La Cumbre del G-20, el desafío de modelar un mundo posible

Es el encuentro que desde el 2 de abril reunirá a las mayores economías del mundo y a un puñado de las que están en desarrollo, incluida Argentina. El gran tema es la crisis. Buscan formas para aliviar la recesión y evitar estallidos sociales.
Crisis global pero especialmente, moral. Cuando la Cumbre del G-20 se inicie el 2 de abril en Londres, los líderes tendrán 24 horas para demostrar a una opinión pública mundial enfurecida y angustiada que sus soluciones a la recesión abordan, regulan y penalizan los errores cometidos por banqueros, hedge funds, calificadoras de riesgo y fondos de inversión, que actuaron y se enriquecieron inmoralmente.

Ese mensaje será fundamental para tratar de calmar la tan temida rebelión social que cada país espera cuando el desempleo se amplifique como consecuencia de la crisis. Los gobiernos norteamericano y británico están sinceramente convencidos de que el mejor camino para la resurrección de una economía en estado de coma son los paquetes de estímulo, aún a costa de déficits astronómicos y peligrosos. Francia y Alemania prefieren prevenir antes que curar. Con los ojos puestos en el PBI y sin dejar posiciones ideológicas fuertes, la alemana Angela Merkel, en una inédita coincidencia con Nicolas Sarkozy, prioriza regular la banca y el control o eliminación de los paraísos fiscales. Esas son las diferencias que deberán limar, si quieren reemplazar al Consenso de Washington con "una nueva economía".

Los paraísos fiscales no son sólo el escondite de mafiosos, narcos y evasores sino el lugar donde las multinacionales destinan sus ganancias, apoyadas en regímenes fiscales inexistentes. La ONG Transparency Internacional considera que existen activos financieros de US$ 10 billones, con 4.000 bancos y 2 millones de sociedades fantasmas. Es el dinero que el G-20 quiere recuperar para resucitar a la asfixiada economía global.

Hasta ahora, y bajo inmensa presión, los paraísos fiscales -desde Andorra a Liechtenstein- se han sometido a las amenazas y levantarán su secreto bancario con tal de no aparecer en la lista. Pero, ¿qué hará Londres con sus islas offshore como Jersey, Guernsey y Man o China con Hong Kong y Macao? Ese es el único punto en que las potencias consiguieron un nuevo consenso. La eliminación o transparencia de los paraísos fiscales no es caprichosa. Si buscan imponer nuevas regulaciones a los bancos, no quieren correr el riesgo de que las entidades puedan mover sus centrales a paraísos offshore.

"Por ahora nos contentamos con armas ligeras. Yo estoy por una acción con dinamita", alerta Dominique Strauss-Khan, director del FMI, uno de los organismos que saldrá fortalecido. Su reforma será uno de los probables consensos en la cumbre. El objetivo es que tenga un rol de vigilancia y sea menos controlado por EE.UU.

Un "New Deal" va a nacer, con un robustecimiento de la industria que desapareció en los países industrializados como Gran Bretaña, frente a la especulación financiera. Pero será una industria ecológica, con energía verde. Una probable separación entre bancos de inversión y comerciales, con un organismo supervisor multinacional será otro de los enunciados de la cumbre. Habrá regulaciones para el capital bancario, las agencias de calificación serán independientes de las compañías que monitorean y el mercado de derivados será observado como si fueran prisioneros peligrosos. En la cumbre estarán los países grandes y los chicos grandes, como asiáticos y latinoamericanos, que no van a permitir que los otros les impongan los ponzoñosos remedios de las crisis de la deuda en 1982 y en Asia en 1997. Una receta que el FMI ha empezado a aplicar en Europa del Este, que colapsa tras estallar su burbuja especulativa.

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