Datos inquietantes; tibias luces de esperanza

Alarma la caída en la industria automotriz y en la construcción. El campo resignó ingresos con el trigo y el partido se juega con la soja.Sin margen para una política anticíclica y una devaluación brusca, la marcha de la economía está atada a la demanda mundial y al precio de las materias primas. Por Juan Turello.

Los datos generan preocupación y son impactantes. Sin embargo, los agentes económicos tratan de encontrar señales que sean como pequeñas luces al final del túnel.

"La crisis se sentirá con fuerza entre marzo y abril", advierte ante La Voz del Interior una alta fuente del Gobierno provincial, que sigue al detalle la marcha de la recaudación, la demanda brasileña de autos y el precio de la soja. Esos tres indicadores marcarán la suerte de los recursos que tendrá la gestión de Juan Schiaretti, por un lado, y la economía provincial, por otro.

La producción de autos en las terminales cordobesas se desplomó en los dos últimos meses de 2008. La salida de vehículos se redujo a la mitad en relación con un año atrás. Los operarios están de vacaciones en enero; luego, es posible, que vengan la reducción de jornadas y las suspensiones, y en marzo se terminará de definir el panorama, al vencer el plazo de espera que se dieron las grandes fábricas.

Siderar (ex Somisa), que provee el acero que usan los automóviles, la construcción y cientos de industrias, debió paralizar la cesantía de 2.400 operarios ante la presión del Gobierno nacional. No obstante, anunció que puso en el freezer un plan de inversiones por 1.200 millones de dólares a la espera de un cambio de tendencia en el consumo interno y de la crisis global.

El trigo le restó al campo cordobés 164 millones de dólares en la campaña que acaba de terminar, si se consideran –en la misma superficie sembrada– los menores rindes obtenidos en relación con los del ciclo 2007/2008. La sequía y el mal clima político al momento de la siembra (julio 2008) ya habían hecho lo suyo: en esta campaña se trillaron dos millones de toneladas menos, que hubieran significado ingresos por 350 millones de dólares.

También la construcción redujo a la mitad su actividad en el último bimestre de 2008, calificado como el peor período desde la debacle del primer semestre de 2002.

La recaudación provincial bajó, aunque salvó el número final por el aumento de las alícuotas al Impuesto a los Ingresos Brutos y al juego y el aporte extra del campo. Esas medidas le reportaron al fisco 200 millones de pesos entre setiembre y diciembre últimos. Sin esos ingresos, la Provincia habría terminado el año en rojo, debido a la caída de los fondos que llegan de la coparticipación nacional de impuestos.

Luces pequeñas. La caída en la producción de autos y en la construcción anticipa un trimestre complicado. Pero hay esperanzas.

La soja trepó a 875 pesos la tonelada, el último viernes, por los pronósticos de una menor cosecha en la región debido a la sequía y a la demanda constante que mantiene el sudeste asiático. Se calcula que los productores aún retienen unas nueve millones de toneladas de la campaña anterior. "Es posible que con estos valores, salgan a vender", admite un operador del sector.

"Con la soja por encima de los 850 pesos, el campo va a volver a invertir en inmuebles", se entusiasmaba ante este diario un desarrollista de primer nivel, que mantiene sus proyectos pese a la luz amarilla prendida en el sector.

La señal definitiva sobre el valor de los granos en los mercados internacionales, además de la incidencia climática, provendrá del impacto global que tendrán las medidas que pondrá en marcha el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, quien asume el 20 de enero.

El Gobierno argentino anunciará esta semana medidas para la compra de maquinaria agrícola, otro sector clave para la actividad en el interior de Córdoba. "Lo importante es que el gobierno de Cristina Kirchner termine con el enfrentamiento con el campo; si no, por desconfianza, el productor no va a salir a comprar maquinaria", señala Luis Dadomo, titular de Metalfor.

Dadomo asegura que de 30 equipos propulsados que vendía mensualmente, ahora sólo entrega seis. "La empresa pasó de 250 empleados a 530, tomamos créditos y tenemos gastos fijos por unos cuatro millones de dólares mensuales. Si no vendemos, no tenemos futuro", se queja este industrial de Marcos Juárez, quien pide al Gobierno que subsidie la producción nacional.

Por el lado de los autos, otra pequeña luz: Brasil lanzó un plan para la compra de cero kilómetro (sin restricciones) y esto movió el mercado.

¿Y si devaluamos? El problema es que ante este escenario recesivo, el gobierno de Cristina-Néstor Kirchner se quedó sin instrumentos para hacer política anticíclica. Nunca tuvo un fondo especial y la caída en la recaudación lo obligó a reducir los subsidios a las tarifas de electricidad y gas natural y para el transporte en la Capital Federal y el conurbano bonaerense, que ahora tendrán boletos más acordes con los que ya se cobran en el interior.

Los economistas creen que los Kirchner no provocarán un default de la deuda si logran un superávit en torno de los 10 mil millones de dólares y obtienen una cifra similar de organismos internacionales (BID y Banco Mundial) y de los préstamos de la Anses y la Afip, como ya se vio tras la llegada de Ricardo Echegaray al organismo recaudador.

Este complicado escenario fiscal los deja sin recursos para efectuar políticas que impliquen agregar demanda.

Una alternativa sería llevar el dólar a un valor de entre 4,50 y 4,60 pesos, como reclama el lobby industrial, que presiona por una apreciación del dólar en torno del 30 por ciento. "Esto le daría más competitividad a la industria frente a Brasil y frenaría las importaciones, además de mejorar la caja del Gobierno", justifican en las fábricas, aunque reconocen que la decisión tendría un alto costo político.

"La gestión de Cristina Kirchner no tiene margen para una devaluación de esa magnitud que supone inflación, caída del salario real y aumento de la pobreza", advierten desde los grupos críticos de la política oficial. El otro riesgo es que una medida de ese tipo aliente la fuga de capitales, si no se recrea un clima de confianza.

Sin posibilidad de practicar políticas anticíclicas ni encarar una fuerte devaluación, la suerte de la economía nacional –y por ende la de Córdoba– está atada a los shocks externos, esto es, al nivel de demanda de la economía mundial y al precio de las materias primas.

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