Dados vuelta: los políticos que dicen una cosa y por la elección hacen otra

Como pocas veces, la campaña produjo movimientos impensados hace apenas unos años.
Si se repasan las barbaridades que decía en 2007 Francisco De Narváez sobre Felipe Solá, uno supone que el empresario le habrá hecho en estos días honor a su apodo y al menos se habrá puesto colorado al pasearse como socio político del ex gobernador. Hace dos años, cuando se candidateó para reemplazarlo, De Narváez calificaba como "irresponsable" a la gestión de Solá, reclamaba que éste debía "pedir perdón" por su trabajo y lo identificaba, junto al ministro de Seguridad León Arslanian, como los responsables del peor de los males de los bonaerenses: la inseguridad.

Pero ver hoy a ambos dirigentes como cabezas de una misma boleta del PJ disidente casi ni sorprende. Si la crisis de 2001 hizo volar por los aires las estructuras y los enunciados de la vieja política, habrá que admitir que en nombre de la nueva se amasaron algunas movidas que en otro ámbito darían vergüenza ajena. Y, como pocas veces, para esta elección hay movimientos que poco y nada tienen que ver con aquello que se prometía hace apenas unos años. O unos días.

El Kirchner presidente que ilusionaba con un país normal y se jactaba en privado de que nunca sería candidato a legislador, hoy se encamina a un ser uno más en la pelea bonaerense, y en pos de esa obsesión impulsó todas anormalidades que vio al alcance. El Cobos ladero de Cristina que hablaba maravillas del modelo kirchnerista y desconocía a sus viejos correligionarios, se mueve como uno de los principales líderes de la oposición, otra vez con los pies adentro de la UCR; y todo, desde el segundo cargo más importante del oficialismo en el Ejecutivo. La Carrió que prometía retiro de las listas, ahora salta todos los días de casillero, con una liviandad que fastidia hasta sus más fieles seguidores. Y el Macri que se "apoliyaba" en el Congreso y la Michetti que venía llena de ideas para la gestión se embarcan en enroques que hasta un chico definiría como jugarretas electorales. Y siguen las firmas.

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