Cumplir con la ley, sin patotas.

Por: Ricardo Kirschbaum.

La crónica pelea sindical en los Subterráneos ha tenido otro capítulo lamentable.

Otra vez, por una cuestión interna, los usuarios han sido castigados por este raro síndrome sindical: primero están los derechos gremiales y luego los de los pasajeros, que son quienes usan este servicio esencial. La semana pasada en París una gigantesca huelga contra el gobierno de Sarkozy paralizó los transportes. Sin embargo, los servicios mínimos se mantuvieron, la gente viajó más incómoda pero usó los subtes y los trenes. Nadie se tiró sobre las vías para trabar el tránsito de trenes ni se atacó a las formaciones que corrieron para cumplir con la ley. Aquí no ocurre lo mismo, como es obvio. La legitimidad de la representación sindical es una de las vigas centrales de la democracia. Y debe ser discutida y defendida haciendo cumplir la ley. Los pasajeros no pueden ser cada vez rehenes de una pelea ajena que utiliza una posición de fuerza para perjudicarlos. Hay otro aspecto igualmente repudiable. La reaparición de patotas gremiales y de métodos violentos para castigar a la oposición no puede ser tolerada por las autoridades. Más aún, debería tutelar los derechos de quienes, basándose en un fallo de la Corte, intentan crear un gremio paralelo. La Unión Tranviarios Automotor argumenta que los ex delegados realizan una consulta ilegal entre los empleados del subte con el objetivo de que desconozcan a la organización sindical. Los ex delegados, además, han realizado protestas y huelgas que han afectado a miles de usuarios. La cuestión aquí es resguardar los derechos de la gente, garantizando servicios e impidiendo que las patotas impongan su ley de violencia.

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