es cómo sigue. Hay incertidumbre en eso. Pero creo que es importante un sinceramiento de parte de las autoridades políticas del país de dónde estamos parados. Tenemos que empezar a manejar cifras reales, confiables, no ocultar esto. Y hablo puntualmente de los índices que nos baja el Indec. Nos parece poco serio. En esto la Provincia hizo un movimiento inteligente al no negar la crisis, se puso al frente, no dudó en tomar las medidas que ha podido. La intervención estatal tiene que ser proactiva y no esperar que la situación se corrija sola. Está faltando en algunos niveles de la responsabilidad política de la Nación un sinceramiento que nos permita colocarnos un paso adelante de lo que va a pasar.

-En la práctica, ¿qué complicaciones suman los índices del Indec?

-Complican mucho, porque cuando uno habla de la caída de la actividad económica necesita saber cuánto es; cuando se habla de la caída del empleo se necesitan precisiones; lo mismo en el consumo o en la inversión. Es bueno saber de cara a la negociación colectiva de trabajo cuánto es el verdadero nivel del costo de vida. Si uno toma los datos del Indec, los salarios crecieron 65%, pero si tomamos mediciones privadas la mejora fue de sólo el 25%. Y en esto, la falta de información hace que tengamos una negociación sesgada y no ayuda en nada para organizar las discusiones.

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